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miércoles, 14 de junio de 2023

EL GUERRERO ROJO. LA PELÍCULA DE RED SONJA QUE QUISO LA FAMA DE CONAN

EL GUERRERO ROJO de Richard Fleischer - 1985 - ("Red Sonja")

La historia de "El guerrero rojo" es cuanto menos curiosa: en realidad, se trata de la película de Red Sonja, otro de los personajes más célebres de Robert E. Howard, creador de Conan el Bárbaro, y su título real es ese mismo, el del nombre de la protagonista.

En este blog, en esta etiqueta, tenéis comentado el único relato de la heroína pulp que existe: "La sombra del buitre", de 1934. Su mencionado creador, tristemente, se quitó la vida en 1936, dos años después de escribirlo, y no dejó más historias de ella, como sí dejó de Conan, de Kull o de Solomon Kane.

Red Sonja de Rogatino es una guerrera histórica que pelea contra los otomanos en el sitio de Viena: sin embargo, en los cómics, Roy Thomas y Barry Windsor-Smith la reinventaron y la transformaron en una Conan femenina que luchaba en sujetador y en taparrabos en la misma Era Hiboria, la era en la que vivía el bárbaro.

Esta película representa a esta Red Sonja, que es la que ha quedado en el imaginario popular para bien o para mal, y su historia es curiosa: se quiso hacer de una forma u otra una tercera parte de Conan tras "Conan, el Destructor" pero según leo los derechos no se pudieron ampliar y lo que se hizo fue tomar a este personaje y meter a Arnold Schwarzenegger como, a todos los efectos, un Conan de pacotilla que no se llamaba Conan, sino Kalidor.

Red Sonja fue Brigitte Nielsen, que entonces era modelo y que dio aquí su salto al cine, y curiosamente Sandahl Bergman, que fue Valeria en "Conan, el bárbaro", fue la villana de la función, la Reina Gedren, que quería dominar el mundo usando artes malignas.

"El guerrero rojo" (nombre claramente orientado a aprovechar el tirón de Schwarzenegger) se erigió así en una suerte de "tercer Conan" (de hecho mucha gente lo creyó en su momento) y está catalogada como una historia ambientada en el universo de los dos primeros Conan (incluso así aparece en páginas oficinales, como he comprobado).

La película es muy mala: empiezo diciéndolo. Richard Fleischer vuelve incluso a estar tras la cámara tras "Conan, el Destructor" y vuelve a estar en completas horas bajas (se jubilaría ya poco después) a pesar de haber hecho en el pasado películas inolvidables.

La trama es lineal e infantil, y se va improvisando de mala manera en base a hechos aislados y poco importantes para el desarrollo general que se van sucediendo en una concatenación de aventuras. 

Los personajes son planos y no tienen desarrollo, y la misma Red Sonja es un remedo del Conan de las dos películas anteriores sin gracia y sin profundidad. De los secundarios mejor ni hablamos: la villana es un una mala porque toca ser mala, los secundarios cómicos son insoportables (el niño, el peor) y Kalidor es un bárbaro sin carisma y sin pasado que está ahí porque tiene que estar.

El aspecto visual tiene cierta gracia: vuelve el aura de serie B de las dos películas previas y la ambientación es acertada y el uso del color también, a pesar de que se repiten escenarios y de que se usan muchísimos recursos bastante cutres incluso para 1985.

La película es corta (apenas 89 minutos) pero se hace bastante larga por lo aburrida que resulta y tiene muy pocos alicientes para verla salvo el completismo de los fans que, como yo, gustan de verlo todo de las sagas que siguen. 

"El guerrero rojo" es una curiosidad para completistas y poco más, una de esas películas hechas para aprovechar la resaca de otras y para pasar la gorra con todo el descaro. Y poco más hay que sacar de esto, por desgracia. La guerrera pulp de Robert E. Howard se merecía mucho, muchísimo más. 

martes, 13 de junio de 2023

CONAN, EL DESTRUCTOR. UNA SECUELA DESASTROSA, INFANTILIZADA Y CUTRE

CONAN, EL DESTRUCTOR de Richard Fleischer - 1984 - (“Conan, the Destroyer”)

Aunque ahora es un gran clásico del cine de aventuras, “Conan, el Bárbaro” no gozó de todo el éxito del que en su momento se esperaba que gozara, aunque tampoco fuera un fracaso estrepitoso. Aun así, Arnold Schwarzenegger tenía un contrato para rodar la prevista secuela y volvió a interpretar al bárbaro de Robert E. Howard. 

John Milius fue sustituído tras la cámara, y por nada más y nada menos que por el gran Richard Fleischer. Este hecho alimentó unas expectativas que desgraciadamente no se cumplieron. 

Richard Fleischer fue uno de los grandes directores todoterreno de la historia del cine, autor de obras imprescindibles como “Los vikingos”, “20.000 leguas de viaje submarino”, “El príncipe y el mendigo”, “Barrabás”, “El estrangulador de Boston”, “El estrangulador de Rillington Place” o “Un viaje alucinante”.

Eso sí, “Conan, el Destructor” le pilló en horas bajas, muy, muy bajas: prácticamente en plena decadencia artística y poco antes de abandonar su gloriosa carrera cinematográfica.

La secuela de la primera de las aventuras cinematográficas del famoso bárbaro de Robert E. Howard es una de las películas fantásticas de acción más desastrosas, ridículas y nefastas de los años ochenta, además de una de las que peor han envejecido (y miren que hay para elegir…). 

No fue, de todas formas, toda la culpa de Fleischer. El guión del filme tal vez fuera el máximo responsable: ni Milius ni Stone estuvieron implicados en él, sino Stanley Mann, que hizo un trabajo terrible. 

Basándose en retazos de las aventuras del héroe en los relatos originales, como se hizo en la primera parte, delineó una trama lineal, simplona y anodina hasta decir basta, predecible desde el primer momento, llena de diálogos de vergüenza y poblada de personajes mal desarrollados o directamente sin desarrollar.

Conan es gracias a esto mucho menos profundo y mucho menos carismático: Schwarzenegger no lo hace mal ni bien; dejémoslo en que “lo hace”, porque el personaje que interpreta da para muy poquito. 

El toque de antihéroe que tenía en “Conan, el Bárbaro” se ha perdido, así como los momentos en los que hacía gala de su humor bárbaro y brutal. Lucha por resucitar a su amada Valeria, fallecida en la primera parte, pero parece realmente que no le importa que siga muerta. 

Es indignante, pero no pasa de ser un bruto sin cerebro, un personaje plano como pocos, tan plano como cualquiera de los del grupo de aventureros que se le une: pueden resultar atractivos, pero no aportan casi nada a la trama. 

Además, el genial Subotai, el gran amigo inseparable del héroe, no aparece sin razón alguna en esta entrega, mientras que Akiro, el místico narrador de las gestas de Conan interpretado por Mako (ya lo hizo también en la primera parte) es ahora un típico secundario de corte cómico.

Las escenas de acción tampoco ayudan: están construidas y rodadas de manera mediocre y aburren. Los efectos especiales cumplen con su cometido, aunque por momentos resultan realmente cutres, y el ambiente, con muchos elementos de la serie B, como el anterior, no está mal retratado pero tampoco destaca: mantiene el aura fantástica decadente con elementos eróticos propia de la saga, aunque la infantiliza bastante con respecto a la de la anterior cinta con decorados más suntuosos y menos oscuros. 

Básicamente “Conan, el Destructor” es un desastre de película, un terrible despropósito que, viniendo de un director como Fleischer, duele de verdad. De pena. .