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sábado, 12 de abril de 2025

TRAINSPOTTING. UNA NOVELA CLAVE SOBRE LA DROGA Y LA JUVENTUD DE LOS 80 Y LOS 90

TRAINSPOTTING de Irvine Welsh - 1993 - ("Trainspotting")

De la novela "Trainspotting" me sorprendió lo diferente que realmente es de la película en el sentido de que, si bien la droga tiene un papel clave también en sus páginas, retrata muchos más asuntos que dicha adaptación de Danny Boyle (cuyas dos entregas tenéis comentadas en el blog, en esta misma etiqueta).

Irvine Welsh obtuvo un éxito brutal inmediato con ésta, su primera publicación, un éxito que le permitió seguir dedicándose a la escritura y ampliando su "universo" de Edimburgo y de más allá (los personajes de sus historias suelen estar relacionados y hacer "cameos" de unas a otras).


Welsh escribe en su dialecto nativo escocés:
no sé cómo afectará esto a la traducción al castellano y no sé cómo y en qué condiciones lo apreciaremos. Sí sé que el estilo de "Trainspotting" es chispeante, rápido, metafóricamente rico e irónico, a veces algo acumulativo pero muy tangible y lleno de fuerza en sus expresiones "de la calle".

"Trainspotting", publicada en 1993, narra fragmentos clave de las vidas de un grupo de jóvenes de Edimburgo de finales de los años ochenta. Los protagonistas básicos son los del filme: Renton y su grupo de amigos, heroinómanos casi todos. No obstante, a su alrededor discurre una galería de personajes muchísimo más amplia que la de la película, llena de caracteres de todo tipo tanto masculinos como femeninos que enriquecen la historia hasta configurar una especie de "La colmena edimburguesa".

La gran mayoría son jóvenes sin futuro que vienen de clases bajas o medias-bajas urbanas y que están enganchados a las drogas, al alcohol, a la fiesta, a la violencia, al sexo, al deporte. En general, prima una idea: el futuro que les espera supuestamente, el de estar pegados a la televisión mientras sus familias frustrantes crecen y ellos se apagan, no les hace ninguna gracia, por lo que huyen hacia otros estímulos.

"Trainspotting" es un ataque brutal a los valores burgueses de la época pero también un retrato de lo que hay fuera de ellos, que es un callejón sin salida. El protagonista principal sí es Renton, como en el filme, y el golpe clarividente, cruel y tozudo que le da la vida le va a hacer replantearse muchas cosas (y muchas para mal).

El debut de Irvine Welsh es desencantado, triste, brutal, sin concesiones. A pesar de su humor negro (tiene mucho) es una obra cargada de dolor, de desesperación y de frustración vital. Hoy, sigue de actualidad: aunque por suerte la droga sea un problema algo menos enquistado en la sociedad y en la juventud que en décadas pasadas, existe aún y convive con otras adicciones clásicas como el alcoholismo o el juego y con otras modernas como las redes sociales.

Un "pero" le pongo a "Trainspotting": creo que sus historias están muy descompensadas. Hay algunas que aportan y otras que no demasiado, y hay personajes que ídem. Quedan sueltos bastantes flecos, pienso, en su fresco social.

No obstante, en general estamos hablando de una obra clave en la cultura de sus décadas, que sigue de actualidad en montones de pasajes y que sigue teniendo un eco imparable. La película es también un clásico, así como la obra de teatro: ambas terminaron de lanzar a la novela a la fama definitiva y al estatus de obra de culto y de clásico.

viernes, 11 de abril de 2025

T2: TRAINSPOTTING. UNA INEXPLICABLE PELÍCULA NOSTÁLGICA DE SOBREMESA

T2: TRAINSPOTTING de Danny Boyle - 2017 - ("T2: Trainspotting")

Hay películas que no deberían existir. Porque no aportan nada, porque son muy malas, porque son infumables directamente o porque pervierten un legado, un gran legado. Una de ellas, adscrita especialmente al último supuesto, es "T2: Trainspotting". 

Esencialmente porque se carga como he mencionado el legado de su antecesora, una de las grandes películas de la segunda mitad de los años noventa. Repite Danny Boyle, repite un texto basado en una novela de Irvine Welsh (no la he leído: si es como la película dudo que la apruebe tampoco) y repite el reparto del primer "Trainspotting" en casi su totalidad. ¿Qué falla? Pues todo el resto. Y estrepitosamente. 

Los protagonistas originales se reencuentran en su Edimburgo de siempre veinte años después del final del primer filme y tratan de rehacer sus vidas y de recuperar su amistad (amistad en la que nunca tuvieron especial interés pero que ahora de repente es super importante). 

