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martes, 21 de julio de 2026

CIEN AÑOS DE SOLEDAD. EL CLÁSICO INSTANTÁNEO UNIVERSAL DE GARCÍA MÁRQUEZ

CIEN AÑOS DE SOLEDAD de Gabriel García Márquez - 1967 - ("Cien años de soledad")

De "Cien años de soledad" podríamos estar hablando horas y horas y seguir sacándole jugo. La novela estrella de Gabriel García Márquez, la que terminó de lanzarle al firmamento y de instalar en la cultura de masas el realismo mágico es una de las grandes obras maestras de la historia de la literatura y es una de esas novelas que, perfectamente, podemos decir que "va de todo".

El pueblo del caribe colombiano llamado Macondo (inspirado en su propio pueblo, Aracataca) ya había aparecido en "La Hojarasca" y en varios cuentos previos del escritor y también había sido nombrado en otros de estos cuentos o en "El coronel no tiene quien le escriba" y "La mala hora" (estas novelas y dichos cuentos, reunidos en "Los funerales de la Mamá Grande", están también en esta etiqueta del blog, por cierto). Aquí, no obstante, es el protagonista absoluto y un personaje más.

Gabriel García Márquez escribió "Cien años de soledad" durante dieciocho meses, entre 1965 y 1966, en Ciudad de México, y después de que Seix Barral de Barcelona la rechazase, la novela fue publicada en 1967 por Editorial Sudamericana de Buenos Aires, siendo un éxito instantáneo y fulminante.

La epopeya narra la historia del mencionado Macondo desde su fundación hasta su destrucción, que corre paralela a la de una de sus familias fundadoras, la familia Buendía. Narrada en tercera persona por un narrador que ya conoce los hechos, en un tono de leyenda cotidiana, "Cien años de soledad" trata montones de asuntos y presenta a una de las galerías de personajes más inolvidables de la literatura.

La riqueza con la que García Márquez reconstruye la historia del pueblo desde su fundación hasta su final, alternándola con la de los montones de seres humanos que lo van poblando, es espectacular. También lo es su descripción de costumbres y de eventos históricos que alzan a Macondo y que a la vez lo hunden y que lo convierten en un pueblo que puede ser perfectamente un símbolo de la propia Colombia en su conjunto e incluso del propio continente sudamericano en su conjunto, valga la redundancia.

El asunto central de la novela, ubicada temporalmente entre mediados del siglo XIX y mediados del XX, es la soledad. La hay de todos los tipos: física y emocional, familiar y amorosa, social e intelectual. El título de la novela lo indica. Alrededor giran otros (montones) como el paso del tiempo, la concepción circular y de eterno retorno de este paso del tiempo, los errores generacionales que no dejan de repetirse, el destino ya marcado y el libre albedrío, la memoria individual y colectiva, el olvido, la muerte, la familia, el amor, la amistad, la violencia atávica colombiana y la violencia que nace de la pasión, el poder y su mal uso, la opresión estatal, la guerra, la corrupción, los problemas de la modernización y del progreso, el colonialismo comercial de los Estados Unidos en Sudamérica, la pobreza, el odio.

Lo articula todo el mencionado realismo mágico, "lo real maravilloso": los hechos más cotidianos conviven en el pueblo con lo extraordinario, lo mágico. Lo hemos visto en otras obras largas y cortas del autor como las antes mencionadas, pero nunca hasta sus últimas consecuencias, lo que además crea hábiles metáforas y simbolismos que complementan a la obra.

"Cien años de soledad" tuvo desde su publicación un impacto inmenso en la cultura universal y todavía lo tiene. Es una delicia de la lectura, una novela llena de contenidos universales y a la vez puramente colombianos y sudamericanos y un retrato humano que nunca dejará de mostrarnos como somos. Clásico imprescindible.

miércoles, 15 de julio de 2020

LA HOJARASCA. EL DEBUT DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ Y EL DEBUT DE MACONDO


He comentado en este blog tanto "El coronel no tiene quien le escriba" como "La mala hora" de Gabriel García Márquez. He reseñado también su libro de relatos "Los funerales de la Mamá Grande".

Estos tres libros están enmarcados en el ciclo de Macondo, su pueblo ficticio famoso, aunque las dos novelas están ambientadas en otro pueblo que parece serle bastante cercano geográficamente (y que por supuesto está emparentado con su historia y con muchos de sus personajes).


