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miércoles, 20 de marzo de 2024

SUTTREE. LA CRÓNICA DE LA VIDA MARGINAL EN LOS USA SEGÚN CORMAC MCCARTHY

SUTTREE de Cormac McCarthy - 1979 - ("Suttree")

"Suttree" es la cuarta novela de Cormac McCarthy y, sin ser tan conocida como "Meridiano de sangre", las tres partes de la "Trilogía de la frontera" o "La carretera" es, pienso, una de sus mejores obras.

Alejada en género, que no en estilo (aquí todavía más barroco a veces que en otras de sus creaciones), ni en ambientación, ni en en temas a otras suyas, narra la historia de Cornelius Suttree, un hombre de edad indeterminada (aunque se intuye que es joven o relativamente joven) que ha abandonado una vida presumiblemente acomodada para llevar otra sin ataduras en una casa flotante, como pescador, en el río Tennessee a su paso por la ciudad de Knoxville, en los años 50.

Se ha dicho siempre que esta novela es semi-autobiográfica y que en el personaje de Suttree hay mucho de McCarthy, que pasó largas temporadas recorriendo los caminos de los Estados Unidos y de México  y viviendo de un lado en otro.

Suttree es un personaje tan enigmático como patético y encantador, y es una prueba de la capacidad para construir caracteres profundos que nunca pierden el interés y cuyos huecos quien lee la novela ha de rellenar de su autor. 

De su vida pasada se nos van dando pinceladas o escenas significativas que son poco abundantes (encuentros con familiares o con conocidos de otros tiempos). Sabemos que está siempre atormentado: huye de algo, de algo de su mencionada vida anterior. Y ha cometido errores, por supuesto, y los sigue cometiendo. Y es egoísta y cobarde además con respecto a esto. No obstante, también es una buena persona: ayuda a todo el mundo, aunque no sea su amigo, y siempre muestra la mejor solidaridad con quien se encuentra en el camino. También tiene éxito con las mujeres, aunque sus relaciones parecen estar marcadas por el fatalismo.

La cuarta novela de Cormac McCarthy sigue una estructura fragmentada que a veces cambia ligeramente, en ciertos pasajes, su propio estilo literario. Vamos saltando de escenas cotidianas a otras protagonizadas por Suttree y por los personajes que le rodean, la mayoría de ellos pobres, mendigos, desheredados, gente que vive al límite o en la miseria. A veces, tenemos despliegue de pensamiento interior: a veces, momentos alucinógenos o flashbacks.

"Suttree" es un retrato de los seres más perdidos de los Estados Unidos, de esos que son arrasados sin miramientos por el fallo del Sueño Americano y que se ven obligados a malvivir de cualquier manera. También cometen sus fallos, claro, pero igualmente la pobreza, la violencia atávica, las adicciones, el racismo, la brutalidad policial, la imposibilidad de superar un mal ambiente o de salir adelante de forma honrada están ahí. La novela recorre muchos temas sociales que siguen bien candentes, por desgracia, hoy en los mencionados USA.

Todos los personajes tienen carisma y todos son fieramente humanos y creíbles. Incluso los que aparecen en un par de capítulos resultan tangibles. En especial, Ab Jones y Gene Harrogate me resultan geniales: los dos contrapuntos de Suttree, sus dos mejores amigos, y los dos que están casi siempre presentes en la trama. Dos secundarios inolvidables (curiosamente, el segundo de ellos muy humorístico: no suele haber humor en las novelas de McCarthy, o por lo menos no demasiado).

Se dice mucho que el río, en este caso el mentado Tennessee, lleno de hermosura natural y de inmundicia humana, es un protagonista más de la trama y un símbolo de la vida que pasa, del fluir de las personas y de los hechos. Yo lo veo también, desde luego.

"Suttree", que es una de las novelas más celebradas de su autor por la crítica, pienso que debe ser reivindicada más. Es un viaje maravilloso, brutal, crudo y a la vez bello por la desolación pero también por la amistad, por el compañerismo de quienes no tienen nada, por la luz que existe en medio de la peor oscuridad.

viernes, 4 de junio de 2021

HIJO DE DIOS. UNA NOVELA SUGESTIVA SOBRE LA AMBIGÜEDAD DE LA ATROCIDAD

HIJO DE DIOS de Cormac McCarthy - 1973 - ("Child of God")

"Hijo de Dios", la tercera novela de Cormac McCarthy, me parece la novela que inaugura la plena calidad y personalidad de este autor.