Estos protagonistas no tienen nada que ver con los que conocemos. En especial Renton y Sick Boy, que han pasado de ser dos cabronazos cínicos de mucho cuidado a ser dos viejos amigos tiernecitos y hasta buenas personas. Spud y Begbie son algo más fieles a los del filme de 1996, pero son también mucho más tópicos y tienen los defectos engrandecidos a lo bruto (y hacer al segundo el malo maloso de turno es una torpeza de aupa). Y bueno, Dianne es un mero apunte sin importancia ninguna que sale de pasada porque tenia que salir y punto y el nuevo personaje principal que interpreta Anjela Nedjalkova podrían habérselo ahorrado porque es una mera comparsa. 

Del retrato social de antaño olvídense por otra parte: ahora todo es un viaje a través de los recuerdos donde la crítica social mencionada es otro mero apunte (y malo y cutre, imitación barata del anterior -hasta el diálogo del restaurante, impostado de manera penca, es una vulgar y mediocre copia del inicial y mítico de "Trainspotting"-) y donde el retrato de cómo las drogas sirven de válvula de escape para personas atemorizadas ante una vida mediocre y frustrante no está ya por ninguna parte.

No van a encontrar en "T2: Trainspotting" cinismo, ni ironía, ni locuacidad, ni causticidad, ni mordacidad, ni crueldad, ni ataque frontal a la sociedad moderna deshumanizada de nuestros días ni nada que se le parezca. 

Más bien lo que van a encontrar es un telefilme de reencuentros de tres al cuarto con un desenlace horrendo sacado del peor thriller de sobremesa y con una trama secundaria de corte negro que no viene a cuento y que encima es cien por cien predecible (quien no se sepa su resolución nada más empezarla es que ha visto muy poquito cine). 

Sinceramente, me duelen estas películas. "Trainspotting" es una cinta mítica de mi primera juventud y que marcó a generaciones con su retrato desolador de aquellos años noventa desenfrenados y desquiciados y esto es un engendro pasteloso mediocre en el peor sentido y una traición al estilo de la obra original. 

jueves, 10 de abril de 2025

TRAINSPOTTING. EL RETRATO BRUTAL, CÍNICO Y SIN CONCESIONES DE LA DROGA Y SU VACÍO

TRAINSPOTTING de Danny Boyle – 1996 – (“Trainspotting”)

“Trainspotting”, película muy controvertida en su momento y aún hoy por su bien visible desencanto y nihilismo (fue acusada incluso en su día de de fomentar el consumo de las drogas e incluso de hacer apología de una vida de vacío), está basada en la también controvertida novela homónima de Irvine Welsh.

El filme, más centrado en la droga que la novela, que tratada muchos otros temas, realiza un seguimiento por las vidas de un grupo de jóvenes heroinómanos de la clase media-baja de Edimburgo a los que no les mueve nada salvo la droga y la manera de conseguirla. 

El protagonista es Renton, un genialísimo Ewan McGregor, un joven desencantado al que nada le importa y que intenta escapar de una vida abocada a un futuro monótono y mediocre por medio del vicio mortal al que está enganchado. 

El filme está dividido en dos partes: una primera que muestra las vidas diarias de él y de sus amigos (magníficas interpretaciones secundarias todas, en especial la de un Robert Carlyle que da verdadero miedo), sus relaciones con sus entornos y con los que les rodean, sus colocones, sus pequeños trapicheos, sus búsquedas inmediatas de sustancias que ponerse, sus amores, sus fiestas, sus callejeos, sus brutales broncas.

Quedan todos delineados por medio de, cimentada en un montaje muy ágil y dinámico, una visión increíblemente cínica y cargada de humor negrísimo de sus existencias nihilistas de niños mimados de la sociedad moderna sin horizontes o con horizontes nada satisfactorios a los que no quieren enfrentarse.

Ninguno de los protagonistas de "Trainspotting" quiere acabar como la generación de sus padres: encerrados en casa frente al televisor, con trabajos monótonos y con vidas muertas. Escogen para escapar un camino: las drogas. Válido como cualquier otro (el alcohol, los juegos de azar, las redes sociales). 

En la segunda parte del filme se centra la acción en un" gran trapicheo" (en realidad un golpe de poca monta) que todos preparan para dar “el golpe de sus vidas”. Aún con toques de comedia, esta parte cae en el puro drama, aunque por momentos no da esa impresión. Todo se desmorona: hasta la amistad, que como en la anterior obra de Danny Boyle, "Tumba abierta", queda brutalmente desmitificada. El desenlace es triste como pocos, aún camuflado con la falsa alegría del dinero. 

“Trainspotting” representa a una porción de la juventud de su momento (y a parte de la actual también) con gran precisión y conocimiento. Las drogas pueden ser lo de menos al fin y al cabo. La juventud, con ellas o sin ellas, normalmente no está satisfecha con el futuro que se le ha impuesto, pero a la vez está muy perdida y muy poco le interesa salvo el hedonismo. Esto suele ocurrir en todas las generaciones, y este filme en ese sentido sigue de plena actualidad.