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viernes, 28 de noviembre de 2025

¿QUERÉIS ESCUCHARME EN EL CANAL DE TURRA CINEMA HABLANDO DE CINE?

EN BUSCA DEL ARCA PERDIDA, EN TURRA CINEMA

Como ya sabéis, en el canal de iVoox de Turra Cinema hablo de cine: cada dos semanas, comentamos una película, y cada cierto tiempo también hablamos de series y hacemos especiales de artistas.

Estoy compartiendo por aquí poco a poco todos los programas y hoy toca el que le dedicamos a "En busca del arca perdida" de Steven Spielberg.

Si me queréis escuchar charlando sobre la primera aventura de Indiana Jones, aquí me podéis encontrar: 

TURRA CINEMA: EN BUSCA DEL ARCA PERDIDA

Tened un buen viernes. 😀

domingo, 9 de marzo de 2025

¿QUERÉIS VERME EN EL CANAL DE YOUTUBE DE TURRA CINEMA HABLANDO DE PELÍCULAS?


INDIANA JONES Y EL DIAL DEL DESTINO EN TURRA CINEMA

Como ya sabéis, en el canal de Youtube de Turra Cinema hablo de cine: cada dos semanas, comentamos una película, y cada cierto tiempo también hablamos de series.

Estoy compartiendo por aquí poco a poco todos los programas y hoy toca "Indiana Jones y el dial del destino" de James Mangold. Empezamos la saga de Indy por su quinta entrega porque en aquel momento se acababa de estrenar, pero tienes las demás hasta la tercera (sólo nos queda por hacer el programa de la cuarta) en el canal. 

Si me queréis ver charlando sobre este magnífico musical, aquí me podéis encontrar: 

TURRA CINEMA: INDIANA JONES Y EL DIAL DEL DESTINO

Tened un feliz domingo. 😄

martes, 4 de julio de 2023

INDIANA JONES Y EL DIAL DEL DESTINO. EL CIERRE QUE LA SAGA DE INDY SE MERECE

INDIANA JONES Y EL DIAL DEL DESTINO de James Mangold - 2023 - ("Indiana Jones and the dial of destiny") 

Siempre he sido un gran defensor de "Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal". Creo que fue claramente más floja que las tres anteriores entregas de la saga pero también que fue en todo momento una película digna que ofrecía, un poco desdibujado, eso sí, el mismo espectáculo pulp de Indy de siempre y que tenía varios méritos importantes entre sus defectos.

"Indiana Jones y el dial del destino" me ha parecido no sólo mejor, sino sensacional. Un retorno a lo mejor (valga la redundancia) de la saga y un cierre (que yo creo que ya sí que lo va a ser) perfecto, sentido y emotivo para las aventuras del arqueólogo más famoso del cine.

Steven Spielberg no está en la dirección, pero sí un James Mangold fantástico, escrupuloso a la hora de heredar el estilo del Rey Midas de Hollywood y cien por cien respetuoso al adaptar la franquicia.

"Indiana Jones y el dial del destino" es un caramelito para los fans de la saga. Es un homenaje constante pero desde una perspectiva a la vez totalmente nueva que ofrece lo mismo que ofrecían las partes anteriores aportando elementos que no habíamos visto antes.

El estilo es el de Spielberg en lo narrativo y en lo visual. Parece que estuviese rodada por él en prácticamente todos sus aspectos. Visualidad exquisita, escenas de acción imaginativas y trepidantes, localizaciones llenas de magia: todo está ahí.

Y también está ahí Indy, claro. Harrison Ford cierra a su personaje estrella junto a Han Solo con limpieza y sentimiento. Es un Indy mayor, pero no vencido. Desilusionado, pero no destruido. Cansado tal vez, pero fiel a sí mismo y a lo que ha sido su vida.

Phoebe Waller-Bridge es su compañía perfecta y una de las mejores de la saga. Un personaje que es también un homenaje en sí mismo pero que sabe hacer este homenaje desde un prisma novedoso. Y tiene un carisma que destroza la pantalla.

Y bueno, Mads Mikkelsen está simplemente espléndido y soberbio, como siempre. Y no voy a decir qué papel tiene por si alguien no ha visto aún la película, pero sí que este papel es impresionante.

Alrededor de ellos pivotan otros caracteres geniales que son también homenajes en sí mismos a la saga y a otras del género de la aventura (ahí veo esa sombra de los cómics de Corto Maltés tan alargada) y que también están llenos de carisma (los nuevos, los clasicos: todos).

