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miércoles, 31 de mayo de 2023

FRAUDE. LA IMPRESIONANTE ÚLTIMA OBRA LARGA DE ORSON WELLES

FRAUDE de Orson Welles - 1973 - ("F for Fake")

La carrera de Orson Welles termina de una forma abrupta y un tanto atípica, con un documental, aunque es lo que corresponde con cierta lógica a una carrera tan cruelmente frustrada, tan injustamente pateada. 

A principios de los años setenta, el director acumulaba en su cartera una buena serie de ambiciosos proyectos inacabados. Entre ellos, su versión de "Don Quijote" que montaría de forma polémica Jesús Franco en 1992, y según leo una película llamada "Al otro lado del viento" y otra llamada "The Deep", de las que se sabe bien poco. 

Cada vez más viejo y cansado y cada vez con menos apoyos económicos, Welles fue dejando lentamente de trabajar y se dedicó sobre todo a realizar cameos en películas, series o programas de radio o televisión (porque a pesar de todo era, como Alfred Hitchcock, un personaje público que llamaba la atención y cuya presencia era apreciada) hasta el día de su muerte por infarto el 10 de octubre de 1985. 

Nos dejó una filmografía impresionante y revolucionaria y, como he dicho, hasta su último filme, este documental llamado "Fraude" en España (de nombre real "F for Fake") fue importante en la historia del cine. 

Totalmente atípico, y más en 1973, el filme, como otros de Welles, es un estudio a fondo sobre la relación existente entra la verdad y la mentira, entre el mito y la realidad. Es un asunto que ya desde "Ciudadano Kane" estaba presente en la filmografía de este autor, y que aquí está amplificado de una forma apasionante. 

Combinando fragmentos reales y fragmentos de ficción, "Fraude" es un viaje a través de la falsificación en el mundo del arte que se extiende a todos los campos de la vida, desde las obras de toda clase de disciplinas hasta las leyendas urbanas pasando por las biografías. En este viaje se reflexiona sobre el valor de lo real en contraposición con el de la ficción y cómo ambos pueden explicar el mundo en el que vivimos. 

Orson Welles es quien lo narra todo como si de un prestidigitador se tratase. Orson Welles y su ombligo, ya saben: era un ególatra como hubo pocos, pero también era un artista como hubo pocos. Y hay invitados de lujo como Pablo Picasso o la actriz Oja Kodar.

El estilo visual y narrativo del filme es rico y muy riguroso, pero también lleno de fascinación, como sólo Orson Welles sabe imprimirla y como debería ser el estilo de todo buen documental, y las conclusiones, tal como las expone el director, son apasionantes y nos hacen reflexionar sin cesar sobre lo que captamos de la existencia, la punta del iceberg de una intrahistoria de la vida y de los objetos y los conceptos casi inabarcable. 

"Fraude", que sedujo a realizadores de vanguardia como Jean-Luc Godard, es, a pesar de ser menos conocida que otras obras de su autor, otra más, otra, de las más influyentes. Con ella, termina la triste carrera de un grande del cine que pudo darnos mucho más si no hubiese sido tan incomprendido en su tiempo y si hubiese tenido más apoyos de los que tuvo. Otro más para la historia de la desgracia cinematográfica que descansará para siempre en el podio de Georges Méliès, David W. Griffith, Erich von Stroheim, Jean Vigo o Jacques Tati

domingo, 29 de enero de 2023

DON QUIJOTE DE ORSON WELLES. UNA RAREZA MONTADA POR JESÚS FRANCO

DON QUIJOTE DE ORSON WELLES de Orson Welles y Jesús Franco - 1992 - ("Don Quijote de Orson Welles")

Estamos ante una de esas películas cuyo acabado final es tremendamente polémico: "Don Quijote de Orson Welles". El director, amante del clásico de Miguel de Cervantes, había acariciado el proyecto desde los años cincuenta y, de hecho, empezó a rodarlo. En marzo de 1969, por desgracia, tuvo que paralizarlo porque el actor Francisco Reiguera, que interpretaba al hidalgo manchego, murió. Y aquí se quedó la película, engrosando la larga lista de proyectos sin terminar que el director acumuló a lo largo de toda su vida artística frustrada. Esto a muy grandes rasgos.

En 1992, con Welles ya fallecido, el incombustible Jesús Franco realizó un montaje con lo que había del filme y se publicó la película con el nombre que hoy le conocemos, que tuvo en 2008, hace relativamente pocos años, otra versión con otro montaje. 