Antes de comentar "Cien años de soledad", su novela cumbre y la que le hizo célebre del todo, quería reseñar la primera de ellas, que he releído estos días y que había dejado para esta ocasión: "La hojarasca".

Menos perfecta que las dos posteriores, esta novela corta supuso el debut del autor colombiano en la obra más larga. Y ésta sí que está ambientada en el propio Macondo.

"La hojarasca" es un laboratorio de pruebas en el que García Márquez experimenta con su mundo posterior, que llegaría a ser riquísimo y una alegoría de la Colombia e incluso de la Sudamérica de los siglos XIX y XX.


Encontramos en este libro muchos de sus temas habituales. El esencial: las relaciones humanas podridas en un lugar donde la sociedad está dividida por los rastrojos de una guerra y por el tajo político radical que ha quedado tras ella y, también, por el capitalismo brutal de las compañías de frutas extranjeras.

"La hojarasca" está narrada, al contrario que las mencionadas novelas siguientes del autor, en primera persona.


Tres personajes guían la trama: un niño, su madre y su abuelo. Y la trama comienza a desplegarse con la muerte de un médico de Macondo que llevaba diez años esclaustrado en su casa, sin salir y sin ver a prácticamente nadie, tras un hecho que se irá progresivamente desvelando.

Gabriel García Márquez nos habla por primera vez de hipocresía, de insolidaridad y egoísmo, de violencia atávica y política, de dictadura, de oscurantismo y fanatismo religioso, de pobreza, de machismo, de frustración vital, de personas condenadas a destinos amargos.


El ambiente de Macondo también empieza a perfilarse. Es un ambiente cerrado y a la vez luminoso, colorido pero amenazante, donde el calor se puede sentir y tocar, donde las calles desiertas a la hora de la siesta esconden casas en las que reinan oscuras historias y secretos.

Hay también aquí, por vez primera, un poso de realismo mágico, e igualmente ya aparecen mencionados personajes que serán muy importantes en historias posteriores del autor, como el famoso coronel Aureliano Buendía.


"La hojarasca" es una novela que no es perfecta. Su narrativa se atropella un poco a veces, y hay algunas incoherencias (especialmente con respecto a todo el universo posterior que se iba a empezar a articular en torno al omnipresente Macondo y sus alrededores). Es también la primera novela del autor: es normal.

Sin embargo, es corta, es ágil y ya da muestras del genio incipiente del escritor que nos traería obras tan maravillosas e inolvidables en los años siguientes. Recomendable, desde luego.


lunes, 12 de agosto de 2019

LOS FUNERALES DE LA MAMÁ GRANDE. OCHO CUENTOS EN TORNO A MACONDO


Hace unas semanas comentaba aquí "La mala hora" de Gabriel García Márquez, uno de sus libros más políticos y uno de los menos recordados, eclipsado por sus grandes obras maestras.

Hoy, hablo del primer libro de relatos que publicó: "Los funerales de la Mamá Grande". Si bien sus primeros cuentos fueron recopilados en la colección "Ojos de perro azul" en 1972, fue éste libro el primero que reunió obras cortas suyas diez años antes.

"Los funerales de la Mamá Grande" está entre dos mundos en la obra de García Márquez: entre las historias del pueblo fluvial en el que se ambienta la mencionada "La mala hora", también de 1962, y "El coronel no tiene quien le escriba", de 1961, y "Cien años de soledad", que vería la luz en 1967.


En estos cuentos aparecen personajes y temas que son propios tanto de ese pueblo, geográficamente cercano a su mítico Macondo (y con caracteres que comparten historias comunes con sus vecinos), y el propio Macondo.

Muchos de los asuntos e historias que aquí se recopilan están directamente relacionadas con las vidas de estos dos lugares imaginarios y muchos han sido también reciclados por el escritor para historias posteriores.

Los ocho cuentos de "Los funerales de la Mamá Grande" parten de anécdotas pequeñas, cotidianas, y dibujan, por medio de la sugerencia, del gran poder evocador del autor, los ambientes políticos estancados y opresivos que hemos encontrado en sus novelas anteriores.


Todos suelen estar construidos con diálogos breves, y todos transpiran el poder del escenario que caracteriza tanto a García Márquez: esos pueblos de la Colombia caribeña o cercana al Caribe aplastados por el calor se pueden tocar y son un personaje más en este gran microcosmos que no paraba entonces de crecer.

