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lunes, 30 de diciembre de 2019

EL CAMINANTE. UN HAIKU VISUAL LLENO DE GRANDEZA COTIDIANA


Echo de menos a Jiro Taniguchi. Creo que murió demasiado pronto y que nos dejó sin un buen puñado de obras que todavía tenía que mostrarnos.

Pocos autores como él me emocionan tanto. Pocos, muy pocos, son capaces de extraer de la cotidianeidad más simple y pasmosa tanta poesía, tanto lirismo, tanto amor por la vida. Y de forma sencilla, sin forzar nada, sin apretar la poética o hacerla barata.


"El caminante" es una de sus mejores obras. Otra más. En ella, lleva su estilo hacia la simpleza del día a día más absoluta: se limita a contar los paseos que un hombre da, durante su tiempo libre, por su vecindario y un poco más allá. Y de ellos extrae lecciones de vida puras.

El protagonista es un tipo común, sin nada especial, de mediana edad, que vive con su mujer en una casa con jardín de un barrio que parece estar a las afueras de su ciudad. Su ciudad es una ciudad japonesa normal y corriente, de provincias, que no parece grande. Trabaja en una oficina y no sabemos mucho más de él salvo lo evidente: que le encanta caminar.


Taniguchi elabora capítulos cortos: uno por cada paseo. Sin apenas diálogo. Sin apenas explicaciones. Viñetas, viñetas y viñetas. Paseos, paseos y paseos. Y vida cotidiana. Y paz. Y unos dibujos impresionantes en los que se puede sentir el piar de los pájaros y el susurro del viento y el pitido lejano de los coches.

En las acciones más niminas hay un significado profundo, una belleza increíble. Adoptar a un perro abandonado. Ayudar a unos niños a recuperar su avión, atrancado en un árbol. Echarse a dormir una siesta improvisada debajo de un cerezo. Observar las pequeñas acciones de los gatos de los vecinos. Salir a caminar en la ciudad y acabar llegando a las lindes del campo. Ir a la playa a escuchar a las olas. 


"El caminante" es una colección preciosa de trozos de vida. Nos sentimos reconocidos en su personaje central, y descubrimos que toda ciudad, todo barrio, toda calle, es fascinante. La aventura de lo habitual está llena de posibilidades.

En un mundo acelerado, cada vez más acelerado incluso, donde no parece haber tiempo para simplemente detenerse y sentarse en un parque para ver pasar el tiempo, Jiro Taniguchi nos regala un "haiku visual" donde todo es reducido a la mínima expresión y, sin embargo, esta mínima expresión se hace gigante, universal.

No dejen de leer este manga. Una y otra vez, porque es además de esos que en cada relectura aportan algo nuevo, algún detalle que se nos escapó la vez anterior y que está cargado de significado. "El caminante" es una obra maestra pequeña e inmensa, preciosa y maravillosa.


sábado, 19 de octubre de 2019

VENECIA. JIRO TANIGUCHI EXTRAE LA POESÍA DE UN SIMPLE LIBRO DE VIAJES


El 11 de febrero de 2017 murió Jiro Taniguchi a los 69 años. Se nos fue uno de los más grandes autores japoneses de cómic. Y una de sus últimas obras fue esta "Venecia" que hoy comento, un trabajo de encargo al que imprimió su sello personal.

Este libro de ilustraciones, a caballo entre el álbum y el cómic, nace de una iniciativa de la casa Louis Vuitton: enviar a artistas de diferentes discicplinas a ciudades de culturas diferentes de las suyas a elaborar un libro de viaje.


Entre estas creaciones se encuadra "Venecia", un homenaje al enclave italiano al que fue enviado Taniguchi. Muchos tal vez la despreciarán por ser una obra de encargo. Yo creo que es fantástica.

En este libro y cómic encontramos a un turista japonés que, en la ciudad de los canales, va en busca de las huellas de su familia. Concretamente, de la de su abuelo, que fue artista en dicho lugar en los años treinta del siglo XX.


Creo que todo creador se prueba a sí mismo en muchas ocasiones cuando se enfrenta a una obra que es un mero encargo; a una obra en la que tiene que trabajar con un material previo que puede que no sea a priori de su agrado. Y creo que de este tipo de obras salen muchas veces joyas inesperadas.

En "Venecia" el autor japonés vuelve a tratar algunos de sus asuntos habituales: las relaciones familiares, la unión entre generaciones, el paso del tiempo, el recuerdo. Todo mientras su protagonista, simplemente, pasea. Como en "El paseante", valga la redundancia. Y como en "Barrio Lejano" o "El almanaque de mi padre".