En fin, ¿qué podemos esperar de una película así? Pues las reacciones son mixtas: para algunos es la obra maestra perdida de Welles y para otro es un truño infame perpetrado por Franco, un director que, en paz descanse, empezó bien su carrera (haciendo un cine que en su día en España no se hacía, todo hay que reconocérselo) pero que terminó sus días (y sus últimos veinte años laborales) rodando de forma compulsiva toda clase de porquerías infumables. 

Para mi "Don Quijote de Orson Welles" es bastante intragable, a pesar de que le reconozco el mérito a Franco de haber intentado montarla.

La película presenta a Don Quijote y a su inseparable Sancho Panza viajando por la España de los años cincuenta y sesenta. Se traspasa la obra a su momento contemporáneo y se intuye que Welles, fascinado por la cultura española desde siempre, trataba de retratar nuestro país con su idiosincracia y sus problemas y establecer paralelismos con la España de Cervantes. 

Se intuye, claro, porque la película, montada o no por Jesús Franco, está incompleta. Y la verdad es que nos enteramos de poco y nos importa menos su colección de escenas inconexas y el conjunto se hace bastante soporífero. 

No se puede considerar este filme un filme de Orson Welles ni tampoco de Jesús Franco, que según leo siempre aseguró que siguió las indicaciones estrictas que había dejado Welles para montar la trama. Estamos ante una de las grandes rarezas de la historia del cine. Para los completistas o fans de las adaptaciones literarias puede tener algún interés, pero aún así la película se hace difícil de ver y está, como he dicho, incompleta. En su metraje, en su mensaje, en sus intenciones. 

La comento aquí porque, desde luego, es parte recuperada de la filmografía del director de "Ciudadano Kane", que ya tras este filme fallido se despediría del cine con su inolvidable "Fraude" en 1973 antes de dejarnos definitivamente en 1985.

lunes, 17 de enero de 2022

UNA HISTORIA INMORTAL. ORSON WELLES TAMBIÉN RODÓ PELÍCULAS REALMENTE MALAS

UNA HISTORIA INMORTAL de Orson Welles - 1968 - ("Histoire Immortelle")

Orson Welles tenía que estar verdaderamente obsesionado con la ascensión y la caída de grandes personajes y con las "historias dentro de otras historias" y la ficción que toma vida. Su "Ciudadano Kane", su obra maestra, fue repetida con variantes en "Mr. Arkadin" y en ésta "Una historia inmortal". En ambas con poca fortuna: las dos son dos de las películas más flojas de toda su filmografía. 

"Una historia inmortal", rodada tras el nuevo batacazo que el director se metió con la espléndida pero en su día para variar infravalorada "Campanadas a medianoche", es un remiendo del mencionado debut del director pero muy fallido. 


wRodada en España con dinero de Francia
(con poco dinero y con problemas de producción una vez más), está espléndidamente economizada esta película para resultar visualmente preciosa. Y fin. 

La trama, que encaja cuentos dentro de otros como muñecas rusas, sigue a otro gran hombre que cayó en la desgracia después de llegar a lo más alto y otras historias que hablan de ambición, soberbia, bien y mal, corrupción, soledad, muerte, sexo, egoísmo y, por supuesto, trascendencia. 

A Orson Welles se le va ya aquí la mano con la pedantería y se pasa tres pueblos con los diálogos barrocos mientras a la vez intenta hacer virguerías argumentales forzadas. 

Por supuesto, él mismo interpreta al carácter principal, otro trasunto de Charles Foster Kane mezclado con los personajes pantagruélicos que ya interpretó en sus adaptaciones de obras de William Shakespeare o en "Sed de mal". Orson y su ombligo. 

Todo ello además acompañado de su habitual expresividad también barroca, con sus giros y ángulos de cámara ampulosos y con su visualidad desbocada, recargada y machacona.

Ese no es de todas maneras el problema de esta película: la visualidad de turno de la película de turno es el gusto de cada director. El problema es que "Una historia inmortal" es grandilocuente, pretenciosa hasta la náusea, cien por cien pedante, y con retorcimientos de guión que tratan de dar gato por liebre y hacer ver al espectador que hay más profundidad de la que parece donde realmente... Pues no la hay. 