Finalmente, la trama consigue llevarnos a lo mejor de la trilogía clásica (sobre todo a "En busca del arca perdida" e "Indiana Jones y la última cruzada", las más centradas en el misterio) para plantearnos un enigma que, de nuevo, vuelve a ser puro Indy pero que, de nuevo también, sabe dar una vuelta de tuerca y ofrecer algo que no se había hecho hasta ahora en la saga.

Todo combinando como siempre la acción, la aventura, el misterio, el humor y el drama. En resumen: "Indiana Jones y el dial del destino" es el ejemplo perfecto de tomar una saga y revitalizarla desde el cariño y el respeto a sus orígenes más absoluto. Una maravilla y el cierre (imagino, como he dicho, que será ya cierre) que Indiana Jones se merece. Muy bien por James Mangold, por Harrison Ford y todo el equipo que les ha rodeado en este periplo.

jueves, 14 de febrero de 2019

INDIANA JONES Y EL REINO DE LA CALAVERA DE CRISTAL


Una de las películas más esperadas de 2008 fue sin ninguna duda la cuarta entrega de las aventuras de Indiana Jones, que desde que fue anunciada por Steven Spielberg y George Lucas creó una expectación sobrecogedora en todo el mundo.

Pero “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” fue, finalmente, uno de los chascos más gordos de su década, como por ejemplo lo fueron también las dos nuevas trilogías de "Star Wars" (recordemos que "La amenaza fantasma" fue tan vilipendiada en su día como "El despertar de la fuerza").


Yo creo, sin embargo, que esta cuarta entrega no es más que, valga la redundancia, una entrega más de la saga del doctor Jones que ofrece exactamente lo mismo que ofrecieron las otras. Sí, la opinión será polémica para muchos, pero sigo explicándome.

En “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” encontramos todos los elementos de la trilogía original tratados con meticuloso respeto y acompañados de unas pocas novedades que otorgan frescura al conjunto.


Indiana Jones sigue gozando de un carisma envidiable (Harrison Ford sabe repetir papel y adecuarlo al paso del tiempo) y continúa siendo, ya a finales de la década de los cincuenta, un aventurero empedernido cínico y con miedo a las serpientes.


Aunque ahora vive un cierto crepúsculo de su existencia anterior: se encuentra más viejo y menos ágil (aunque no menos inteligente), algunos de sus mejores amigos han muerto (Marcus y su padre –por desgracia no se dice nada de Sallah, al que daba vida John Rhys-Davies y al que se echa muchísimo de menos en esta película-), lo van a expulsar de su cátedra y lo persiguen tanto los rusos (los villanos de turno de la cinta –era de esperar tras la caída del Tercer Reich-) como algunos norteamericanos que no valoran su trabajo.


La aventura que presenta Spielberg en este filme es ya completamente familiar: Indy lucha contra sus enemigos (liderados por una muy carismática, fría y por supuesto paródica Cate Blanchett) acompañado de su vieja amante Marion (vuelve Karen Allen desde la lejanísima “En busca del Arca Perdida” para realizar un papel breve pero divertido), del hijo de ésta que resulta ser también su hijo (igualmente divertido Shia LaBeouf, parodia de los jóvenes rockers rebeldes de los años cincuenta y sesenta, y que sin embargo fue odiado desde el primer momento por los fans) y del viejo y querido maestro de éste (un secundario cómico solvente al que da vida John Hurt).


Queda en el tintero un personaje que desde mi punto de vista aporta bastante poco a la trama y que podría haber sido eliminado o sustituido por el mencionado Sallah: Mac, el amigo traidor y ambicioso de Indy, interpretado con gracia pero poco más por Ray Winstone. 


Sin embargo, es esto, prácticamente, lo único que le puedo achacar a una obra que ofrece lo que sus antecesoras han ofrecido a pesar de algunos fallos puntuales: acción frenética delirante (la cachondísima escena de la persecución selvática es genial y demuestra que Spielberg sigue en plena forma a la hora de dirigir este tipo de cine), mucho humor (las escenas de la huida en el frigorífico o la tarzanesca de las lianas, tan mal juzgadas por muchos, atestiguan el cachondeo que el filme pretende transmitir –cachondeo que ya transmitían los demás de la saga, especialmente “Indiana Jones y el Templo Maldito”-), mucha parodia y homenaje, muchos guiños a las otras aventuras del héroe (incluso sale unos segundos el Arca de la Alianza) y una historia de misterio esotérico de aire completamente pulp (aunque también hay que decir que cautiva bastante menos que las de “En busca del Arca Perdida” e “Indiana Jones y la Última Cruzada” por ser mucho más predecible y por contar con elementos ciertamente fuera de lugar como los indígenas o los niños que vigilan las tumbas peruanas).


