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sábado, 21 de agosto de 2021

XERXES. UNA PRUEBA DE LA INEXPLICABLE DECADENCIA DE FRANK MILLER

XERXES. LA CAÍDA DE LA CASA DE DARÍO de Frank Miller y Alex Sinclair - 2018 - ("Xerxes")

Ayer, al reseñar "300", hacía referencia a la caída de Frank Miller en una decadencia como autor que creo que, por lo menos durante unos años y en bastantes de sus obras, le ha caracterizado últimamente (si es que no le sigue caracterizando todavía... Hay que estar atentos a lo que presente en el futuro).

"Xerxes", la secuela y a la vez precuela de la magistral "300", es el ejemplo perfecto de esta decadencia y de lo que supone: guiones más flojos y un dibujo que inexplicablemente ha perdido una calidad abismal.

Como he dicho, este cómic que vino justo veinte años después de su primera parte, es una secuela y también una precuela de ésta. Abarca tres momentos históricos: el pasado, el presente y el futuro. El antes y el inmediatamente después y el mucho después de la Batalla de las Termópilas.

En la primera línea temporal el protagonista es Darío I, padre de Jerjes, que lucha contra los griegos (esta vez con protagonismo principal de los atenienses) en la también mítica Batalla de Maratón. En la segunda, es el propio Jerjes, que experimenta un trauma y una transformación al ser derrotado por los mencionados griegos tras su masacre de los 300 espartanos. En la tercera, pasamos a Darío III, el último gran emperador persa de su momento, que se tiene que enfrentar nada más y nada menos que al gran Alejandro Magno.

"Xerxes" repite formato: cinco números dibujados a página doble. Por desgracia, no repite Lynn Varley al color: ahora se encarga de ello Alex Sinclair, que hace una buena labor aunque no luce por el terrible dibujo de Miller.

La secuela-precuela en cómic de "300" trata de ser una reflexión sobre el poder, sobre los imperios que se alzan y que se hunden constantemente, sobre la guerra, sobre la soberbia de los grandes hombres de estado, sobre las relaciones entre el Mundo Antiguo y nuestro mundo actual y sobre la herencia que deja el primero en Europa o en Asia. 

Mientras, volvemos a tener un retrato histórico de corte evocador y algo romántico, con mucha ficción propia de Miller de por medio. 

La cosa ahora al creador de "Sin City" le sale solamente regular: se pierde en muchos momentos en la pedantería, en la profundidad forzada, en la reflexión barroca. "Xerxes" es pretencioso y ambicioso, pero muchas veces está más vacío de lo que pretende y trata de suplir este vacío con grandilocuencia barata. 

"300" tenía muchas ambiciones, pero en general eran a nivel estético, y en esto cumplía de sobra y con esto nos quedábamos: esta secuela-precuela quiere tocar más palos y se pierde en lo retorcido o en lo, como he dicho, simplemente pedante.

El dibujo es el otro punto que termina de hundirla. No sé qué le ha pasado a Frank Miller en los últimos años, pero su lápiz creo que ha perdido calidad, garra y potencia a unos niveles que dan bastante miedo. Una cosa es que experimente (como por ejemplo en "El contraataque del Caballero Oscuro") y otra que directamente y con todas las letras dibuje mal.

Porque "Xerxes", si bien mantiene la personalidad de Miller, está mal dibujado. Indefinición, trazo pueril, pura dejadez en algunos aspectos incluso. 

Sólo hay que abrirlo desde la primera página para comprobarlo. Toda la espectacularidad preciosa de "300" se ha convertido en un batiburrillo de líneas con algunos pocos aciertos y nada más (sí, hay páginas mejores, pero son las menos y están muy lejos de las del Miller de antaño).

