lunes, 8 de marzo de 2021

SAW. EL DEBUT DE JAMES WAN QUE SE CONVIRTIÓ EN UN RÁPIDO MITO DEL TERROR

SAW de James Wan - 2004 - ("Saw")  

A pesar de sus fallos y de su trama ciertamente tramposa, siempre he considerado a "Saw" (al primero, al prácticamente único bueno y debut de James Wan) un thriller de terror aceptable y con capacidad para sorprender. 

Su caso es curioso: rodado con cuatro duros, con actores famosillos un poco de capa caída y otros desconocidos y estrenado en circuitos comerciales aunque no de forma masiva, resultó ser un éxito del todo inesperado que traspasó fronteras. 

El boca a boca e Internet lo llevaron a lo más alto y su protagonista y villano, Jigsaw, pasó con bastante rapidez al podio de mitos populares globales del terror moderno junto a los eternos Cara de Cuero, Freddy Krueger, Jason Voorhees, Hannibal Lecter y niñas de "El Exorcista" y de “The Ring” entre tantos. 

La película está dirigida, como he comentado, por el hoy más que apreciable James Wan, que se desvinculó pronto y acertadamente de sus horrendas secuelas en la dirección (aunque en el guión de algunas estuvo presente) para dedicarse a otros proyectos.


“Saw” es, como he dicho, un más que meritorio thriller ambientado en una sala interior y en algunos pocos escenarios más. Dos completos desconocidos han de buscar la manera de salir del pordiosero cuarto de baño en el que están encerrados sin razón aparente superando una serie de malévolas pruebas. Mientras, en el exterior, dos detectives intentan pillar al que los tiene atrapados. Finalmente, una tercera línea de acción queda establecida mediante flashbacks de todos los protagonistas que representan sus vidas pasadas. 

“Saw” es un efectivo popurrí de varias películas de horror famosas: su asesino es sofisticado y hasta cierto grado culto (Hannibal Lecter) y busca redimir de alguna manera a sus víctimas a golpe de moralidad rancia de esa que tanto gusta a los americanos (“Seven”) haciéndoles pasar pruebas de arrojo o inteligencia en las que si fallan pierden la vida (“Cube”). 


La violencia, uno de los puntos que lo hizo famoso en su momento, es sádica hasta límites en su día insospechados en una obra comercial, sucia, morbosa y cruel, alcanzando por momentos el puro gore y llegando a lograr que ciertas escenas “duelan”. 

El guión, aún con lagunas y trampillas y diálogos flojetes, contiene acertadas y sorprendentes vueltas de tuerca y sabe provocar e interesar desde el primer momento. Su desenlace, por otra parte, es verdaderamente impactante y del todo inesperado (y ciertamente le hace ganar muchos enteros a toda la película). 


En su aspecto más negativo podemos citar su feo y reiterativo montaje videoclipero (a James Wan le costó pillarle el tranquillo a un estilo cinematográfico en sus inicios) y la línea argumental que protagoniza Danny Glover, que por momentos pierde el ritmo. 

Es, creo, de todas formas, el debut del director de "Insidious" y de "Expediente Warren" un filme bastante aceptable y que recomiendo ver sin prejuicios. Sus secuelas ya son otra historia. Las comentaré, una por día, a partir de mañana.

domingo, 7 de marzo de 2021

WANDAVISION. CÓMO CONJUGAR BIEN LO COMERCIAL Y LO ARTÍSTICO

BRUJA ESCARLATA Y VISIÓN de Jac Schaeffer - 2021 - ("Wandavision")

La primera serie del Universo Cinematográfico de Marvel que he visto ha sido "Wandavision". Tengo pendientes todas las demás, y algunas desde hace mucho tiempo, pero me gusta ir poco a poco (tarde o temprano me lanzaré a ellas y las comentaré en este blog).