Incluso la villana de turno (para mi una de las mejores de la saga) de ésta cinta termina igual que la mayoría de los villanos de las otras películas. Buscando el poder y el conocimiento, se enfrenta a un enigma que no puede solucionar y encuentra la perdición (al igual que la encontraron los que abrieron el Arca de la Alianza o los que bebieron del falso Santo Grial).


Steven Spielberg ha presentado exactamente lo mismo que presentó en el pasado... Únicamente hay un problema con esto: hoy en día una película de éste tipo no causa el mismo efecto que causaba en la década de los ochenta. 

El público no es el mismo, y muchos de los veteranos de la saga tienen idealizado a Indiana Jones de tal manera que cualquier cosa que se haga ya con su mito va a sentarles mal (creo que algo similar ocurre con "Star Wars").


Spielberg, para haber cuajado hoy en las salas con una nueva entrega de Indy (es decir, para contentar a más espectadores “al uso”- a los mencionados veteranos es casi imposible-), tendría que haberla envuelto con los efectos especiales y con el humor ligeramente más desquiciado del que hacen gala, por ejemplo, las primeras y excelentes entregas de “La Momia” y “Piratas del Caribe”, dos de las pocas películas modernas que han sabido actualizar, por lo menos ligeramente y con dignidad, las bases que dejó sentadas “En busca del Arca Perdida” (por supuesto, las siguientes entregas de ambas destrozaron vilmente todo esto).


No voy a decir que “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” sea una obra maestra, pero desde luego tampoco voy a tirarla por los suelos como creo que se ha hecho con ella.

Sería bastante injusto, ya que no es más que un calco de las anteriores tramas del personaje con unas pocas novedades nostálgicas y con un guiño a la “Fiebre OVNI” que arrasó durante la Guerra Fría. Si los nazis estaban obsesionados con viejos objetos de la Antigüedad, los rusos lo están... con los extraterrestres. Es perfectamente coherente y además contribuye a aumentar las dosis de pulp que siempre ha tenido la saga.


Creo que, en general, se ha infravalorado mucho a esta película. No es el culmen del cine de aventuras (a estas alturas no puede serlo de ninguna manera), pero sí un regreso divertidísimo, que es lo que se le pedía a la nueva historieta del doctor Jones. De hecho creo que pedirle más está incluso fuera de lugar.


miércoles, 13 de febrero de 2019

INDIANA JONES Y LA ÚLTIMA CRUZADA


Cuatro años después del experimento desenfrenado de “Indiana Jones y el Templo Maldito”, Steven Spielberg cerraba la trilogía del doctor Jones (fue trilogía durante casi veinte años y el público llegó a descartar completamente la aparición de una cuarta entrega) con un retorno a lo que mostró en la excepcional “En busca del Arca Perdida”. 

“Indiana Jones y la Última Cruzada” vuelve a seguir el esquema de aquella primera parte con algunos nuevos apuntes. El principal es la aparición como un segundo protagonista de Henry Jones, padre de Indiana interpretado con mucho carisma y con no menos cachondeo por Sean Connery, que se parodia a sí mismo desprejuiciadamente en algunos de sus papeles de aventurero (James Bond incluido).


El filme se sustenta en gran parte en el combate paterno-filial que mantienen él y Ford, combate que los desprestigia y ridiculiza a ambos (los dos son Don Juanes ambiciosos, cínicos, con fobias –serpientes y ratas respectivamente- y con algo de antihéroes) y que paradójicamente los une cuando la vida ya los había separado.


La guerra de sexos de Indiana con la mujer de turno que le acompaña tiene aquí menos importancia y Spielberg se centra en la mencionada paterno-filial, ya que además la “chica Jones” de esta entrega (bella Alison Doody) es una mujer fatal y pérfida cegada por la ambición desmedida que no duda un momento en traicionarle.


Cobran además mucha importancia como secundarios los personajes de Sallah y Marcus (John Rhys-Davies y Delholm Elliott), que retornan a la saga (únicamente aparecieron en la primera entrega –y Marcus muy brevemente-) como auténtico tándem cómico verdaderamente desternillante (impagable la escena de “Corra…”) y como genial comparsa de los héroes principales.


El resto es bastante similar a “En busca del Arca Perdida”: existe un objeto misterioso (en este caso el Santo Grial) y lo quieren tanto Indy y sus amigos como los nazis, que repiten como villanos junto a un solvente Julian Glover, que da vida a Donovan, un millonario con ansias de gloria que caerá a manos del propio tesoro que busca (como Belloq y sus acompañantes caen al abrir el Arca de la Alianza).