"La siesta del martes" es un retrato de la desesperación de la pobreza magnífico, de los que se ven obligados a robar por necesidad y que encuentran la fatalidad en la pura marginalidad y en la hipocresía.

"Un día de estos" es una anticipación de una de las mejores escenas de "La mala hora": un dentista se niega a sacar la muela al alcalde de su pueblo y ha de ser obligado por la fuerza. En apenas dos páginas, se delinea un brutal panorama político lleno de odio.


"En este pueblo no hay ladrones" es una pequeña obrita maestra sobre un personaje tan perdido como despreciable: Dámaso, un joven que roba las bolas de billar del salón del pueblo, uno de los pocos lugares de diversiones del lugar junto con el cine, y desata una espiral de terribles sucesos que sirven a García Márquez para hablar de machismo (Dámaso es un parásito que vive de su mujer y de una prostituta), de clasismo y de racismo (la culpa del robo se la echan a un negro forastero porque sí).

Con un ritmo perfecto, este tercer relato de la colección se me antoja uno de los mejores, y es también el primero que está ambientado en el pueblo de "El coronel no tiene quién le escriba" y "La mala hora".


También lo está "La prodigiosa tarde de Baltazar", una preciosa y lírica alegoría del arte y del capitalismo, de la pobreza y de la riqueza, en la que aparecen viejos conocidos de dichas novelas como el matrimonio de los Montiel y el doctor Giraldo.

"La viuda de Montiel" nos mantiene un poco más en este pueblo para completar al odiado personaje de "La mala hora": una mujer cuyo marido se enriqueció con la persecución política de los demás (como don Sabas, el otro gran explotador del pueblo) y que, tras su muerte, vive en la tumba en vida de su propia gran casa, rodeada de lujos que no le sirven para nada.

"Un día después del sábado" sí se desarrolla ya en Macondo, y en sus líneas aparecen personajes clave de esta novela como Rebeca y el padre Antonio Isabel. Entra de lleno aquí el Realismo Mágico con la también famosa lluvia de pájaros de "Cien años de soledad".


Creo que este cuento, para mi uno de los más flojos de la colección, era un campo de pruebas de García Márquez, pues es algo confuso en su estructura y en su mensaje y, además, tiene bastantes incongruencias con respecto a la mencionada "Cien años de soledad".

"Rosas artificales" vuelve por última vez al pueblo fluvial del coronel que no recibía su pensión de veterano y recupera a Mina, la hacedora de rosas artificiales de "La mala hora", para retratar la frustración vital y sexual de los jóvenes en una historia de desencuentros generacionales duros e intransigentes.


LOS FUNERALES DE LA MAMÁ GRANDE

Y llegamos al final con el cuento que da título al libro: "Los funerales de la Mamá Grande", otro de los mejores y que vuelve de nuevo a llevarnos hasta el paisaje de Macondo para asistir al funeral de esta mujer que le da título y que domina el pueblo y en realidad toda Colombia desde su podio.

Se ha escrito y dicho mucho sobre la identidad de la Mamá Grande, sobre si existió realmente, sobre si está basada en algún personaje colombiano popular. Hay muchas interpretaciones, y creo que las más acertadas son las que la colocan como un símbolo de la tiranía.


La Mamá Grande, sin ser dueña real de nada, lo domina todo. Es una suerte de dictadora divina, una matrona monstruosa que se asienta en su linaje para hacer y deshacer a su antojo mientras despliega un culto a su personalidad tan materialmente impresionante como moralmente paleto.

Dictadora casi feudal, hunde sus raíces en toda Colombia y más allá y es apoyada por los militares y la Iglesia, como lo fueron tantos y tantos gobiernos despóticos de Sudamérica. Ella misma corrompe el sistema y ella misma lo arregla, y engaña a un pueblo atrasado e inculto con espectáculos y distracciones de lujo y pandereta.


Y, sin embargo, es humana a pesar de todo, y se enfrenta a sus noventa y dos años a la muerte en un proceso grotesco y bochornoso que simboliza la futilidad de esos intentos de los dictadores por controlarlo todo eternamente.

García Márquez lo expresa a la perfección cuando describe cómo el propio pueblo no asimila que la Mamá Grande se va a morir en breve, como una humana cualquiera, al haberla tenido endiosada durante tantas y tantas décadas.