"Wandavision", creada por la directora, productora y escritora Jac Schaeffer, es una miniserie de solamente nueve capítulos. Excepto los dos últimos, que llegan a los tres cuartos de hora de duración, los otros sólo tienen un metraje de poco más de media hora. Se agradece: los episodios se beben.

Esta serie es, de las que ha tenido hasta este momento el Universo Cinematográfico de Marvel, una de las que más relación directa tiene que sus acontecimientos principales recientes.

No voy a hacer "spoilers", y tal vez por ello la crítica de hoy sea corta. También, además, la propia serie es corta, bastante corta, como he señalado.

"Wandavision" me parece una apuesta arriesgada. Incluso, miren hasta dónde voy a llegar, muy arriesgada. Está enfocada a un público muy masivo, al que viene directo de los últimos hechos del universo al que pertenece, que han sido de esos que marcan a generaciones enteras, y además se ha puesto en emisión en este 2021, un año en el que todas las películas de dicho universo que se esperaban llevan ya muchos, muchos meses retrasadas debido a la crisis sanitaria que estamos viviendo (está previsto que se vayan estrenando en breve, conforme la vacunación siga avanzando).

Su formato, esencialmente, es lo más atrevido, pienso: es una "sitcom" clásica americana que homenajea a este género, tan exitoso desde siempre en los USA, y a todas sus décadas (las va recorriendo en todas sus variantes).

Encontrarán capítulos en blanco y negro, risas enlatadas, animaciones, aperturas familiares, juegos estéticos y metafísicos de toda clase y, tras todo ello, una historia fantástica, bien articulada, bien enlazada con su mundo y con muchas sorpresas.

"Wandavision" arriesga. Cien por cien (o casi). No se limita a hacer lo típico. Jac Schaeffer quiere algo diferente desde un principio, quiere un producto comercial que a la vez sea totalmente artístico. Y lo consigue, vaya que sí.

El trabajar con personajes ajenos es una prueba de fuego y a la vez estimulante para artistas: a priori puede resultar frustrante, pero si hay una mínima inventiva (y una mínimina libertad también, que no siempre está ahí) se puede refrescar por completo a estos personajes y a todo su contexto.

Esta miniserie es todo eso: insufla aire fresco a la Bruja Escarlata, insufla aire fresco a Visión, insufla aire fresco a los demás personajes y hechos del UCM con los que tienen relación y deja una alfombra extendida para que la mencionada protagonista principal (una genial Elizabeth Olsen) se reconstruya, se reinvente y nos prometa muchas cosas interesantes para su futuro en la saga.

Elisabeth Olsen está, como he dicho, genial: su fragilidad y fuerza, ya desarrolladas con más mimo y tiempo al tener tantos capítulos para ella sola, la convierten ya en uno de los personajes más queridos de su universo. 

Los demás actores también lo están, desde Paul Bettany a todos los secundarios, que han de elaborar la mayoría de ellos varios registros diferentes debido al carácter de parodia de "sitcom" de gran parte del conjunto.

También me ha sorprendido mucho el desenlace de la trama. Sin decir nada, puedo afirmar que se aleja bastante de lo convencional y se sumerge en un realismo agridulce muy acertado.

"Wandavision" me parece una serie muy notable dentro del UCM. Es novedosa, es diferente, y aunque es cierto que algunos de los capítulos se pueden hacer algo pesados a pesar de lo cortos que son (especialmente los de pura "sitcom", que a veces no dan para más), es una propuesta que, como he dicho, conjuga a la perfección lo artístico y lo comercial en un cóctel arriesgado para lo que es una gran franquicia mundial. Recomendable.

viernes, 5 de marzo de 2021

LA BALADA DEL CAFÉ TRISTE. FRUSTRACIÓN VITAL EN LA NORTEAMÉRICA PROFUNDA

LA BALADA DEL CAFÉ TRISTE de Carson McCullers - 1951 - ("The Ballad of the Sad Cafe")

Si existe una seña de identidad clara del estilo, tanto narrativo como estético, de Carson McCullers, es, pienso, la sugerencia. La omisión que siempre queda en el aire y que, sin embargo, marca a todo el relato. 