Menos "sucedáneo de Faulkner" que la primera y menos metafórica y críptica que la segunda (ambas están comentadas en esta etiqueta), aunque absolutamente intransferible en personalidad autoral, narra una historia que él mismo dijo que estaba inspirada en la de un individuo anónimo que fue un personaje real. El nombre que le da aquí es Lester Ballard.

En su momento, obtuvo críticas buenas, pero no un gran éxito comercial. Ha sido revalorizada poco a poco conforme el resto de la obra de McCarthy se ha ido haciendo más famosa con el paso de los años (y tuvo posteriormente una adaptación cinematográfica en 2013 dirigida por James Franco).

"Hijo de Dios" es un libro incómodo. Lo podríamos catalogar como una novela de psicópata, aunque también es un retrato social. 

Lester Ballard, su protagonista, es un hombre desheredado, al que le quitan todo, y que se ve completamente apartado de la sociedad en plena naturaleza. Su humanidad queda reducida a un estado prácticamente cavernícola, y entonces empieza a cometer crímenes brutales, monstruosos muchos de ellos. Y el autor lo describe con una humanidad, valga la redundancia, sincera y aplastante. Lester es "un hijo de Dios más o menos como tú".


Cormac McCarthy se aleja de todo maniqueísmo, de todo juicio. Retrata, simplemente. La violencia y la desazón de la persona radicalmente dada de lado por el mundo. La frialdad total y un llanto repentino. La perversión sexual más atroz y el acto delicado y patético más inesperado. Y, por supuesto, la belleza y la crueldad de la naturaleza (una vez más, la Norteamérica profunda vuelve a ser un personaje más, con sus paisajes preciosos y sus pueblos miserables en el camino).

"Hijo de Dios" nos pone ante una bifurcación moral muy dura y constante. Su protagonista nos repugna y nos apena, nos resulta odioso y terrorífico y a la vez digno de lástima. Sus vecinos son también de todo tipo: hay actos cotidianos magnánimos en ellos, pero también machismo, racismo o juicios improvisados y violentos al margen de las leyes.


Lester Ballard es un monstruo, pero la sociedad que le rodea a veces no es como él porque simplemente no está en su estado de indefensión total. Nos preguntamos constantemente, durante la lectura, qué habría sido de una persona así si el Estado, por ejemplo, se hubiese ocupado de ella, si le hubiese ayudado o protegido u ofertado servicios para sacarlo de la miseria extrema. 

Esto, pienso, hace inmensa a una novela fantástica, breve, en la que el estilo de McCarthy termina de centrarse y encontrar su lugar. Su alternacia de frases largas y cortas, su poética barroca, sus diálogos escuetos, sus momentos líricos, su renuncia al uso de las marcas para estos referidos diálogos.

"Hijo de Dios" se ambienta en el condado de Sevier, en Tennesis. Hay muchos lugares reales y hechos históricos mencionados en la novela. Esto no sentó bien a muchos vecinos de la zona en el momento de su publicación.

La tercera novela de Cormac McCarthy me parece una obrita redonda, sugestiva, moralmente llena de preguntas interesantes, socialmente demoledora y estéticamente bellísima. Creo que tiene que ser reivindicada más.

jueves, 22 de octubre de 2020

LA OSCURIDAD EXTERIOR. CORMAC MCCARTHY EXPERIMENTA CON SUS CONSTANTES

LA OSCURIDAD EXTERIOR de Cormac McCarthy - 1968 - ("Outher Dark")

"La oscuridad exterior", terminada en Ibiza, en donde Cormac McCarthy residió una temporada, es su segunda novela después de "El guardián del vergel", y en ella se vuelven a anticipar, ya de forma más clara, varias de las constantes básicas de su obra posterior.

Ambientada en su habitual Norteamérica profunda, en un entorno rural alrededor del año 1900, narra la historia de dos jóvenes hermanos que viven en una cabaña, en la miseria más absoluta, y que tienen un bebé común que Culla, el chico, abandona en el bosque.

Rinthy, la chica, parte a buscarlo, y Culla va tras ella. A partir de aquí, se extiende un viaje (otra de las constantes del autor) a través de parajes naturales tan bellos como amenazantes y de pueblos y pequeñas ciudades en los que aparecen lugareños tan hostiles como solidarios.