Es una lástima la mencionada deriva de este autor que en los ochenta y en parte de los noventa revolucionó el cómic. Creo que obras como ésta atestiguan que no está en su mejor momento ni al guión y a los lápices. Espero que cambie, porque creo que es capaz de regalarnos lo más grande.

viernes, 20 de agosto de 2021

300. LA POLÉMICA Y ÉPICA VISIÓN DE FRANK MILLER DE LA BATALLA DE LAS TERMÓPILAS

300 de Frank Miller y Lynn Varley - 1998 - ("300")

"300" vino, desde prácticamente sus primeros números, con una polémica debajo del brazo. Frank Miller fue acusado de retratar a los persas, los antagonistas del cómic, como unos salvajes. 

En 1998 quedaban todavía muchos años para que este autor que revolucionó el cómic en los ochenta se hiciese tristemente célebre por sus declaraciones sobre el movimiento que ocupó las calles de Wall Street en 2011, cuando empezaban los años más crudos de la crisis económica de 2008-2014. Estas brutales palabras le hicieron ser acusado de fascista, y pienso que con razón. 

¿Qué hay ideológicamente en "300"? No estoy seguro, la verdad. Primeramente, porque estamos, aún con todas sus licencias (que son montones) ante un cómic histórico. Se narra la mítica Batalla de las Termópilas, en la que los griegos, liderados por la polis de Esparta, resistieron heroicamente y hasta la muerte contra una fuerza persa muy superior a ellos durante la Segunda Guerra Médica.

Analizar la Antigüedad con ojos de hoy solamente nos puede llevar a debates estériles, porque la Antigüedad, con sus luces (que las tenía, desde luego, y eran muchas) era por lo general un mundo brutal y sanguinario donde las culturas se masacraban las unas a las otras. 

Los griegos eran unos salvajes, y los persas, otros. En especial, los espartanos eran los más salvajes de todos los primeros por su estricto y despiadado modo de vida. Y, sin embargo, el imperio persa, que era un faro de civilización en Oriente Medio, era también un imperio conquistador y su líder, Jerses, uno de los tantos líderes asesinos que ha tenido la historia más allá de sus aciertos como gobernante para su pueblo o sus hazañas militares. 

Genios de la estrategia y de la guerra como Alejandro Magno, Aníbal Barca o Julio César eran también auténticos sometedores y genocidas. ¿Cómo evaluamos a estas personas con la moral de nuestros días? Yo creo que lo hacemos estudiando sus papeles en la Historia de forma crítica y reflexionando sobre cómo han cambiado las sociedades.

En "300" los espartanos están retratados en parte como "los buenos" por ser los defensores, y los persas como "los malos" por ser los invasores. Y hay que decir algo: los "buenos" no son un dechado de alegría, aunque luchen por la libertad de Grecia. 

Recupero aquí las palabras del propio Miller sobre este asunto: "Los espartanos eran un pueblo paradójico. Eran los dueños de esclavos más grandes de Grecia. Pero, al mismo tiempo, las mujeres espartanas tenían un nivel inusual de derechos. Es una paradoja que eran un montón de gente que en muchos aspectos eran fascistas, pero eran el baluarte contra la caída de la democracia. La comparación más cercana que se puede dibujar en términos de nuestro propio ejército de hoy es pensar en los espartanos con capa de color rojo como si fueran nuestras Fuerzas de Operaciones Especiales. Son estos personajes casi sobrehumanos, con una tremenda ética guerrera, que eran, sin duda, los mejores luchadores en Grecia. Yo no quería hacer Esparta en términos demasiado precisos, porque en última instancia sí quiero que apoyes a los espartanos. Yo no podía mostrarlos siendo tan crueles como ellos realmente eran. Los hice tan crueles como pensaba que un público moderno podía soportar".

Creo que queda aquí explicada su visión. Desde luego, se pueden sacar conclusiones de varios tipos y calibres y pueden surgir debates de ellas, en especial viendo la deriva ideológica que el autor tomaría años después.