La Norteamérica de su tiempo, cerrada y conservadora especialmente en sus pueblos y pequeñas ciudades (sus escenarios a menudo habituales) era una Norteamérica de tragar y callar, de reprimir, de no hacer lo que verdaderamente se quería hacer.


Carson McCullers
 es una escritora que deja acciones sin terminar, que deja impulsos sin cumplir. Sus personajes tienen anhelos, deseos profundos, y muchísimas veces son incapaces de llevarlos a cabo o se quedan estos presos en una intimidad cortante que los aísla del resto del mundo.

Estos personajes son a menudo marginados, inadaptados, solitarios, perdedores. En parte, como lo fue ella misma durante su corta vida: tuvo un matrimonio complicado con un marido que tenía amantes masculinos que iba y venía constantemente entre los problemas y el amor, tuvo relaciones con mujeres en una sociedad homófoba e hipócrita y estuvo enferma prácticamente desde su juventud (y falleció con solamente cincuenta años, en 1967, de una hemorragia cerebral y tras varios ataques al corazón y un cáncer de mama).

"La balada del café triste" es un volumen conformado por la novela corta que da título al conjunto y por seis relatos, y creo que, aún siendo la penúltima obra de esta autora, es ideal para iniciarse en su literatura (amén de ser una maravilla).

Las siete historias que tenemos aquí se ambientan, la mayoría, en pueblos o en ciudades pequeñas de la Norteamérica profunda (McCullers nació en Columbus, Georgia) donde todo el mundo se conoce y donde el aburrimiento crea cotilleos, problemas y hasta pasiones. Ambientes cerrados, a veces enrarecidos, asfixiantes, intolerantes y en ocasiones incluso violentos.

McCullers tiene, como he dicho, un estilo sugerente, donde cobra una gran importancia (clave, diría yo) lo que sus personajes no hacen y no dicen: por encima está en importancia para la trama, incluso, de lo que sí que se hace y sí que se dice. Este estilo es también firme y fino, delicado, lleno de descripciones que se pueden palpar y que nunca son barrocas. Es elegancia y realismo descarnado cogidos de la mano: cosa harto difícil de conseguir.

Como temas centrales, tenemos la incomunicación, la hipocresía, la frustración vital de todo tipo (a menudo amorosa y sexual), los problemas de pareja, las familias rotas o en descomposición, la pobreza, el fanatismo moral, las adicciones. Puros USA profundos; puro Sueño Americano en bancarrota en los años cincuenta del milagro económico que escondía podredumbres mil tras su falsa promoción de la felicidad.


"La balada del café triste"
, la novelita que abre la serie, es una joya. Una pequeña obra maestra. Narra la historia de un local que revoluciona un pequeño pueblo durante generaciones y de su dueña, una mujer fuerte que está relacionada por dos hombres que condicionan su vida: su ex marido, ex presidiario y violento, y un jorobado que dice ser su primo.

Novela corta hermosa y dolorosa, deprimente y brutal, sirve a McCullers para narrar una historia de anhelos ocultos (muchos de ellos tendrán que suponerlos los lectores) que llevan a la tragedia a los que los padecen, personajes atrapados por circunstancias opresivas y terribles.

Como curiosidad, fue adaptada al cine en 1991 por Simon Callow, aunque la película como adaptación, valga la redundancia, no gusta a todos los fans de la escritora.

El cuento que le sigue, "Wunderkind", un prodigio de sencillez, narra un momento cotidiano concreto de una niña que es una joven promesa de la música que, sin embargo, cree que en realidad no es tal cosa, lo cual enrarece la relación entre ella y sus familiares y sus profesores. Difícil condensar tanta decepción vital en tan pocas páginas.