Las frenéticas escenas de acción alternan sin cesar con otras en las que el protagonista es el suspense y el misterio (las escenas que faltaron en “Indiana Jones y el Templo Maldito”) mientras que las localizaciones van de nuevo cambiando constantemente (Venecia, diversas zonas de Alemania, la ciudad de piedra de Petra…).

Como ven, el esquema y el desarrollo de “Indiana Jones y la Última Cruzada” es casi un calco del de la aventura inicial del doctor Jones. Eso no quita que la cinta sea endiabladamente divertida.


Spielberg sabe introducir las novedades justas y explotar lo que ya creó para ofrecer una entrega dignísima que es más de lo mismo… Y que no pretende ser otra cosa.

Está llena de escenas para el recuerdo (todo el prólogo con el malogrado River Phoenix dando vida al joven Indy, la persecución en lancha por los canales de Venecia, la huida del castillo en Alemania, la nueva persecución -ahora en moto y con tanques-, el delirante encuentro cara a cara con Hitler, Henry Jones y su paraguas “asustando” a los aviones de guerra, las tres pruebas de Indiana Jones, el genial desenlace con la elección de las copas…), de humor, de homenajes a las anteriores entregas, de romanticismo épico y, además, el personaje de Connery aporta la dosis necesaria de frescura al conjunto. Pocos directores saben repetirse con la maestría de Spielberg.


martes, 12 de febrero de 2019

INDIANA JONES Y EL TEMPLO MALDITO


La primera secuela de “En busca del Arca Perdida” fue la igualmente exitosísima “Indiana Jones y el Templo Maldito”, que continuó las aventuras del doctor Jones en una nueva historia en la que se rizaba el rizo del delirio de acción, de la epopeya esotérica y de la comedia cínica.

Si ha habido en esta saga un filme excesivo, barroco y cachondo (el mejor adjetivo que se me antoja para calificarlo) es éste, en el que el homenaje al cine de aventuras clásico es pasado por un filtro desquiciado que lo retuerce todo hasta límites insospechados.


La trama de misterio se ha perdido por completo (una de las cosas más criticables de esta película, de la que hablaré más adelante) para ofrecer una historia lineal de acción frenética en la que Indiana, acompañado de Willie, una guapa pero remilgada y mojigata cantante (Kate Capshaw, que clava a una irritante tonta de clase alta de los años treinta) y de un inverosímil niño aventurero llamado Tapón (Que Qui Cuan, que vuelve a repetir papel entrañable –era el chico inventor de la mítica “Los Goonies”-), se enfrenta a una secta maldita en un templo oculto de las profundidades de la India.


Los tres protagonistas terminan casi sin ayuda con el imperio de esta secta, liberan a los niños esclavos que trabajaban para ella y recuperan una piedra sagrada que daba prosperidad a un pequeño pueblo del que los sectarios la robaron (y con la que encima pretendían dominar el mundo). Y se quedan tan tranquilos.

Como pueden ver, “Indiana Jones y el Templo Maldito” es una parodia desprejuiciada en toda regla, una parodia además de la propia “En busca del Arca Perdida”, que ya de por sí estaba llena de homenajes y de parodias.


Cualquier excusa vale para desatar escenas de acción, y la cinta ofrece un espectáculo interminable de estas escenas: la huida de Shanghai, el salto del avión… en una lancha hinchable, esta misma lancha surfeando por las montañas nevadas de la India o cayendo por riscos inmensos, las catacumbas llenas de trampas, la liberación de los esclavos a mamporro en limpio, la escapada en vagoneta (delirante), la lucha final en el puente (aún más delirante)...


Además, y por si fuera poco, todas estas escenas están cargadas de puros tópicos de los relatos de aventuras que ya alcanzan plenamente el más genuino pulp: un baile en un cabaret que termina en refriega, una guerra sexual entre Indiana y Willie emulando a las de las comedias brillantes, un pueblo oprimido con viejo venerable incluido, una noche en la selva con animalitos de toda clase, una cena “exótica” con serpientes vivas, sopa de ojos o sesos de mono; unos pasadizos cuajados de insectos a cada cual más asqueroso (que por supuesto la chica tonta ha de sortear), unos sacrificios humanos de risa, unas posesiones diabólicas que se curan con fuego, cocodrilos demasiado agresivos y varios guiños a la primera entrega.