Al César lo que es del César: hay directores, grandes directores, que también meten y metieron la pata, y el ego a Orson Welles le jugó muchas malas pasadas (junto con la incomprensión de la industria cinematográfica de su momento, pero ese es otro cantar y esa no fue nunca su culpa). 

Nadie puede negarle el ser uno de los grandes maestros del cine, y uno de los mejores y más incomprendidos. Sin embargo, sus patones los tiene, y "Una historia inmortal", una película aburrida de tanto ensimismamiento en la pedantería que dura una hora escasa y que se hace eterna, es uno de los grandes de toda su creación.

domingo, 6 de junio de 2021

CAMPANADAS A MEDIANOCHE. EL INOLVIDABLE FALSTAFF DE ORSON WELLES


CAMPANADAS A MEDIANOCHE de Orson Welles - 1965 - ("Falstaff. Chimes at Midnight")

"Campanadas a medianoche" era la película preferida de Orson Welles y fue, para variar en su carrera, otro de sus grandes y habituales infiernos personales. 

La rodó en España y lo hizo mintiendo al productor español Emiliano Piedra, al que convenció para que se la financiase diciéndole que paralelamente iba a rodar una versión de "La isla del tesoro", más vendible, que ni rodó ni pensaba siquiera rodar (sólo construyó la taberna en la que transcurre gran parte del filme, que daba el pego tanto como taberna medieval como taberna de estilo pirata). 

Bastantes de los actores de la película no disponían de muchos días para rodar y sus tomas hubieron de ser grabadas a toda prisa y de forma selectiva para completar el resto con extras o planos cerrados, lo que no dejaba apenas espacio para realizar improvisaciones o cambios. 

El dinero de Emiliano Piedra se le agotó a Welles en cuatro meses para colmo, y recurrió a Harry Saltzman, entonces rico productor de los primeros filmes de James Bond, para que le completara lo que le faltaba, a lo que por suerte accedió, aunque lo cierto es que tampoco se preocupó mucho de que "Campanadas a medianoche" fuese muy bien distribuida al considerarla una película menos comercial. 

Y luego, al estrenarse, fue encima un fracaso en las pocas taquillas en las que estuvo presente y para colmo la crítica la vapuleó sin ninguna piedad. 

Aunque recibió varios premios (uno nada más y nada menos que del Festival de Cine de Cannes de 1966), no fue hasta años después cuando la película fue merecidamente reconocida como una obra maestra. 

Incluso a Welles le criticaron que estuviese demasiado gordo para realizar su papel. En fin, todo fue una vez más una conjura maldita de elementos internos y externos y de crueles azares que volvió a ponerle contra la espada y la pared en otra más de sus queridas producciones. Y aún así, como ya había hecho otras tantas veces, entregó una gran obra maestra que pasó a la historia del cine y que fue revalorizada justamente.

"Campanadas a medianoche" es un compuesto libre de cinco obras de William Shakespeare: "Enrique IV" (ambas partes), "Enrique V", "Ricardo II" y "Las alegres comadres de Windsor". 

Orson Welles es el centro de la película, el epicentro absoluto. Da vida maravillosamente a John Falstaff, uno de los personajes más emblemáticos del autor inglés, un bribón vividor y pendenciero, vanidoso, creído y aprovechado que, sin embargo, valora mucho la amistad, aunque de forma algo ambigua. 

El tema principal de la obra es la traición de dicha amistad, dicho por el propio Welles. Alrededor de este asunto, dan vueltas otros universales: la ambición, la hipocresía, la llegada a la madurez, el amor, la soledad, la muerte y, especialmente, los horrores de la guerra, representados en la Batalla de Shrewsbury, un prodigio del rodaje de escenas de combate en una atmósfera tétrica y brutal. 

La han llegado a poner al nivel de escenas de multitudes de películas como "Octubre" de Eisenstein y se le ha reconocido la inspiración que tuvo para las escenas bélicas de otras como el "Enrique V" de Kenneth Brannagh o el "Braveheart" de Mel Gibson y hasta el "Salvar al soldado Ryan" de Steven Spielberg. 

El resto del filme es igualmente fantástico: los decorados, sobrios pero tremendamente realistas y perfectamente ambientados, son ideales, y todos los actores cumplen de sobra con personajes llenos de carisma. 