Dicho esto, tengo que decir que "300" me parece un cómic espectacular con todas las letras. Su formato de página doble ilustrado por un Miller en total estado de gracia y para redondear coloreado por una Lynn Varley (imprescindible) absolutamente soberbia es una obra de arte. Sin paliativos.

Cada viñeta es una delicia. Un cuadro. Un ambiente espléndidamente recreado. Un retrato que debería estar en un museo. Y luego está la acción, la dinámica, la narrativa. Desde luego, en esto Miller se acerca a lo que tuvo que ser esta cruel batalla en este oscuro desfiladero. 

"300" es un cómic corto, de cinco entregas, que se lee en una tarde. Pero es para leerlo con tranquilidad, para disfrutar de cada página, para saborear cada dibujo, uno por uno, cada soldado espartano, cada soldado persa, cada escena de lucha. Es todo una pasada. 

Y con respecto a la referida representación histórica... Pues creo que, como a tantas obras de este género, hay que tomarlas teniendo en cuenta que echan mucha mano de la ficción. Y además, ésta lo pretende por partida doble: trata de crear un Mundo Antiguo más evocador y romántico de lo que posiblemente fue en la realidad. No sé hasta qué punto un espartano usaría como la usa aquí la palabra "libertad". 

Pero todo esto no quita que "300" sea, como he dicho, una pasada. Un clásico que para muchos fue el principio del fin de la maestría de Frank Miller, que ciertamente a partir de aquí empezó a crear guiones de peor calidad e incluso a dibujar peor (cosa que me cuesta entender y que se ha podido comprobar en obras suyas posteriores). Mañana hablaré de "Xerxes", la continuación y a la vez precuela de este cómic, que es un ejemplo perfecto de la deriva en la que cayó. 

domingo, 22 de diciembre de 2019

LOBEZNO: HONOR. LA AVENTURA QUE DEFINIÓ AL LOGAN QUE TODOS CONOCEMOS


En los años setenta, ni los X-Men ni su componente Lobezno eran lo que son hoy. La colección del grupo de los mutantes nació en 1963 de manos de Stan Lee y Jack Kirby, pero nunca vendió bien y cerró a principios de la mencionada década siguiente.

En 1975, Len Wein los relanzó e inmediatamente lo sustituyó Chris Claremont, que reorganizó al grupo original y añadió nuevos personajes y convirtió a la serie en una de las principales de Marvel. La escribió hasta 1991 y, tras su marcha, lo siguió siendo y hasta inauguró a principios de los 2000 el "boom" del actual cine de superhéroes.


Lobezno, por su parte, había aparecido por primera vez como personaje secundario en el número 180 de "El Increíble Hulk" de octubre de 1974. Apenas era un cameo creado por el propio Wein, por Johm Romita Jr. y Herb Trimpe, y era un enemigo muy físico y poco más que no aportó demasiado hasta que en 1975 fuera incluido en los mencionados nuevos X-Men.

Logan empezó su andadura siendo un personaje pendenciero, fanfarrón, busca-broncas y casi invencible. No era el más atractivo del grupo mutante, pero poco a poco se fue ganando muchos fans y fue convirtiéndose, merecidamente o no, en uno de sus caracteres más queridos.


En 1982, Claremont lanzó la mini-serie "Lobezno", la primera en la que debutaba en solitario, y lo hizo acompañado a los lápices nada más y nada menos que por Frank Miller, que estaba entonces ascendiendo a pasos agigantados.

Hoy es conocida como "Lobezno: Honor" (por el título del último de sus cuatro números), y es, desde luego, uno de los cómics indispensables de Logan y el que empezó de forma definitiva a definirle y a sentar las bases de lo que es actualmente: posiblemente el mutante más famoso de todos, y el único que ha tenido serie propia verdaderamente duradera y película individual en el cine.