En "El jockey" tenemos a otro perdedor: a un jinete de carreras que, tras un accidente, no se hace a la idea de que ya no va a poder montar a caballo como lo ha hecho hasta ahora y monta un pollo ridículo en un local público. Igualmente desolador y con un asunto central que entronca con el anterior.


"Madame Zilensky y el Rey de Finlandia"
 me parece el segmento más flojo del conjunto. De nuevo tenemos a una mujer que se dedica a la música, aunque ahora en un cuento de extrañamiento cotidiano, con hechos crípticos y un desenlace algo abrupto y confuso.

"El transeúnte" es, para mi, el mejor de los relatos, sin embargo. Una preciosidad sobre el peso del pasado, sobre los sueños rotos, sobre las relaciones románticas que no salieron bien, en la que Carson McCullers narra la historia de un hombre que, en un viaje a Nueva York, visita a la que fue su novia de juventud y el conocer a su marido y a su hijo crea en él un auténtico tsunami emocional.

El siguiente cuento, "Dilema doméstico", me parece otra obrita magistral. Un matrimonio se viene abajo a pasos agigantados aplastado por la rutina, por un cambio de domicilio no deseado y, también, por el alcoholismo cada vez más galopante de uno de sus miembros. Una vez más, puro Sueño Americano destrozado, hecho añicos.

"Un arbol. Una roca. Una nube" cierra la colección con otro relato de extrañamiento cotidiano en el que un joven repartidor escucha, en un bar, una curiosa historia de boca de un curioso personaje. Creo que, al lado de los dos anteriores, pierde potencia y definición.

"La balada del café triste" es una imprescindible colección de historias cortas de una autora irrepetible, que retrató como nadie el mencionado mundo oscurantista y deprimente, de supuesta prosperidad económica que encerraba decadencia emocional y moral, en el que le tocó vivir.

Fue una pena que Carson McCullers falleciese tan pronto y de forma tan terrible. Se perdió demasiado temprano a una de las escritoras más grandes que han dado nunca los Estados Unidos.

miércoles, 3 de marzo de 2021

THE LEFTOVERS. UN VIAJE APASIONANTE CON UN FINAL DE EXCUSA BARATA

THE LEFTOVERS de Damon Lindelof y Tom Perrotta - De 2014 a 2017 - ("The Leftovers")

Vaya por delante, ante todo, que me gusta en general la obra de Damon Lindelof. Vaya también por delante que no he leído la novela en la que se basa la serie que hoy comento, de Tom Perrotta. Y vaya también por delante que "The Leftovers" me ha subyugado... Hasta su desenlace.

De hecho, afirmo y siempre afirmaré que las dos primeras temporadas de esta producción me parecen dos obras maestras absolutas, redondas, impactantes y originalísimas.

Sin embargo, y con todo el dolor de mi corazón, tengo que decir que la tercera me resulta mucho más floja y que el final, por muy bonito que sea (que lo es), me resulta un completo timo.

Aviso a navegantes: no voy a hacer spoilers, pero hay cosas que no puedo obviar en esta crítica y que puede que se acerquen a los mencionados spoilers. Si no has visto la serie, te invito a parar de leer aquí y te invito a verla a pesar de todo, porque merece la pena como conjunto.

"The Leftovers" funciona en todo momento a dos niveles. Primeramente, es un estudio de cómo reacciona el ser humano ante una pérdida traumática y ante una brutal catástrofe colectiva. Este nivel es el nivel emocional, el de los personajes y el de los sentimientos. Lo podemos extrapolar a nuestras propias vidas: todos perdemos a alguien alguna vez, ya sea por muerte, ya sea por desencuentro, ya sea por ruptura amorosa o amistosa. 

Este nivel funciona a la perfección en la trama. Lindelof es un genial creador de seres perdidos (y Perrotta, a juzgar por su papel en este aspecto, también). Además, esta debacle emocional se traslada al retrato social, que es tremendamente lúcido: tanto, que duele.