Por medio de una sátira brutal, realizada con humor, el gran escritor colombiano se burla de las grandes oligarquías tiránicas, del poder centralizado, del fanatismo, y baja a sus líderes a pie de calle, a ese Macondo que por vez primera es un símbolo de toda Colombia, de toda Sudamérica y de todo el mundo.

Imprescindible y genial relato el que cierra esta primera gran colección del autor de "Cien años de soledad". No pueden dejar de leerla.


viernes, 19 de julio de 2019

LA MALA HORA. LA NOVELA MÁS POLÍTICA DE GARCÍA MÁRQUEZ Y LA MÁS OLVIDADA


Si hay una novela de Gabriel García Márquez que ha quedado totalmente olvidada, esa es "La mala hora", su tercera obra tras la inmortal "El coronel no tiene quién le escriba" y la inmediatamente anterior a la también inmortal "Cien años de soledad".

Tal vez por ser algo atípica, por no tener grandes elementos de Realismo Mágico, por ser extremadamente política (la que más del autor colombiano) y por estar encajada entre dos obras maestras, haya quedado tan apartada dentro de una obra conjunta gloriosa.


En ella, volvemos al pueblo fluvial en el que transcurre la mencionada "El coronel no tiene quien le escriba" y retomamos a algunos de los personajes secundarios de ésta novela, que ahora son principales.

El coronel no aparece aquí, ni tampoco su mujer, y no sabemos exactamente si ocurre antes o después de su brutal historia, pero las pistas dejan claro que los hechos de ambas novelas son muy cercanos en el tiempo.

Volvemos a ese clima de podredumbre moral que ha dejado la guerra civil en la Colombia de su momento. La censura campa a sus anchas (política y religiosa), la desconfianza es total entre los vecinos, las clases más pobres pagan el pato y el ambiente es asfixiante.


Y, para colmo, aparecen en el pueblo unos pasquines aleatorios en los que, cada cierto tiempo, se desvela el secreto de alguien del lugar. Irónicamente, estos secretos no son secretos: todo el mundo conoce todos los trapos sucios de todo el mundo, quién se acuesta con quién, quién se aprovecha de quién, quién especula con qué.

Sin embargo, estos pasquines están a punto de destrozar el ambiente de paz en equilibrio que reina, paz que se ha conseguido callando al bando perdedor y dando al ganador todos los privilegios.

El inicio de la novela es espectacular. Tienen que leerlo (no voy a revelar nada). Y el desarrollo, compuesto de estampas vecinales que van retratando el lugar y completando a lo que se dijo de él en "El coronel no tiene quién le escriba", es perfecto: equilibra todos los momentos con ritmo y redondea a unos personajes inolvidables.


Recuperamos de la novela del coronel al padre Ángel, al doctor Giraldo, al cabrón de don Sabas, a los sirios de los almacenes del puerto, y se introducen a otros nuevos y muy interesantes.

Todos son profundamente humanos, y todos se mueven muchas veces entre lo bondadoso y lo egoísta, entre el fanatismo y la racionalidad, entre lo magnánimo y lo brutal.

El padre Ángel es un fanático religioso que vigila a los vecinos que van a ver las películas prohibidas por el régimen al cine pero que en su fuero interno se preocupa, aunque sea de forma paternalista e intransigente, por los problemas de su parroquia.


El doctor Giraldo se indigna por lo que ocurre a su alrededor, pero parece abotargado muchas veces por la pasividad. El dentista es valiente como nadie, y es de los pocos que vive abiertamente en contra del nuevo gobierno, pero solamente desde la actitud pasivo-agresiva que puede permitirse.

La viuda de Montiel asiste perpleja a un cambio de sistema que la ha enriquecido pero que la ha dejado sola en el pueblo, con sus hijos en Europa y su marido muerto y ella despreciada por todos.

Y don Sabas, uno de los caracteres más repulsivos de "El coronel no tiene quién le escriba", sigue aquí haciendo de las suyas y enriqueciéndose con la desgracia de los demás.


Hay un personaje que creo, sin embargo, que es el más interesante: el alcalde. Ambiguo, chulesco y soberbio, a veces lógico, a veces un auténtico ser mezquino, trata de llevar el pueblo que dirige lo mejor que puede pero siempre desde sus propios intereses y, para colmo, tratando de dignificar a su partido.

