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viernes, 26 de marzo de 2021

LOS CACHORROS. ESTILÍSTICAMENTE ÚNICA, ARGUMENTALMENTE DEMOLEDORA

LOS CACHORROS de Mario Vargas Llosa - 1967 - ("Los cachorros")

Entre "La casa verde", de 1967, y "Conversación en la Catedral", de 1969, está, en la bibliografía de Mario Vargas Llosa, "Los cachorros". De hecho, es del mismo año 1967 de la primera novela mencionada.

Tanto la crítica como el público cataloga a esta obra a veces como relato y a veces como novela. Yo pienso, por su extensión, que se trata de una novela corta. También lo pienso porque los relatos de su autor, salvo algún caso aislado publicado aparte, se han reunido hasta este momento en un único libro: "Los jefes", de 1959.


"Los cachorros"
 me parece una (otra más) de las novelas gloriosas de la primera etapa del gran escritor peruano. Tanto por sus temas como por su estética fieramente experimental.

Voy a comentar primero esta última, porque me parece extremadamente única, extremadamente particular: Vargas Llosa articula su relato alternando continuamente la primera persona y la narración omnisciente. Como ejemplo, voy a copiar el primer párrafo de la novela aquí:

"Todavía llevaban pantalón corto ese año, aún no fumábamos, entre todos los deportes preferían el fútbol y estábamos aprendiendo a correr olas, a zambullirnos desde el segundo trampolín del Terrazas, y eran traviesos, lampiños, curiosos, muy ágiles, voraces".

Esta combinación como he dicho constante, unida a los recursos que habitualmente utilizaba entonces el autor, presentes en "La ciudad y los perros" y "La casa verde" (supresión de nexos, mezcla de los diálogos con la acción, libre fluir del pensamiento, introducción constante de onomatopeyas...), da a toda la novela una pátina de diálogo colectivo, de voz única coral que a la vez es caleidoscópica, que pocas novelas tienen.

Además, el ritmo, a causa de esto, es frenético: aciertan quienes dicen que en "Los cachorros" los lectores no pueden parar de leer porque el propio libro, ciertamente, parece estar siempre a punto de desbordarse.

Mario Vargas Llosa, especialmente en su primera etapa, fue un revolucionario de la pluma, y esta novela es una prueba de ello.

Pero vayamos además a su contenido, que, una vez más, como siempre en esta mencionada primera etapa, es absolutamente demoledor. En seis capítulos, el peruano nos narra la vida de Cuéllar, un niño de Lima, de clase acomodada (volvemos al recurrente barrio pijo de Miraflores) que es atacado por un perro violento y que, por ello, ha de ser castrado.

A partir de aquí, su vida se va al traste: le ponen de mote "Pichulita Cuéllar" en el colegio y ese mote se le queda para siempre, y aunque él trata de demostrar su virilidad destacando en los deportes o comportándose como un chulo (y llegando a ser popular por ello entre sus compañeros), acaba cayendo en la marginación social a pesar de pertenecer a la clase alta.

"Los cachorros" se emparenta con "La ciudad y los perros" en el retrato brutal y cruel que muestra de la adolescencia, aunque en este caso esta adolescencia pertenece, como he señalado, a la clase alta urbana limeña.

Sin embargo, va todo más allá: Varga Llosa lleva a Cuéllar hasta la edad adulta, a la que es incapaz de adaptarse, y por medio de su historia pone en la picota una vez más al Perú de su momento. Clasismo, machismo, violencia, hipocresía, moralidad rancia, conformismo, control religioso de la sociedad, culto a las apariencias y al dinero como valores supremos.

La castración del protagonista es además un símbolo de la castración de los individuos en una sociedad opresiva e inhumana, que sólo valora las posesiones materiales. El elemento bíblico hace a esta alegoría aún más irónica: el perro que lo castra se llama Judas. 


La burguesía
 de la Lima de los años sesenta, que tan bien conoció Vargas Llosa, es demolida sin piedad. "Los cachorros" es una novela muy triste por el destino de Cuéllar, pero también lo es por el destino de los demás personajes, especialmente sus cuatro amigos (Lalo, Choto, Mañuco y Chingolo), que están también condenados a una vida de miseria moral en plena abundancia, a matrimonios marcados por la incomunicación y a vivencias férreamente adscritas a un ambiente opresor, caduco, rancio, frustrante.