La contraposición del bien y el mal queda expuesta desde un primer momento: Culla suele recibir el maltrato de las personas que se encuentra, mientras que Rinthy suele ser ayudada, muchas veces de forma desinteresada, tanto por gente acomodada como por gente tan pobre como ella. Todo desembocará en circunstancias bastante inesperadas.

"La oscuridad exterior" es una novela críptica, simbólica, muy oscura. Parece delinear un camino de purgatorio para los protagonistas, de descenso a los infiernos y de ascensión a la redención o a la asunción de los pecados cometidos.

Hay referencias a la Biblia en la trama, que se articula como un itinerario moral, de penitencia, o por lo menos así la veo yo. Sin embargo, también es un retrato social brutal de la Norteamérica del cambio de siglo, en la que conviven las carretas y los vaqueros, los restos de un mundo que se acaba para bien y para mal, con algunas primeras máquinas como los refrigeradores para el agua y los refrescos que ya se encuentran en algunos establecimientos de la época.

Estos temas se pueden encontrar posteriormente en la famosa "Trilogía de la frontera" del autor. Aquí, también, los protagonistas se encuentran en su camino con desheredados de toda clase: personas que no tienen nada, que malviven en los bosques o en las carreteras, que están enfermas o perdidas en una vida de brutalidad sin salida.

McCarthy ya pone en esta historia, de forma definitiva, un pie en lo tétrico y en lo grotesco, y también en lo sangriento: otras constantes de su obra. Los seres que pueblan la novela, tanto los bondadosos como los malvados, van sucios, desarrapados, y a veces son incluso directamente deformes o están tan vapuleados que lo parecen. 

En esta galería cobran especial importancia los tres extraños y simbólicos personajes que pisan los talones de los protagonistas y que separan con incisos protagonizados por ellos los pasajes principales de la novela: parecen una fuerza ambigua del mal, un ente, una personificación del castigo y de la purga; anticipan claramente a personajes de McCarthy como el Juez Holden de "Meridiano de sangre" o Anton Chigurh de "No es país para viejos".

"La oscuridad exterior" es como he dicho muy críptica, muy oscura. Tiene pasajes terroríficos y otros absolutamente metafóricos (a menudo, mezclados). Está abierta a muchas interpretaciones: a mí me ha inspirado la que he comentado, la que está relacionada con la alegoría cristiana, pero seguro que a otros les desatará otras, valga la redundancia.

No me parece la mejor novela de este autor. Es todavía primeriza, y su desenlace puede resultar decepcionante de tan abigarradamente oscuro, retorcido y simbólico que es (además de anticlimático). 

Sí que está escrita maravillosamente, con ese estilo seco y brutal pero bellísimo, barroco a veces, de diálogos escuetos y sencillos pero llenos de significado que caracterizan a este creador.

"La oscuridad exterior" no es plato del gusto de todos y en ella McCarthy todavía está experimentando con sus temas y filias. Es sin embargo, como todo lo suyo, estimulante y original, con pasajes geniales y sorpresas que se salen de la norma. Novela muy personal y arriesgada que anticipaba una carrera literaria gloriosa.

domingo, 22 de marzo de 2020

EL GUARDIÁN DEL VERGEL. LOS INICIOS FAULKNERIANOS DE CORMAC MCCARTHY


EL GUARDIÁN DEL VERGEL de Cormac McCarthy - 1965 - ("The Orchard Keeper")

"El guardián del vergel" es la primera novela del norteamericano Cormac McCarthy. La publicó en 1965 y con ella empezó, poco a poco, su fulgurante carrera en el mundo literario.

Encontramos en este debut muchas de las constantes que estarían presentes en sus obras posteriores. Está ambientada en su querida y siempre recurrente Norteamérica profunda, en una localidad pequeña de algún lugar de Tennessee, y en el periodo de entreguerras.

La mencionada Norteamérica profunda es un personaje más de la novela, y las acciones de los personajes humanos están unidas de forma indisoluble al paisaje y a sus efectos. Estamos en un mundo violento, en el borde de la ciudad y el campo, donde seres marginados de todo pelaje llevan vidas a veces al límite.


McCarthy escribe de lo que conoce bien: de la vida de los desheredados, de los pobres, de los que vagan de un lado a otro perdidos sin encontrar su lugar en el mundo. Habla de falta de oportunidades, de fatalidad, de brutalidad, de azar escabroso, de violencia atávica, pero también de bellos sentimientos como la amistad.