"The Leftovers" dibuja conductas individuales y colectivas que hemos visto, desde otro ángulo por supuesto pero desde un ángulo al fin y al cabo cercano, en crisis como la económica global de 2008 a 2015 (la llamada Gran Recesión) o la actual crisis sanitaria que estamos viviendo (ya encauzada a su desenlace pero en una recta final de vacunación lenta que se está haciendo eterna).

La depresión individual y colectiva, las actitudes derrotistas o venenosas, la violencia a punto de estallar, el fanatismo y la soberbia moral de los fanáticos, el clasismo de los que se creen especiales, el terror a que los demás nos roben nuestros privilegios... Todo esto lo hemos visto de sobra últimamente y "The Leftovers" lo clava. Lo clava. Amén de, como he dicho, unos personajes redondos, llenos de claroscuros, muertos de miedo y perfectamente reconocibles.

Hasta aquí, esta serie es una joya. Es una de las pinturas más geniales de la humanidad en crisis que he tenido el gusto de saborear.

Vamos ahora a lo malo: la segunda lectura, la de la ciencia ficción y la de la trama articulada como trama sujeta a reglas realistas. "The Leftovers", desde el principio, nos va dejando pistas sobre la catástrofe que ha destrozado al planeta. Muchas pistas. Muchísimas. Y, aunque no promete soluciones, tampoco se asienta en la fábula o en la alegoría. No, nunca lo hace.

Damon Lindelof deja interrogantes sin cesar, y esos interrogantes no son simples simbolismos: son hechos claros y clave que construyen un mundo donde ya se están tomando medias y realizando estudios y proyectos para dar solución a la mencionada catástrofe que lo ha asolado.

No estamos ante una película de David Lynch o de Luis Buñuel, donde las reglas surrealistas quedan transparentes desde un principio. Tampoco estamos en una fábula de José Saramago, donde el carácter alegórico queda establecido desde las primeras paginas. No: estamos en una serie con desarrollo realista, con un cuerpo de ciencia ficción importante y básico que... Se queda en casi nada.

La tercera temporada de "The Leftovers" es decepcionante. ¿Por qué? Porque, de repente, deja de lado prácticamente en su totalidad la segunda lectura y experimenta un giro radical de exclusividad hacia la primera. Damon Lindelof sigue lanzando preguntas y enigmas (que no piensa responder ni resolver) y los capítulos se vuelven cada vez más crípticos y simbólicos y, cada vez más, lo emocional se va comiendo a la trama general y llega un momento en el que solamente valen ya los personajes y sus historias. Lo siento, pero esto es trampa.

Crear todo un mundo, ampliarlo, darle trasfondo y contexto, y después reducir todo ese mundo a lo emocional y a lo personal es cutre. Arrojar mil incógnitas sabiendo perfectamente que no se piensan resolver es cutre. Y justificar todo esto con el cuento barato de que el objetivo inicial era explorar a los protagonistas y sus reacciones ante el trauma y olvidar totalmente todo lo demás es cutre, cutre, cutre.

El final de "The Leftovers" es precioso. De los de derramar lágrimas. Sí. ¿Y el resto? ¿Y todas las tramas orientadas a buscar la posible respuesta de lo que ha ocurrido? Porque no es que no las haya: las hay, y son bastantes. ¿Que resulta que eran alegóricas al final? Eso que se lo cuenten a otro: a mí no me vale.

Por otra parte, tengo que señalar también que Lindelof se olvida, para colmo, de la mitad de los personajes en su desenlace. "The Lelftovers" se plantea, desde su inicio, como una serie de protagonista colectivo, y acaba recudida a dos de ellos. Muchas tramas sin cerrar. Demasiadas. 

¿Merece la pena a pesar de todo esta serie? Desde luego que sí. Insisto: las dos primeras temporadas son magistrales y me han hecho vivir sensaciones inolvidables. 