"Venecia", libro corto, escueto, pero lleno de preciosas estampas coloreadas, es una delicia para la vista. Los textos son mínimos, poéticos. Sugieren mucho, y se combinan a la perfección con las imágenes.

La pequeña historia familiar del protagonista es la punta del iceberg de muchas sensaciones que esconden el misterio de otra historia más grande y que el lector deberá reconstruir mientras él mismo pasea por Venecia, por sus lugares emblemáticos y por sus callejones más coquetos.


No es un cómic al uso, ni un libro al uso: es casi una guía poética de viajes. De poética cotidiana como sólo sabe hacerla Taniguchi.

No se dejen engañar: aunque sea un trabajo de encargo para Louis Vuitton, "Venecia" es una obra más de este gran autor que nos dejó hace tan poco tiempo. Merece la pena perderse por el itinerario que recorrió en 2013 y revivir sus sensaciones.

viernes, 16 de agosto de 2019

EL ALMANAQUE DE MI PADRE. LA RECONCILIACIÓN CON EL PASADO


"El almanaque de mi padre" no es la primera obra que destacó de Jiro Taniguchi, que la publicó en 1994, cuando llevaba ya una amplia y reconocida carrera a sus espaldas, pero sí que es, tal vez, la que le hizo famoso del todo fuera de Japón.

Cuenta el propio autor que, tras trasladarse a Tokyo para dedicarse al manga desde Tottori, su pueblo natal, tenía una vida tan ajetreada y divertida en la gran ciudad que pasaron quince años sin que volviese para nada.


Él no estaba enfrentado con su padre, como el protagonista de este cómic: simplemente, no había vuelto en más de una década por pura dejadez, porque el viaje era largo desde la capital y porque lo había ido posponiendo por simple vagancia.

Cuando lo hizo por fin, encontró a su familia y a sus amigos muy poco cambiados, y le recibieron como si hubiesen estado con él el día anterior. Esto le llevó a pensar que se había portado mal con sus padres y con sus seres queridos.


Este hecho le causó mucha impresión y decidió crear "El almanaque de mi padre" y ambientarla en la propia Tottori, que hoy en día ya es una ciudad de 200.000 habitantes, a cuyos parajes homenajea (sus dunas marítimas y las ruinas de su castillo son muy famosas en Japón).

"El almanaque de mi padre" es puro Jiro Taniguchi. En él aparecen asuntos presentes en otras obras suyas como "Barrio Lejano" o "Los años dulces". Yoichi, un joven diseñador y fotógrafo, vuelve desde Tokyo a Tottori para asistir al entierro de su padre, con el que llevaba décadas sin apenas hablarse, extremadamente distanciado.


En el lugar, se reencuentra con su infancia y con su adolescencia, con el dolor y con la ternura, y con sus familiares. Durante el velatorio, todos juntos reconstruyen su propia historia y sus recuerdos, completados y transformados, van adquiriendo una nueva dimensión.

Taniguchi, por medio de unos personajes perfectamente construidos, narra una historia poética y melancólica sobre las trampas del pasado y de la memoria, sobre la falta de comunicación y sobre el paso del tiempo y la llegada de la muerte.


Bucea, con una delicadeza magistral, en cómo un hecho puede ser vivido de una forma o de otra radicalmente diferente según cada persona, en cómo los traumas de la infancia nos pueden marcar para toda la vida no sólo a nosotros, sino también a los que nos rodean.

Alrededor, dan la vuelta asuntos como la solidaridad, la reconciliación, el abandono, la frustración vital, el perdón y el arrepentimiento. También, el casi eterno del cambio de Japón desde los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, y apuntes sobre una sociedad que todavía hoy sigue siendo bastante machista.


"El almanaque de mi padre" me hace llorar. Me salta las lágrimas. Creo que Jiro Taniguchi hizo una obra maestra absoluta, que cala en el lector, que toca el alma. Todos hemos tenido percances con nuestros seres queridos, y creo que todos podemos identificarnos en ambos lados de la balanza de la historia (tanto en el del padre como en el del hijo).

El dibujo es soberbio. El detalle de los personajes, el mimo de los escenarios. Se nota que el autor quiere homenajear a su pueblo, al que estuvo tanto tiempo sin volver. Es una delicia pasear por sus páginas y disfrutar del "tempo" redondo con el que narra esta preciosa historia de reconciliación con la vida.

Poco más puedo decir de esta maravilla que es "El almanaque de mi padre" salvo que lo lean. Les pondrá los pelos de punta, se lo aseguro.