Su estilo es abigarrado. Bebe de Faulkner (se nota que su sombra sureña es alargada). Recarga descripciones buscando que se puedan tocar. Mezcla flujos de acción y pensamiento. Y, y esto es una de sus señas personales, elimina los guiones de atribución de diálogo (pero lo hace con soltura y coherencia: no es un impedimento para la lectura en absoluto).


La trama es conscientemente errática: es un conjunto de trozos de vida. Varios personajes se van cruzando entre pueblos y caminos, y la sociedad de los USA profundos de ese tiempo queda retratada en un fresco riquísimo, agudo.

Los protagonistas viven como he dicho en los márgenes de la sociedad, y por obligación. Abandonados por el gobierno y por la vida, son supervivientes, rateros, ermitaños. Pasan necesidades y luchan.

"El guardián del vergel" no es una novela perfecta. McCarthy está puliendo en ella todavía su estilo y su desenlace es algo confuso. Pero ya apunta maneras de gran escritor y ya va abriendo el camino de las maravillas que todavía estaban por llegar.


miércoles, 2 de octubre de 2019

LA CARRETERA. LA ESPERANZA QUE BRILLA EN MEDIO DEL TERROR MÁS OSCURO


LA CARRETERA de Cormac McCarthy - 2006 - ("The Road")

Cormac McCarthy es un autor que casi nunca deja indiferente. Por violento y por oscuro, sí, pero también por sorpresas increíbles e inesperadas que nos regala en prácticamente todas sus novelas.

"La carretera" me impactó muchísimo. Y todas las veces que la he leído me ha dejado igual de destrozado y, a la vez, esperanzado. Porque aunque sea una novela negrísima, post-apocalíptica, esconde uno de los mensajes más bellos que tenido el gusto de descubrir en su obra.


A veces, este autor norteamericano es terriblemente pesimista. Ocurre en "Meridiano de Sangre". Otras, es extrañamente tierno, a pesar de que prácticamente todas sus historias están llenas de brutalidad. Ocurre en la "Trilogía de la Frontera" o en "Suttree". Y también en la que hoy comentamos.

"La carretera" narra el viaje de un padre y un hijo sin nombres que siguen una carretera, valga la redundancia, hacia el sur por una Norteamérica profunda que ha sido destrozada, como el planeta entero al parecer, por un apocalipsis del que nadie sabe nada pero cuyas causas todos imaginan (posiblemente, alguna catástrofe o guerra de carácter nuclear a nivel mundial).


Ambos buscar el calor, la comida y una vida mejor huyendo, una vez más, de los seres humanos, que vuelven a ser los animales más salvajes y crueles de todos y, aquí, los únicos que quedan en la Tierra prácticamente (se ha extinguido casi toda la vida que conocemos).

En un ambiente de ceniza y lluvia constante, sin un solo lugar para la luz y marcado por las heridas abiertas de las ruinas de lo que fue la civilización se desarrolla "La carretera"; en un ambiente en el que no hay absolutamente ninguna esperanza para el hombre, que se dedica a practicar el canibalismo para malvivir y que nunca podrá volver a ser lo que era (por lo menos en varios siglos).

La sensación de impotencia es total: McCarthy no da una sola tregua al lector, que poco a poco se va sumergiendo en una espiral de pesimismo negrísima que llega, literalmente, a aplastarle.


Fuego, hambre, miseria extrema, violencia y sangre por doquier, insolidaridad, ciudades abandonadas y una población mundial que posiblemente haya quedado reducida al cinco por ciento de lo que fue se intercalan con flechazos de una vida anterior que ya no volverá.

Los dos protagonistas, sin embargo, son muy distintos: el padre sólo vive para la superviviencia; el hijo, aunque no ha conocido el viejo mundo, ha desarrollado un fuerte sentimiento solidario que puede acabar, por desgracia, costándole la vida.

El tira y afloja entre ambos es constante, aún mientras son acosados por bandas de caníbales o por merodeadores que quieren matarles o quitarles lo que tienen.


McCarthy, que escribió "La carretera" como homenaje a su propio hijo, nos sorprende con un alegato extrañamente esperanzador, siempre coherente, por la fraternidad y por la mencionada solidaridad, que termina brillando en medio de la barbarie más absoluta e irremediable.