Escenas para el recuerdo, además de la batalla, hay miles, y en especial la de la ruptura del príncipe y Falstaff pone los pelos de punta. Maravillosa obra maestra.

miércoles, 17 de marzo de 2021

EL PROCESO DE ORSON WELLES. EL PROBLEMA DE ADAPTAR A FRANZ KAFKA

EL PROCESO de Orson Welles - 1962 - ("Le procès")

Después de la maravillosa "Sed de mal", Orson Welles volvió al terreno de las adaptaciones literarias y se lanzó a adaptar, valga la redundancia, y de nuevo con capital europeo después de haber vuelto a tener los problemas de siempre con sus compatriotas a la hora de poner la pasta (ahora la producción era francesa), nada más y nada menos que a Franz Kafka. 

Terreno difícil, pantanoso, del que no salió demasiado limpio y bien parado, a pesar de las buenas intenciones y la ambición que desplegó en todo momento. 


"El proceso"
, la obra más importante del escritor checo junto a la mítica "La metamorfosis", es una obra muy difícil de pasar a la pantalla, como todo lo que escribió Kafka. 

Para empezar, está en gran parte inacabada. Para terminar, y en parte debido también a estar inconclusa, es bastante complicada de digerir porque es reiterativa y no está del todo pulida ni en estilo ni en desarrollo. Si queréis leer más sobre esta novela, en este blog la comenté (y en esta etiqueta la tenéis).

Orson Welles sigue más o menos el texto añadiendo toques personales y crea perfectamente su atmósfera de pesadumbre, de absurdo, de laberinto, de pesadilla onírica, su atmósfera "kafkiana" originaria. Sin embargo, se pasa en lo demás porque, al igual que la novela, su relato cinematográfico es lento, reiterativo, y largo, bastante largo. Le sobra por lo menos media hora, y se detiene demasiado en escenas estiradas. 

Que sí, que lo que buscaba sobre todo era crear esa atmósfera "kafkiana" mencionada. Pero no sabe imprimirle ritmo, y no es lo mismo el ritmo de una novela (además inacabada) que el de una película. 

Orson Welles, como siempre, pone toda la carne en el asador para crear un filme opresivo, delirante, oscuro y lóbrego, y para dirigir a unos actores que están muy bien (Anthony Perkins tuvo aquí otro momento de gloria que en general no es demasiado valorado dentro de su filmografía). 

Él mismo (Welles), por supuesto, se reserva otra vez su habitual papel ombliguista, mefistofélico, megalómano de siempre, y lo vuelve a hacer bien. 

"El proceso" es una película visualmente cuidadísima, con unos escenarios claustrofóbicos y de pura pesadilla que sabe representar bien eso que llamamos "lo kafkiano": un mundo con reglas absurdas, incomprensibles, con una burocracia que es un muro, con unos servidores de esta burocracia que son represores, y con un hombre solo enfrentando a este universo delirante, ambiguo, arbitrario, de doble moral, corrupto pero férreo a la vez. 

La exageración demencial de esos días burocráticos en los que nos tienen de una oficina a otra para hacer un simple papelito se convierte en el símbolo de una sociedad opresiva e inhumana donde el individuo es aplastado por la irracionalidad de un sistema que es todo menos justo, todo menos práctico y cómodo. 

Es una lástima que Welles pierda el sentido del ritmo y se pase metiéndole el turbo a la reiteración, consciente pero eso mismo, pasada de rosca. No obstante, siempre alabaré su osadía a la hora de adaptar a uno de los escritores más difíciles de llevar al cine que existen.

lunes, 19 de octubre de 2020

SED DE MAL. LA OBRA MAESTRA FINAL Y ABSOLUTA DE ORSON WELLES

SED DE MAL de Orson Welles - 1958 - ("Touch of evil") 

Para mi, y para muchos otros más, "Sed de mal" es la mejor película de Orson Welles y su última gran obra maestra. Mejor que "Ciudadano Kane", sí. Para algunos críticos es incluso la última gran película negra de la Edad Dorada del cine de los USA. 

Orson Welles retornaba a su país después de haber estado rodando varias creaciones suyas anteriores en diversos puntos de Europa y lo hacía gracias a Charlton Heston; junto a él y a Janet Leigh protagonizó esta joya. 

"Sed de mal" se abre con uno de los planos secuencia más importantes y en su momento largos de la historia: tres minutos de tensión insuperable y buen hacer cinematográfico que culminan con un prólogo que pone los pelos de punta y que inicia de forma inmejorable esta cinta. 

El asunto central del filme es la lucha de la justicia contra la injusticia, de la integridad contra la corrupción. 