Eso aparte de que el plantel de actores y actrices es absolutamente soberbio y de que la banda sonora pone los pelos de punta. 

La lástima es que no sepan por dónde tirar tras estas dos temporadas, tras tanto buen hacer, tras tanto cuidar todos los elementos de la producción, y nos lancen de repente una chapuza a la cara.

"The Leftovers" es un viaje apasionante a través de territorios ignotos y salvajes, sugerentes y llenos de aventuras, que termina de golpe en una playa masificada llena de hoteles casposos y de turistas borrachos destrozándolo todo. Una verdadera pena. 

lunes, 1 de marzo de 2021

LA QUIMERA DEL ORO. LA DELIRANTE COMEDIA DEL HAMBRE Y DE LA MISERIA

LA QUIMERA DEL ORO de Charles Chaplin - 1925 - ("The Gold Rush")

"La quimera del oro" es una de las más grandes obras maestras de Charles Chaplin. En ella, su tercer largometraje, volvía, tras la extraña en su filmografía "Una mujer de París", a dar vida a su inolvidable Charlot, que esta vez viajaba a los pueblos de los pioneros norteamericanos a buscar oro y pasaba por tres mil desventuras. 

En esta película en concreto, el director y cómico mezclaba la aventura con su habitual comedia y con el drama romántico en una brillante sucesión de grandes momentos de los tres géneros que, especialmente en su primera media hora, es absolutamente soberbia. 

Pocos creadores en el cine, y menos en aquellos tiempos pioneros del cine mudo, retrataron como Chaplin retrató la miseria y sobre todo el hambre. Toda la primera parte del filme, en la cabaña, con Charlot y Big Jim (un soberbio Mack Swain del que hablaré más tarde) con los estómagos vacíos, sufriendo la crueldad del no tener nada, del frío y del aislamiento extremos, ha quedado para los anales no solamente por su vertiente cómica, sino también por su brutalidad y su humor negro. 

Negro no, negrísimo: Chaplin sabe jugar perfectamente con lo más miserable y desesperado del ser humano para construir unas escenas verdaderamente demenciales, en las que un alucinado pobre hombre confunde a otro con un pollo gigante, en las que ambos se comen una bota como si fuese un filete o un plato de pasta. 

Es picaresca de la peor sangre y de la mejor ironía, y lo mejor es que todo está representado con un humor lleno de patetismo delicioso con gags memorables. 

En "La quimera del oro" despunta en el largometraje el mejor de los Charlots y nos regala este momento delirante y tremendista que, a pesar de nuestras risas, sabemos que no tiene ni puta la gracia. 

El resto del filme se centra en seguir a los personajes en otras desventuras fuera de la cabaña que, aún siendo menos impresionantes, no desmerecen en absoluto: la pobreza, la soledad, la marginación, el clasismo, la incultura, están retratadas con un ojo agudísimo y con números cómicos inolvidables (el baile es maravilloso, totalmente genial). 

Y finalmente, asistimos a un retorno a la cabaña que vuelve a traernos lo mejor de la primera parte de la película en un cóctel de imaginación apabullante con unos efectos especiales que para la época eran un prodigio de inventiva y aprovechamiento de los pocos medios que entonces se tenían. Esa casa al borde del precipicio moviéndose de un lado a otro ha sido parodiada, homenajeada e imitada tantas veces...

"La quimera del oro" cuenta con el habitual final de estos primeros filmes de Chaplin, en el que priman los buenos sentimientos y el triunfo de la bondad, la honradez y el amor más puro. 

Sin embargo, como he dicho, el filme ya destila un avance de la mala leche y la irónica brutalidad a la hora de hacer crítica social de la que haría gala el creador de Charlot en sus futuras películas (aunque ya había hecho gala, valga la redundancia, de todo ello en varios de sus cortometrajes anteriores). 