Es un personaje tremendamente humano porque refleja, pienso, las inconsistencias de cualquier tipo de ideología, las hipocresías de cualquier dirigente, que quiere ganarse a sus vecinos con gestos puntuales pero que no renuncia al poder ni a la riqueza en ningún momento.


Muchos de estos caracteres ya aparecieron, por cierto, en varios de los relatos de "Los funerales de la Mamá Grande", donde García Márquez ya delineaba su universo y su ciclo de Macondo, que comenzó con "La hojarasca", su debut.

Hablando de Macondo, hay que decir aparece mencionado varias veces, como en "El coronel no tiene quién le escriba". Sin embargo, el pueblo de estas dos novelas no es Macondo, si bien, por las pistas que se dan en ambas, las dos localidades han de ser geográficamente muy cercanas.


García Márquez consigue hacer de este lugar un personaje más y, como en su segunda novela, una alegoría de la situación política que retrata: un pueblo pequeño, cerrado, donde todos se conocen y se vigilan, oscurantista, dominado por la religión y, sobre todo, agotado por un calor atroz que deja las calles desérticas en sus peores horas y que simboliza perfectamente la opresión en la que todos viven.

"La mala hora", una de las obras más políticas del gran escritor colombiano, es también una de sus mejores novelas y, como he dicho, la más olvidada. Creo que es preciso reivindicarla porque no merece estar en el segundo plano en el que está.


jueves, 28 de febrero de 2019

EL CORONEL NO TIENE QUIÉN LE ESCRIBA. EL HORROR DE LA ESPERA Y DE LA REPRESIÓN


El propio Gabriel García Márquez dijo una vez que "El coronel no tiene quién le escriba" era su mejor obra. Y estoy muy de acuerdo con él.

Es también éste, creo, mi libro preferido de todos los del gran escritor colombiano. Por encima incluso de "Cien años de soledad" o de "Crónica de una muerte anunciada".

Publicado en 1961, "El coronel no tiene quién le escriba" es uno de los retratos sociales y políticos más desoladores que el inventor de Macondo escribió nunca sobre su Colombia contemporánea.


Contrariamente a otras obras suyas, ésta es lineal y directa, y no tiene apenas elementos de realismo mágico. Narra la historia de un viejo coronel que luchó en la Guerra de los Mil Días y que lleva décadas esperando la pensión de veterano que le prometieron, pensión que por supuesto nunca llega.

Este coronel sin nombre ha perdido además a su hijo, Agustín, asesinado por sus ideas políticas, y se pudre en la pobreza más absoluta con su mujer, enferma, en la decrépita casa que ambos tienen en su pequeño pueblo del Caribe. No tienen ingresos ni apenas dinero guardado, comen de puro milagro y se visten con ropa vieja.


Su única posesión es un gallo, el gallo de Agustín; un animal que es su última carta para sacar algo de beneficio en la gallera cuando llegue la época de las peleas.

El narrador sigue al coronel en los paseos por su destartalada aldea, sumida en el silencio de la dictadura, mientras va a esperar cada viernes la carta que le anuncie la concesión de la pensión, mientras da paseos sin dirección, mientras charla con su amigo el médico o con los amigos de su hijo, mientras discute con su mujer o con don Sabas, un político chivato y despreciable que se ha enriquecido aprovechando la coyuntura.


García Márquez capta perfectamente el horror de esta espera por medio de la lentitud de las acciones de sus personajes y de sus diálogos escuetos y, sobre todo, de la molicie de un paisaje aplastante: el mencionado pequeño pueblo, cercano a Macondo, en el que todo transcurre, un lugar estancado en el calor y en la censura, donde no hay nada que hacer y donde la vigilancia del disidente es total y violenta.

"El coronel no tiene quién le escriba" es un libro triste, incómodo: un viaje a ninguna parte angustioso y oscuro, deprimente, pero cargado de una dignidad tremenda y acompañado de un retrato político brutal y sin concesiones.


Su desenlace, sus metáforas (el gallo está abierto a miles), sus personajes y muchos de sus pasajes geniales, como el de la gallera, son ya historia de la literatura sudamericana.

Por cierto que en 1999 Arturo Ripstein adaptó esta gran novela al cine en una versión que creo que es casi perfecta porque captó todo el horror del libro y todo su ambiente empantanado: extremadamente recomendable también.