En "Lobezno: Honor" el miembro estrella de los X-Men dejaba atrás su pasado como personaje plano y monocolor para embarcarse en una historia en la que se probaba a sí mismo, en la que su parte humana y su parte animal se enfrentaban, en la que se asentaban pistas grandes sobre su pasado y en la que vivía una atormentada y triste historia de amor.

Chris Claremont equilibraba perfectamente la acción y el drama, el toque de humor canalla propio de Logan y el diálogo interior que expresaba su tormento, y nos entregaba una aventura en solitario inolvidable.


Frank Miller a su vez nos regalaba un dibujo fantástico, con su característico estilo a caballo entre potente y tosco pero extremadamente personal y definido, y con su habitual poderío a la hora de distribuir y crear espectaculares y dinámicas escenas de acción (son todas una delicia, y este cómic es esencialmente acción, mucha acción).

Fue sorprendente en su momento ver a Lobezno sufrir, descubrir sus puntos débiles y sus incongruencias. El personaje ya nunca más volvió a ser el mismo y fue completado en otras sagas importantes y posteriores. Pero el principio del Logan que todos conocemos está en este cómic.


Hay cosas que han envejecido, ciertamente, en "Lobezno: Honor". Su visión de Japón indignaría hoy a un japonés (y posiblemente lo hiciese en 1982 también): el país del sol naciente es un lugar mitad idealizado, mitad brutal, donde domina una concepción del honor exagerada (que fue la concepción del honor del pasado en esta nación, también es cierto), un machismo galopante y una violencia a la que se le rinde un culto ritual.

Siempre digo lo mismo: cada obra ha tenido su momento. Y el resto de cosas, en esta en concreto, son todo aciertos.

"Lobezno: Honor" supone el inicio de un mito y además es una aventura frenética y vertiginosa, deliciosamente dibujada, que se bebe en un vuelo.


jueves, 21 de noviembre de 2019

BATMAN: AÑO UNO. MILLER REINVENTABA AL HOMBRE MURCIÉLAGO... OTRA VEZ


BATMAN: AÑO UNO de Frank Miller y David Mazzuchelli - 1988 - ("Batman: Year One")

Un año después de la mítica "El regreso del Señor de la Noche", Frank Miller volvía a la carga con otra de sus más grandes historias del Hombre Murciélago: "Batman: Año Uno".

Y si en la primera se dedicaba a retratar a un Batman de capa caída que debía coger fuerzas de flaqueza para luchar de nuevo contra el mal, ahora retrataba a un joven Bruce Wayne que volvía a Gotham para tratar de buscar una forma de salvarla.


"Batman: Año Uno" sí estuvo dentro de la serie de Batman y ocupó, en 1987, los números del 404 al 407 de su colección. Ahora, Miller no dibujaba: lo hacía un esplendoroso David Mazucchelli, con el que él ya había trabajado en Daredevil, y daba al cómic una personalidad única.

Los protagonistas principales eran un joven comisario Gordon y un joven Bruce Wayne. Los dos llegaban a  Gotham para encontrar un nido de corrupción, con la policía podrida y con la mafia haciendo lo que le daba la gana. Los dos empezaban como fuerzas opuestas. Y los dos tenían contactos primerizos con otro joven llamado Harvey Dent. Se imaginan lo que viene.


El ejercicio de síntesis es perfecto, pero no se queda solamente aquí: aporta nuevos puntos de vista, revitaliza situaciones y personajes y da un soplo de aire fresco tremendo a toda la serie en solamente cuatro escasos números.

Muchas de las ideas del gran "Batman Begins" de Christopher Nolan están sacadas de este cómic legendario (que intentaron adaptar sin éxito -y por suerte- Joel Schumacher y Darren Aronofsky). También otras de los dos "Batman" de Tim Burton.



"Batman: Año Uno" es, gracias al tempo de Miller y al dibujo realista y estilizado de Mazzucchelli, puro cómic negro. La disposición elegante de la viñeta, la ambientación oscura y gris, dan una Gotham muy diferente a la de "El regreso del Señor de la Noche", más desaforada y fantástica (e igualmente genial y personal).