El estilo del autor, abigarrado pero fluido, cargado pero ágil, delinea un mundo terrorífico y macabro, con adjetivos que duelen, con acciones descritas con un horror ya cotidiano que chocan sin cesar con la comodidad de quien lee el libro.

Los diálogos son escuetos, fríos, agotados, pero están llenos de significado y describen perfectamente a los personajes en solamente unas pocas pinceladas.


"La carretera" no es una novela fácil. Es dura, no hace concesiones, y puede llegar incluso a ser insoportable en algunos pasajes. Y, sin embargo, es brillante, y sabe sacar lo mejor del ser humano en donde aparentemente no iba a surgir nada.

Lo pasarán mal con ella, seguro. Pero también se sorprenderán con uno de los mensajes más esperanzadores que ha dado nunca la literatura moderna. Porque, a pesar de todo, la vida merece la pena.

En 2009, el australiano John Hillcoat dirigió una adaptación más que notable que recomiendo también y que capta a la perfección toda la esencia de esta imprescindible novela.


miércoles, 27 de febrero de 2019

MERIDIANO DE SANGRE. LA HISTORIA DE LA VIOLENCIA ATÁVICA DE LOS USA


MERIDIANO DE SANGRE de Cormac McCarthy - 1985 - ("Blood Meridian or the Evening Redness in the West")

Muchos escritores americanos se pasan la vida tratando de escribir su "gran novela americana". Muchos escritores que no son americanos, también. Hay muchas definiciones de lo que debería ser eso de "gran novela americana". Independientemente de cuáles sean, "Meridiano de sangre" entra en esta categoría.

Cormac McCarthy saltó a la gran fama cuando los incombustibles hermanos Coen adaptaron su novela "No es país para viejos". Luego, llegó "La carretera", y su correspondiente versión cinematográfica. Y de repente se convirtió en un escritor de best-sellers y hasta sonó su nombre (y sigue sonando) para el Nobel.


Ya era muy reconocido antes de todo esto. "Meridiano de sangre", de 1985, tenía miles de seguidores, y lo mismo se podía decir de su espléndida "Trilogía de la frontera" (cuyo primer volumen, "Todos los hermosos caballos", había sido adaptado ya al cine en el año 2000 por Billy Bob Thornton).

En su obra, ambientada muchas veces en la frontera entre México y los Estados Unidos, abundan los personajes al límite, presas de un destino fatalista y de un mundo violento, que se mueven en la naturaleza indómita y que viven alejados de las normas de la civilización. Ya sea en el pasado, o en el presente.


"Meridiano de sangre" es un western. Un western de altura. De mucha altura. Barroco, con pasajes crípticos y metáforas sugerentes, es también un libro cargado de acción frenética. Es, por momentos, pura casquería. Es el salvaje oeste tal y como debió de ser.

McCarthy explora la violencia atávica de los USA, sus inicios, los que marcarían su posterior culto al capitalismo agresivo, a la supervivencia. Un grupo de bandidos y mercenarios, dirigidos por dos bestias llamados Glanton y Juez Holden, cruzan entre los mencionados USA y México realizando primero misiones gubernamentales y luego matanzas indiscriminadas y descaradas.


Un chaval narra la trama. El chaval no tiene nombre. Y es testigo de toda la brutalidad de un mundo que se descompone, de una cultura que se asienta peligrosamente sobre la aceptación resignada de la ley de la jungla.

El Juez Holden, uno de los personajes más míticos de la historia de la literatura americana, una suerte de homenaje a Moby Dick, una suerte de dios malévolo, aleatorio y cruel, deshumanizado y carismático, es el ávatar de esta violencia. Un carácter enigmático, pura metáfora, abierto a todo tipo de interpretaciones y del todo inolvidable, de pesadilla y a la vez extraordinariamente atractivo.


El paisaje, descrito por McCarthy como una especie de desierto lunar, como una planeta infernal, es el otro protagonista. En todos sus libros lo es, pero aquí es un círculo de Dante natural: también es pura metáfora del vagar por un purgatorio interminable.

Alabada apasionadamente por Harold Bloom y considerada una de las novelas más influyentes del pasado siglo, "Meridiano de sangre" es un delicioso e impresionante viaje al horror en el que se fundó la historia de la gran potencia mundial que hoy hace y deshace a su antojo en todo el planeta.