Orson Welles entrega en su personaje, Hank Quinlan, a uno de sus más grandes e inolvidables papeles y da vida a un policía corrupto, monstruoso, cínico, pero con un pasado importante y duro a sus espaldas. 

Charlton Heston hace justo el papel contrario. Ambos se enfrentan. Y ambos tienen sus razones y hasta el personaje de Welles resulta tierno por momentos dentro de su horripilante arbitrariedad de juez casi mefistofélico (a él le encantaba dar vida a esta clase de invididuos megalómanos y simbólicos). 

Todos los personajes de "Sed de mal" son redondos, perfectos, ambiguos y creíbles. Todos los diálogos son maravillosos y están llenos de frases para el recuerdo. Y también todos sus momentos, casi sin excepción, cumplen en su enorme puzle de thriller y relaciones personales que construyen un retrato crudo y agudo de los choques entre los USA y México y del lado oscuro de ambos países y de la justicia a veces arbitraria que reina en ellos.

La atmósfera, rodada en un precioso blanco y negro, de "Sed de mal" también es inolvidable. La frontera es retratada de una forma onírica, alucinógena a veces, con algún rasgo de puro surrealismo. 

La violencia es brutal y vistosa, y es un símbolo del mundo en el que los personajes se mueven, un mundo también sexual y de aire decadente. 

Orson Welles clava esta película. La clava. Entrega una obra maestra indiscutible absolutamente inimitable, llena de contenido, con un ritmo preciso y donde todo es perfecto. 

Por supuesto, no se libró el pobre de problemas. Una vez más, y aunque había vuelto a los USA para rodar y tal vez para reconciliarse con ellos, los productores de la cinta hicieron otro montaje de ella a sus espaldas que cambió partes de su trama y que supuso su fracaso comercial. 

Welles, que estaba en España en aquel momento rodando la película de "El Quijote" que nunca terminó, puso de nuevo el grito en el cielo. Por suerte, se restauró "Sed de mal" tal y como era y alcanzó su merecido estátus de obra de culto.

miércoles, 24 de junio de 2020

MR. ARKADIN. EL FALLIDO HERMANO BASTARDO DE CIUDADANO KANE


La historia de la filmografía de Orson Welles es la historia de montones de proyectos inacabados y de otros cuantos lastrados por la asfixia financiera y los problemas con los productores.

"Mr. Arkadin", película de la que él mismo dijo que era la mejor que nunca había creado y que se había quedado en "una chapuza" por culpa de los que tenían el dinero, fue una co-producción entre España, Francia y Suiza y el rodaje fue un completo desastre.

Welles vivía aplastado por las exigencias de sus mecenas y por constantes complicaciones que le impedían cumplir los plazos de producción y al final se la quitaron de las manos en la sala de montaje.


Posiblemente fuese como él mismo dijo una de sus mejores películas si le hubiesen dejado la libertad que necesitaba. Pero no se la dejaron, desgraciadamente, y "Mr. Arkadin" aparece como una de esas pocas pero desde luego existentes manchas en la filmografía gloriosa de este gran director.

La película, a menudo acusada de ser una suerte de "remake encubierto" de "Ciudadano Kane", sigue los pasos de otro millonario hasta descubrir sus grandes secretos y dejar para el espectador la sugerencia en el aire de otros cuantos de sus grandes misterios.


Es uno de los asuntos predilectos y que más apasionaron siempre a Welles: la búsqueda de la identidad, la relación entre la verdad y la mentira, el tormento de grandes megalómanos que también son víctimas de la sociedad a pesar de su riqueza, las relaciones personales que se dan alrededor de estos megalómanos.

Él, ombliguista como era, se reserva una vez más el papel principal y lo interpreta de forma genial, como siempre.


Es Mr. Arkadin un personaje afectado, pomposo, misterioso, creído de sí mismo pero interiormente hundido, petulante y pretencioso: a Welles estas interpretaciones se le dieron siempre muy bien (tal vez porque él mismo era así en su vida real; no lo sabemos, pero algunos hechos y cosas que conocemos de él apuntan bastante en esta dirección). Por desgracia, a pesar de la interpretación, el conjunto no cumple.

"Mr. Arkadin", basada en una novela del propio Welles por cierto, es un atropello de escenas algo deslavazadas. Se nota que en la sala de montaje metieron las tijeras de mala manera y, además, se nota que el rodaje fue, efectivamente, un caos.