No puedo dejar de alabar, antes de terminar la crítica, al mencionado Mack Swain, que da vida al compañero del protagonista en las escenas de la cabaña. El cómico, famoso actor de vodevil en los primeros años del siglo XX, estaba de capa caída a pesar de haber trabajado con Mack Sennet, Chester Conklin o el propio Chaplin en los años veinte, y fue éste último quien le contrató en varias de sus producciones para ayudarle a superar el bache en el que estaba. 

No decepcionó, y aquí, miren lo que les digo, creo que llega hasta a superarle en la actuación: esos ojos perdidos, salidos de sus cuencas mientras se imagina estar ante un pollo gigante y esa cara de tristeza y amargura cómica mientras se come un pedazo de bota hervida no las olvidaré en la vida. 

"La quimera del oro" es una obra maestra imprescindible y, para mi, el primer gran largometraje de Chaplin, por encima de los dos anteriores.

domingo, 28 de febrero de 2021

MEGALODÓN. NO ES SHARKNADO, NI ES TIBURÓN, Y ESO LA HUNDE EN EL OLVIDO

MEGALODÓN de Jon Turteltaub - 2018 - ("The Meg")

Jon Turteltaub es un director de películas comerciales de variados géneros irregular, que a veces entrega cosas dignas y a veces bodriazos infames. 

Su filmografía se compone de las comedias "Think Big" y "Los locos de la carretera", del filme infantil "Tres pequeños ninjas", del filme deportivo "Elegidos para el triunfo", de la comedia romántica "Mientras dormías", del drama sobrenatural "Phenomenon", del drama "Instinto", de la comedia "El chico", de las películas de aventuras "La búsqueda" y "La búsqueda II: El diario secreto" y "El aprendiz de brujo", de la comedia "Plan en Las Vegas" y de la comentada "Megalodón".

Serie B con dinero. Ahora hay mucho de eso. "Megalodón" es lo que es: serie B hecha con pasta y mucha tontería. Es un truño de película, pero su propuesta ya desde el punto de partida ni es seria ni pretende serlo. Eso sí, tampoco es un "Sharknado": igualmente, no pretende ser una comedia, ni siquiera involuntaria. 

Así que el conjunto da para poco: ni satisface a quien busque una experiencia de acción y aventuras digna ni a quien busque partirse la caja un rato, y esta tierra de nadie termina de matarlo.


Jason Statham hace de él mismo otra vez y ahora tiene que salvar a un grupo de personas de un tiburón prehistórico que ha surgido de los abismos marinos un poco por la cara (bueno, no: ha sido para aprovechar el tirón de "Jurassic World: El Reino Caído", muy cercana en tiempo de estreno). Es un personaje soso y los secundarios que van con él también. 

Los diálogos son pestosos y las escenas de acción muy espectaculares pero tontorronas. De la trama ni hablamos: es una gilipollez como una casa, pero sin gracia, ni siquiera en los eventuales chascarrillos y fanfarronadas de su género. 

El escualo prehistórico es un despropósito que se salta las leyes de la física cuando le da la gana y que hasta rompe el cristal y el metal a dentelladas pero que luego llega a una playa abarrotada de gente y no hace nada, y Statham se tira al agua él solo a matarlo con un arponcito y sin equipo de ninguna clase. Se pueden imaginar. 

Ah, sí, y también hay frases ecologistas de baratillo que critican al ser humano por cargarse el medio ambiente con obviedades que tratan de pasar por profundas. "Megalodón" es el clásico bodrio veraniego (se estrenó en verano) "sin chicha ni limoná". Entretenido, tal vez, y olvidable, seguro. 

viernes, 26 de febrero de 2021

BATMAN: CABALLERO BLANCO. UN JOKER COMO NUNCA LO HEMOS VISTO

BATMAN: CABALLERO BLANCO de Sean Murphy - De 2017 a 2018 - ("Batman: White Knight")

A menudo, cuando se habla de Sean Murphy, se recuerda mucho más su estricta labor como dibujante (que es espectacular con todas las letras) y se olvida su labor como escritor (que también lo es).