Por cierto que el villano de esta película, Mola Ram (divertidísimo Amrish Puri), sacerdote maligno con casco de cuernos incluido, es posiblemente el más mítico de la saga o, por lo menos, compite en carisma con los nazis en igualdad de condiciones.

Hay que decir que “Indiana Jones y el Templo Maldito” no iba camino de convertirse en una buena película (ni siquiera en una película aceptable): su guión, tosco y chusco hasta decir basta, está lleno de errores y de soluciones precipitadas (aunque Indiana mantiene el mismo carisma e incluso más por momentos).


Sin embargo, Steven Spielberg sabe sacarlo adelante de la mejor manera posible: no tomándoselo en serio en ningún momento y aceptando plenamente que está rodando una parodia.

Así, consigue un filme que, a pesar de ser objetivamente el peor de toda la saga del doctor Jones (ha perdido la trama de misterio que caracteriza a las otras tres entregas), es verdaderamente divertido en toda su desprejuiciada propuesta.

Cuatro años después de este aún hoy criticado paréntesis de estilo que no convenció al propio Spielberg (él ha sido uno de los más duros críticos de esta película suya), todo volvería a su cauce original con la genial “Indiana Jones y la Última Cruzada”.


lunes, 11 de febrero de 2019

EN BUSCA DEL ARCA PERDIDA


Steven Spielberg había cambiado para siempre el cine de terror con “Tiburón” y había dado una visión muy especial de los extraterrestres en “Encuentros en la Tercera Fase”. George Lucas, por su parte, había revolucionado el cine de ciencia ficción con “Star Wars”.

Ambos revolucionaron además, a principios de la década de los ochenta, el de aventuras con “En busca del Arca Perdida”, una superproducción con guión de Laurence Kasdan (basado en premisas e indicaciones de Lucas) y dirigida con una brillante personalidad por Spielberg.


Parodia y a la vez homenaje de los seriales de las sesiones matinales de los años treinta, de las películas de aventuras clásicas, de las novelas también clásicas de escritores como Jules Verne o Émile Salgari, de muchas producciones de serie B, del pulp e incluso de las comedias clásicas emparentadas con el slapstick, fue uno de los más grandes éxitos de su década, dio lugar a tres secuelas hasta la fecha y creó a uno de los héroes por excelencia del cine moderno.


Indiana Jones era un profesor de arqueología obsesionado por conseguir grandes tesoros de la antigüedad de fondo bondadoso aunque también ambiciosísimo (y tendente a la avaricia camuflada con autoengaños), muy amigo de sus amigos, mujeriego empedernido, guapo y cínico, tierno, risueño y valiente aunque con un miedo fatal a las serpientes.

Interpretado de manera genial por Harrison Ford, ha quedado en la memoria colectiva con su látigo y su sombrero y se ha convertido en todo un icono de la cultura moderna, imitado hasta la saciedad con mayor o menor fortuna pero jamás con idéntico carisma.


“En busca del Arca Perdida” es una espléndida fusión de cine de aventuras de aura clásica, de filme fantástico y de comedia en la que todo homenaje y referencia posible entra desde un punto de vista romántico, paródico y nostálgico: el cine negro y el bélico, el slapstick, la comedia romántica, la acción, la intriga, el terror y la fantasía esotérica más delirante.


Indiana Jones y su antigua amante Marion (una mujer de armas tomar nada remilgada y alejada de estereotipos machistas a la que da vida Karen Allen) se enfrentan junto a Salhah (un divertidísimo John Rhys-Davies que se convertiría en uno de los principales secundarios de la saga) a los nazis, que quieren hacerse con el Arca de la Alianza y que están guiados por Belloq (carismático Paul Freeman), el arqueólogo rival del protagonista.


La mezcla de comedia, acción frenética y misterio funciona a la perfección y Spielberg y Lucas nos regalan escenas inolvidables: el prólogo al completo (el ídolo, la piedra rodante, la persecución a través de la selva), la lucha en el bazar, la bajada a las ruinas, la huida en el avión y, sobre todo, el terrorífico momento en el que el Arca es abierta, magistral secuencia donde los fantasmas del Antiguo Testamento arrasan con la soberbia nazi al “ritmo” de la onírica música de John Williams.

Cargada de localizaciones exóticas, de momentos cómicos magníficos y de las mencionadas escenas para el recuerdo, “En busca del Arca Perdida” supuso un punto de inflexión, una renovación total del cine de aventuras familiar que tuvo y sigue teniendo miles de imitaciones (“Tras el corazón verde”, “La Momia”, “Piratas del Caribe”… Unas más afortunadas y otras menos).