Hay escenas que no están directamente bien rodadas, que son bruscas, como cortadas de golpe por las exigencias del dinero y del tiempo, los cuales Welles no tenía.


Los personajes no están bien definidos, ni siquiera el principal, por muy bien interpretado que esté, mientras que los diálogos se pierden a veces en ampulosidades y resultan demasiado pretenciosos para después quedarse a la mitad en estas pretensiones (porque además hay bastantes lagunas en el guión).

Me creo que la culpa del fiasco de esta película no fuese de Orson Welles. Siempre fue un gran director, pero tuvo mucha mala suerte y fue demasiado adelantado a su tiempo en muchas cosas que no le vinieron bien. Es una pena.

"Mr. Arkadin", situada entre sus dos maravillosas incursiones shakesperianas ("Macbeth" y "Otelo") y entre su soberbia "Sed de mal" (menos mal que aquí sí que le dejaron hacer todo lo que quiso), se queda como una obra claramente menor y olvidada.


viernes, 21 de febrero de 2020

OTELO. ORSON WELLES VUELVE A SHAKESPEARE POR LA PUERTA GRANDE


Después de su excelente versión de "Macbeth", Orson Welles repetía con su amado William Shakespeare y adaptaba otra de sus grandes obras, "Otelo".

Lo hacía, de nuevo, asediado por la falta de dinero y también de apoyo de productores potentes y se veía obligado una vez más a rodar en espacios reducidos en los que debía recrear supuestos grandes escenarios con medios técnicos exiguos.

A pesar de todo, entregó otra vez una obra genial. Pocos directores saben rodar una tragedia de este calibre en un, como he dicho, espacio tan pequeño y tan "cutre" (porque lo es, otra cosa es que Welles lo aproveche tanto y tan bien), usando con tal maestría el plano cerrado y la posición de los actores (al parecer por problemas técnicos hasta tuvo que verse obligado a grabar sonido e imagen por separado y por ello hubo de colocar a los intérpretes en muchas escenas de espaldas).


En fin, todo lo que tuvo que enfrentar en la mencionada "Macbeth" tuvo que enfrentarlo de nuevo aquí, y consiguió salir airoso como sólo un grande puede hacerlo.

"Otelo, el moro de Venecia", una de las obras más revolucionarias de William Shakespeare por presentar a un personaje "moro" (como el propio nombre de la obra indica) alejado de los estereotipos que primaban en la época en Europa (los personajes de piel oscura o relacionados con otras culturas o religiones solían ser villanos y malas personas "porque sí"), es llevado al cine con una gran fidelidad por el director de "Ciudadano Kane", que se reserva una vez más el papel principal y que lo interpreta como siempre, de forma soberbia y comiéndose la pantalla ya simplemente con su portentosa presencia. Los demás actores y actrices también están absolutamente inolvidables.


"Otelo", perfectamente rítmico, con garra de principio a fin, con un drama lleno de potencia, despliega con maestría y sin faltar en ningún momento a su espíritu la tragedia original de Shakespeare.

El asunto principal es el de los celos y la desconfianza, que transforman el amor más bello en puro odio y en miedo que se transfigura en terror total, pero alrededor de dicho asunto pivotan otros como la manipulación, el machismo o el racismo, algo verdaderamente, pienso, revolucionario en una obra que fue escrita alrededor del año 1603.


Los diálogos y la caracterización son un portento y complementan una de las mejores tragedias inspiradas en creaciones shakesperianas nunca llevadas al cine. Y van.

Este escritor inglés le debe bastante a directores como Orson Welles, embajador total de su universo en su paso al celuloide, o a Kenneth Branagh, Laurence Olivier o Akira Kurosawa. No se pierdan bajo ningún concepto este fabuloso "Otelo".


miércoles, 15 de enero de 2020

MACBETH SEGÚN ORSON WELLES. UNA OBRA MAESTRA ALUCINÓGENA HECHA CON 4 DUROS


Es digna de elogiar la valentía y la excelencia artística de Orson Welles, que se pasó media vida luchando contra productores artísticamente desalmados para poder rodar las películas que quería, y que encima logró, en bastantes ocasiones por suerte, entregar grandes obras maestras a pesar de todo.

Una de estas es su versión de la inmortal obra de William Shakespeare "Macbeth" de 1948, que se vió obligado a recrear en apenas un mes y en un set de rodaje ínfimo, reducidísimo, destartalado y que no era más, realmente, que los restos de un set de otra película que en ese momento estaban disponibles y casi abandonados.