Ayuda una trama detectivesca en la que se van definiendo los comienzos de personajes clave de la franquicia como los mencionados protagonistas o una absolutamente genial Catwoman (la otra gran sorpresa del cómic). También se introduce al capo Carmine Falcone, que llegaría a ser otro de los grandes caracteres de la saga.


Sin embargo, esta miniserie tiene también todo el optimismo y la vitalidad de los mejores viajes iniciáticos. Agilidad, acción, un toque de humor, energía. También se distancia aquí de la crepuscular "El regreso del Señor de la Noche".

Los diálogos son una delicia, y se combinan perfectamente con la voz en off que tanto le gusta a Miller (y aquí no abusa de ella, en absoluto, lo cual es de agradecer) y con las escenas de lucha, las dramáticas y las humorísticas.

Con "Batman: Año Uno" la carrera del creador de "Sin City" y "300" seguía viento en popa y a toda vela y la transformación final del Hombre Murciélago en el personaje oscuro que es actualmente (y que realmente era en sus inicios) terminaba de encumbrarse. Imprescindible.

sábado, 21 de septiembre de 2019

EL REGRESO DEL SEÑOR DE LA NOCHE. Y FRANK MILLER REVOLUCIONÓ A BATMAN


EL REGRESO DEL SEÑOR DE LA NOCHE de Frank Miller, Lynn Varley y Klaus Janson - 1986 - ("Batman: The Dark Knight Returns")

No sé qué le ha ido ocurriendo a Frank Miller en los últimos años. Ya no es solamente que sus temas hayan derivado hacia repeticiones de conceptos que a veces rozan ideologías muy radicales, sino que sus historias han perdido inventiva y hasta sus personales dibujos han perdido calidad.

Puede que sea muy radical yo afirmando esto, y tal vez injusto, pero es que, ciertamente, es lo que veo en una grandísima parte de su última creación, de su última década.


Siempre nos quedarán, de todas formas, sus maravillas de los ochenta y los noventa. Porque hay algo indiscutible: sea como sea hoy en día, Frank Miller es uno de los grandes innovadores del cómic de superhéroes y de más allá de la historia.

"El regreso del Señor de la Noche", de 1986, una de las obras más influyentes de este género y en concreto de la franquicia de Batman, sigue ahí maravillándonos y recordándonos lo que este autor fue capaz de hacer décadas atrás.


Ya empezó años antes a cambiar el concepto del superhéroe clásico con sus sagas de Daredevil, pero fue en esta aventura del Hombre Murciélago desgajada de la continuidad de DC donde terminó de coronarse como uno de los grandes de su momento.

Junto con "La broma asesina" de Alan Moore, "El regreso del Señor de la Noche" fue el cómic que inspiró a Tim Burton para su versión más oscura y violenta de las aventuras de Batman: sus dos películas son claramente deudoras del concepto de estas aventuras.


Frank Miller se encarga del dibujo, y Lynn Varley, que fue su mujer, del color. Junto al entintado de Klaus Janson, queda configurada una estética conscientemente tosca, realista y a la vez perfectamente encuadrada en el canon visual de un superhéroe; una estética extremadamente personal e instransferible.

Porque Miller, aunque hoy haya perdido calidad, ha sido siempre uno de los dibujantes más inimitables del cómic. Y aquí, destapa sus mejores esencias, amén de una composición de encuadre clavada, un ritmo redondo y un dinamismo ágil y cargado a la vez de potencia.


Es una delicia leer "El regreso del Señor de la Noche": perderse en cada una de las páginas y disfrutar de su tempo es un placer inmenso. Y, también, lo es disfrutar de su trama.

Este cómic, apartado como he dicho de la continuidad habitual de la saga del personaje, presenta unos años ochenta ucrónicos en los que ha triunfado la violencia, el caos callejero y la idiotez de las masas, permanentemente pegadas a la televisión.

