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viernes, 22 de noviembre de 2019

PEDRO PÁRAMO. BIENVENIDOS A COMALA, EL MACONDO DE MÉXICO


En 1955, Juan Rulfo publicó la que fue hasta "El gallo de oro" de 1980 su única novela, esta obra maestra que es "Pedro Páramo" y que, junto con su libro de cuentos "El llano en llamas", cambió a la literatura mexicana.

Alabada desde el principio por Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez o Susan Sontag, "Pedro Páramo" marca una ruptura con la novela revolucionaria clásica que se cultivaba en México en su tiempo y abre un camino hacia el realismo mágico y el "boom sudamericano".


Muchos de los parámetros de los relatos de "El llano en llamas" se repiten en esta novela, aunque hay uno nuevo que la diferencia claramente de ellos: la irrupción de la fantasía, de lo onírico, en forma de relato de fantasmas (a mi "Pedro Páramo" siempre me lo ha parecido) en el que se superponen el pasado y el presente de forma constante.

Volvemos a las zonas rurales más depauperadas del México profundo y volvemos a encontrarnos un lenguaje coloquial, diálogos rápidos y escuetos que describen toda la situación, monólogos y una presencia brutal de un paisaje brutal y decisivo: la naturaleza indómita y seca, abrupta, despiadada, de parajes asesinos y pueblos abandonados.


Ahora, sin embargo, el mencionado realismo mágico se cuela por todos los poros de la novela. Porque Comala, el pueblo en el que transcurre, es un pueblo fantasma, lleno de ecos, de retazos de otras vidas, de murmullos que se hacen reales.

Hay escenas de "Pedro Páramo" que me parecen de auténtica novela de terror y que me ponen los pelos de punta.


La trama sigue dos líneas temporales: en la "actual", un joven llamado Juan Preciado viaja a la mencionada Comala para encontrar a su padre, Pedro Páramo; en la del "pasado", se narra la historia del propio Pedro Páramo, un cacique brutal y sin escrúpulos.

La narración sin embargo está fragmentada entre ambos mundos, y se superponen además en ella otras realidades constantemente, como el monólogo de Dolores Preciado, la madre de Juan, que completa un fresco social terrible y monstruoso, de una época de violencia y terror en la que las revoluciones sociales se han acabado convirtiendo en un circo de injusticia.


La Comala de esta novela (existe una "Comala real" en el estado mexicano de Colima) es en mi opinión igual de importante que el Macondo de Gabriel García Márquez o la Yoknapatawpha de William Faulker, aunque estos pueblos imaginarios hayan aparecido en muchas más novelas.

Comala es un trasunto del campo mexicano en su totalidad. Las revoluciones fracasan, los nuevos sistemas son iguales o peores que los antiguos, la gente pobre sigue siendo pobre, cunden el hambre y la miseria, la ignorancia y el temor religioso, y los caciques se hacen con el poder y se suceden unos a otros.


Pedro Páramo, que me recuerda a Artemio Cruz de "La muerte de Artemio Cruz" de Carlos Fuentes, es un hombre cruel, violento, egoísta y soberbio hasta la extenuación, que domina a sus vecinos con mano de hierro y que sin embargo tiene unos pocos destellos de amor por unos pocos seres humanos.

Novela caleodoscópica, breve pero muy compleja, llena de estampas sociales y políticas ordenadas y vueltas a ordenar, "Pedro Páramo" es una obra maestra de la historia de la literatura.


Tras ella, Juan Rulfo dejó la escritura de cuentos y novelas hasta que en 1980 publicó la mencionada "El gallo de oro" (no la he podido leer todavía). Sí escribió guiones cinematográficos y artículos y se dedicó a una de sus pasiones menos conocidas: la fotografía.

Contaba él mismo que dejó de escribir tanto tiempo porque su tío Celerino, personaje que existió realmente, murió tras la publicación de "Pedro Páramo". Este hombre era el que según él le contaba todas las historias del campo mexicano que él después pasaba a sus libros.


lunes, 1 de abril de 2019

EL LLANO EN LLAMAS. TESTIMONIO DEL HUNDIMIENTO DEL CAMPO MEXICANO


Es una lástima que Juan Rulfo no hubiese escrito más. Aunque con sólo dos obras, "El llano en llamas" y "Pedro Páramo", cambió la literatura latinoamericana.

La primera de ellas, publicada en 1953, reúne diecisiete cuentos que el autor mexicano fue publicando en diversos medios y fue un éxito desde su salida a las librerías.

En estos relatos se encuentra la semilla de "Pedro Páramo". Aunque son todos de corte realista, los temas de su novela están ya aquí: en esencia, la caída en el abandono del campo de México. Y, alrededor, otros tantos: el caciquismo, los estragos de las revoluciones, la pobreza, la violencia. 


En todos ellos se usa el lenguaje popular de las zonas rurales del país, y se recurre con asiduidad al monólogo interior, que retrata el mundo de los personajes y describe los paisajes en los que se mueven, los otros grandes protagonistas: secos, abrasadores, rudos, muertos, llenos de naturaleza indómita y hostil o de pueblos destrozados o abandonados.

"El llano en llamas" es crítica social y política descarnada: nadie sale indemne. Rulfo pone en la picota el problema del latifundismo y de la apropiación de las mejores tierras por parte de los que tienen dinero, pero también da fe del fracaso de las revoluciones.


Los asuntos centrales son estos, y alrededor pivotan otros como la corrupción, la violencia atávica, el terrorismo de estado, la hipocresía y brutalidad de los mencionados movimientos revolucionarios, la pobreza, el hambre, el machismo, las relaciones familias destruidas por la miseria, el oscurantismo, el fanatismo religioso, la emigración a los Estados Unidos y el clasismo.

En "Nos han dado la tierra" expone cómo el gobierno deja a los más pobres las peores tierras para que las cultiven y se lava las manos. En "Macario" dibuja un ambiente familiar estancado en el que surge la ternura inesperada. En "Luvina" retrata cómo es un pueblo prácticamente abandonado donde sólo quedan unos cuantos desesperados que se aferran a el porque no pueden ir a ninguna otra parte.


"Es que somos muy pobres" narra cómo una familia pierde lo poco que tiene y cae en la miseria absoluta. Y "Talpa" cómo unos desesperados se agarran a la religión, lo único que les queda, para poder salir adelante en un ambiente muerto.

Otros como "La Cuesta de las Comadres", "¡Diles que no me maten!", "Acuérdate", "La noche que lo dejaron solo" o "No oyes ladrar a los perros" hablan de la violencia en todas sus formas, entre padres e hijos (la figura del padre opresor o decepcionante está muy presente siempre en Rulfo), entre bandos enfrentados en una guerra, entre matones brutales de familias de caciques, entre agentes del gobierno y simples vecinos que pagan sus desmanes y negligencias.

"El llano en llamas" es un testimonio desolador de todo un mundo que se hunde en el horror de la pobreza. Ni siquiera la Revolución Cristera (en la que el autor perdió a su padre) o la Revolución Mexicana, ampliamente criticadas, consiguen acabar con la explotación de los pobres y los débiles por parte de los ricos y los fuertes, ya sean estos terratenientes, políticos, mafiosos o los propios revolucionarios.