Muy discutida (para unos, entre los que me encuentro, es genial, y para otros es fallida), esta versión de la historia del asesino del rey escocés me parece única y cargada de personalidad.

Visualmente está muy limitada, es cierto, pero creo que en este caso eso más que perjudicarle le otorga una personalidad única.

Orson Welles era un maestro, y era capaz de hacer una buena película sin apenas presupuesto: eso queda aquí plenamente demostrado.


Este "Macbeth" es un Macbeth oscuro, sucio, decadente, cutre y realista, pero a la vez onírico, pesadillesco. El ambiente del filme es seco, brutal, deprimente incluso, casi primigenio, y remite a una Edad Media de ensoñación alejada de cualquier esplendor hollywoodiense de grandes castillos y armaduras brillantes.

El "Macbeth" del director de "Ciudadano Kane" es único, les guste o no a sus detractores, y visualmente es una maravilla y todo un ejemplo de cómo hacer algo personal con cuatro duros.


No destaca solo en lo visual, claro: Welles sabe dirigir una obra que capta perfectamente la idea y la esencia del texto shakesperiano y que la retrata con cariño y respeto.

La mencionada dirección es perfecta, agobiante y retorcida, grandilocuente como suele ser todo en Welles pero sin dar gato por liebre.


Los actores están todos fantásticos, y el propio director, que para variar se reserva el papel de protagonista, entrega un Macbeth soberbio, que suda tormento, que tiembla ante los dilemas morales y que sufre como nadie.

El clásico papel colosalista, de individuo oscuro que a él tanto le gustaba, megalómano, ególatra y "ombliguista" como era, pero que tan bien hacía siempre.

El "Macbeth" de 1948 de este genio es una de sus grandes piezas y una de las mejores adaptaciones de una obra de Shakespeare a la gran pantalla.


miércoles, 13 de noviembre de 2019

LA DAMA DE SHANGHAI. LA OBRA MAESTRA DE WELLES TRAS CIUDADANO KANE


Orson Welles dirigió, en su ciertamente corta (para todo lo que tenía en mente y quiso hacer) y por desgracia frustrada carrera, dos de las más grandes películas negras del cine clásico estadounidense: "La Dama Shanghai" y "Sed de mal". 

La primera viene después de la en parte fallida "El Extraño", y es su primera obra maestra absoluta desde la mítica "Ciudadano Kane". 

Es un thriller y, como todos los buenos thrillers, es una representación crítica de la sociedad de su momento.


"La Dama Shanghai" enreda en una trama oscura a tres personajes interpretados respectivamente por el propio Orson Welles, un magnífico Everett Sloane y una absolutamente esplendorosa Rita Hayworth (por entonces esposa de Welles) que brilla sin parar y que da vida a uno de los personajes más carismáticos y complejos de su carrera.

Por medio de una ambientación oscura, onírica, alucinógena en algunos momentos y tremendamente exótica, el director clava una historia en la que el protagonista es el clasismo de la sociedad norteamericana capitalista.


Los ricos no sólo están podridos de dinero, sino que dominan a los pobres o a los menos ricos incluso como si fuesen dioses de la Antigüedad: todos se acercan a ellos, ya sea por necesidad o por querer buscar una manera de escalar puestos en la jerarquía, y empieza un terrible juego de supervivencia no sólo monetaria, sino también moral y espiritual.

Los mencionados personajes son ambiguos, amenazadores, llenos de recovecos, retorcidos, y guardan constantes sorpresas para el espectador.

Los diálogos son para la posteridad. Prácticamente todos son una delicia de la lucidez a la hora de ver el mundo contemporáneo.


"La Dama de Shanghai", finalmente, es también una delicia en el plano visual. No solamente por la mencionada ambientación, sino por su imaginativo estilo y por presentar unas escenas cargadas de potencia, de inventiva y de garra que sorprendieron en su día, en la segunda mitad de los años cuarenta, y que siguen sorprendiendo hoy.

Inolvidables las discusiones en las tabernas, inolvidables los viajes del barco por los mares calurosos, inolvidable la escena del acuario y, sobre todo, inolvidable el desenlace del filme en la sala de los espejos, un prodigio de rodaje y manejo del espacio y del suspense que pone los pelos de punta y deja con la boca abierta. Obra maestra.