En este mundo, Bruce Wayne lleva ya tiempo retirado y, con cincuenta años sobradamente cumplidos, ha de volver a enfundarse su traje y coger sus armas para salvar a una Gotham que va al desastre total.


Frank Miller recicla de forma genial todo el universo de Batman para entregar una aventura crepuscular completamente nueva pero fiel a su esencia y a la de todo el universo de DC.

Toca en ella muchísimos asuntos, desde la violencia hasta la corrupción pasando por el terrorismo (el terrorismo de Estado también), la demagogia política y de los medios de comunicación, la falta de oportunidades para los jóvenes o la indefensión del ciudadano medio (y hay uno que se repite bastante: la pérdida del seguro médico de los pobres, o su imposibilidad de acceder a el; noto mucha concienciación de Miller a este respecto en este cómic).


En medio de todo este ambiente de decadencia, un asunto domina a los demás y echa raíces en ellos: la necesidad, a veces, de hacer justicia del ciudadano común, representado en el propio Batman, que tiene los medios para poder hacerla de su parte.

Tema polémico donde los haya, muy americano, muy del gusto de Miller, aquí está bien tratado: el gobierno de Gotham y de los USA es, cuando no inútil, directamente corrupto, y a Bruce Wayne y a los que le siguen no les queda otra que actuar o ser consumidos por la vorágine de su tiempo.


Queda además abierto el debate en las numerosas inserciones de viñetas que retratan a los medios de comunicación: constantemente, se opina de Batman y de sus acciones. Unos le condenan, y otros le alaban en la televisión: para unos es un héroe y para otros un villano más. El lector no lo tiene fácil, aunque ya sabemos de qué lado se decanta finalmente Miller.

El otro gran asunto del cómic es el patriotismo, que es utilizado por los poderosos para tratar a la gente como a completos imbéciles.


El retrato del presidente de los Estados Unidos que hace Miller es impagable: un paleto creído que afirma tranquilamente que llevar la Casa Blanca es como llevar un rancho. Ni siquiera el mismo Superman se libra de esta espiral de inutilidad e ineptitud que termina derivando en tiranía.

Y, por supuesto, y porque estamos en los años ochenta, hay una referencia al terror nuclear propio de la década. Referencia que termina siendo motor final de la serie, y de forma muy acertada.


Miller trata de mantener siempre un tono creíble en esta obra: Bruce Wayne ya no es un tipo de treinta y pico de años y es vapuleado por sus enemigos, aunque saca fuerzas de flaqueza y usa bien lo que siempre se le ha dado mejor: el ingenio.

Frank Miller recicla también a sus principales personajes. Dos Caras vuelve a las andadas, y también el eterno Joker, y por supuesto Catwoman y el comisario Gordon (que tiene algunos toques machistas que sorprenden pero que le colocan al nivel humano que imagino que el autor buscaba).


También lo hace con sus compañeros de universo: desde Superman a Flecha Verde pasando por menciones a Wonder Woman o a Linterna Verde.

Y, también, tenemos a un nuevo Robin que es del todo inolvidable y a unos villanos también nuevos, la banda de los Mutantes, que sirven para reflexionar sobre los movimientos sociales que acaban en el caos y la demagogia.


Sólo le pongo un pero a "El regreso del Señor de la Noche": su último número, el cuarto, corre que se las pela. El final es genial y mítico, ojo, pero algunos personajes como Alfred o el mencionado comisario Gordon se quedan cerrados de forma algo apresurada.

En conjunto, esta mini-serie es una obra maestra. Indiscutible, original y rompedora en todos los aspectos. Todavía hoy sigue sorprendiendo.

Este cómic ha tenido hasta ahora dos secuelas. Las dos, muy, muy discutidas, y que no han tenido ni la calidad ni el éxito de su antecesora. De ellas hablaré en otro momento.