Junto a "Punk Rock Jesus" puede que sea "Batman: Caballero Blanco" su obra más destacada de los últimos tiempos. No es para menos: es una genialidad total y en todos los aspectos.

El género de los superhéroes está manoseado. Muy manoseado. Me gusta, pero lo asumo. Es muy difícil, ya incluso extremadamente difícil, elaborar algo medianamente nuevo cuando parece que todas las vueltas de tuerca posibles se le han dado ya. Es además extra de difícil cuando, para colmo, los autores tienen que trabajar con personajes que no son suyos y que forman parte del imaginario popular mundial: tienen sus reglas escritas desde hace muchas décadas y han sido reinventados sin parar desde hace también muchas décadas.

De Batman parece que lo hemos leído ya todo. Posiblemente, por lo menos, casi todo. Y es entonces, con esa idea en la cabeza, cuando te enfrentas a "Batman: Caballero Blanco" de Sean Murphy y de repente tus creencias (o por lo menos parte de ellas) estallan.

El autor norteamericano dibuja y escribe aquí. Y le da una vuelta de tuerca al mito de Batman y, sobre todo al del Joker, que resulta originalísima y redondísima.

"Batman: Caballero Blanco" es, según he leído, el punto de partida del Murphyverse (y de hecho, ya ha tenido sus continuaciones). Estamos en un mundo alternativo donde el mencionado Joker... Se cura. Sí: se cura de su enfermedad mental. Y decide, por supuesto, ir a por Batman... Pero de otra forma y usando otras armas.

No esperen una historia de Batman al uso en ningún aspecto. Ni siquiera esperen un Joker al uso: va a romper todos sus esquemas. La transmutación del principal villano de Gotham es radical pero sincera. No hay trampa ni cartón: Murphy no va a tratar de jugar con los lectores ni va a colar de tapadillo un eterno retorno. Lo que van a encontrar en este cómic es cien por cien honesto.

El duelo eterno entre Batman y el antiguo payaso psicópata pone sus cimientos en el mismo canon de siempre, sólo que es ahora el viejo héroe el que mete la pata, el que resulta un peligro para la ciudad por su orgullo y cabezonería, mientras que su nuevo y clásico enemigo es la voz de la razón y, además, intenta vencerle usando las armas de la política.


"Batman: Caballero Blanco"
reflexiona sobre el poder y sus oscuros mecanismos, sobre la legalidad y la justicia, sobre la soberbia de los que tratan de hacer el bien (que la tienen, y mucha) y sobre lo complicado que es hacerlo. También, sobre la identidad, sobre la redención, sobre la amistad, sobre la pérdida o sobre el fracaso. 

Desfila siempre este cómic en un alambre entre lo aparentemente fácil y lo verdaderamente difícil. No hay soluciones mágicas para ninguna cuestión, ni tampoco maniqueísmo posible.

Todo esto lo articula Murphy por medio de una trama llena de acción y de dramatismo que tiene sus pies muy bien asentados en la esencia del personaje y de su mundo. Vamos a ver a montones de villanos y a los principales segundarios de Batman también aquí. Todos reinventados, pero todos siempre con un pie en lo original.


El dibujo es espectacular
(tanto en la edición en color como en la edición en blanco y negro), y la dinámica del autor también, dinámica que se combina a la perfección con sus ágiles e inteligentes diálogos y sus interesantes ideas sobre su novedosa concepción del hombre murciélago.

"Batman: Caballero Blanco", que comprendió un total de ocho números publicados entre 2017 y 2018, tiene ya continuaciones. La primera, de nuevo con Sean Murphy a la cabeza, se titula "La maldición del Caballero Blanco". No lo tengo en mi poder, pero próximamente lo adquiriré y lo comentaré.