"Los cachorros" es otra obra maestra del primer Mario Vargas Llosa. Para mí, es una novela del todo imprescindible y que, además, se devora en una tarde. Descorazonadora en su crítica social y revolucionaria en su estética es decir poco.

viernes, 31 de enero de 2020

LA CASA VERDE. EXPERIMENTAL, RETORCIDA, VANGUARDISTA Y GRATIFICANTE


La segunda novela de Mario Vargas Llosa, "La casa verde", fue igual de rompedora que su debut, "La ciudad y los perros". En ella, volvía a narrar las vidas cotidianas de un grupo de personajes diversos del Perú de su tiempo, pero ahora cambiaba de ambiente.

El escritor abandona Lima para retratar la vida en las provincias de diversas zonas del país, muy diferentes entre sí. Los personajes no son ya tampoco, esencialmente, adolescentes, sino adultos.

"La casa verde" cambia de escenario sin cesar. Va desde la selva amazónica hasta el desierto, desde pueblos hasta ciudades, desde ciudades más grandes hasta ciudades más pequeñas.


Vargas Llosa estructura la acción alrededor de tres historias principales: la fundación de un prostíbulo en Piura, ciudad del norte del país; las andanzas de un grupo de vagos y vividores de esta misma ciudad en el que milita el sargento Lituma (personaje que volverá a salir en otras novelas del autor) y las desventuras de Fushía, un contrabandista de ascendencia brasileña y japonesa que malvive en la frontera de Ecuador.

Estas tres historias implican a muchos más personajes que los mencionados: tenemos todo tipo de caracteres, desde hombres de negocios a prostitutas pasando por parados crónicos, indígenas, monjas, policías, militares o bandidos.


Una gran cantidad de estratos sociales se mezclan, van y vienen, para volver a mostrar a través de sus aventuras cotidianas los problemas de Perú que a Vargas Llosa en aquel momento le obsesionaban: la violencia, la pobreza, la corrupción, el fanatismo religioso y militar, la intransigencia y la intolerancia, el machismo, la marginación de los pueblos indígenas, la falta de oportunidades que condena a la gente a vivir en la miseria.

Todo ello, como en "La ciudad y los perros", está narrado a golpe de recursos vanguardistas que todavía hoy siguen sorprendiendo.

"La casa verde" es una novela fieramente experimental, aún más que la anterior. Es un caleidoscopio de hechos fragmentados en el espacio y en el tiempo que se van completado conforme avanza la trama con una habilidad sin par.


Se mezcla lo real y lo imaginario, se salta entre escenas, se desliza el fluir del pensamiento de los personajes en la acción y hasta se concatenan diálogos que ocurren en diferentes momentos en el mismo párrafo (una técnica que a mi siempre me ha resultado muy cinematográfica y muy difícil de recrear en la literatura y que Vargas Llosa saca adelante sin fisuras).

"La casa verde" es una novela complicada, retorcida, pero muy gratificante. Es todo un reto delicioso tanto en sus temas como en su estilo. Otra gran obra de este escritor peruano, que volvía a marcarse un éxito rotundo.


martes, 24 de septiembre de 2019

LA CIUDAD Y LOS PERROS. EL INFIERNO MILITAR EN EL PERÚ MÁS CLASISTA


Mario Vargas Llosa siempre ha sido un escritor polémico y criticado. Tanto por la derecha como por la izquierda. Hoy, octogenario, sigue avivando polémicas, valga la redundancia. Lo cierto es que siempre lo ha hecho: desde su primera novela, "La ciudad y los perros".

Éxito fulminante, obra de culto instantánea, la obra debut del peruano fue una de las que dio el pistoletazo de salida al llamado "Boom Sudamericano" en 1963 y es, todavía hoy, una creación experimental y apasionante.


"La ciudad y los perros" le costó a Vargas Llosa muchísimo terminarla, como él mismo cuenta. La empezó en 1958 en Madrid y la concluyó en 1961 en París tras innumerables horas de agobiante trabajo a lo largo de esos años.

Tuvo, además, problemas con la censura española: fue el editor Carlos Barral, de Seix-Barral, el que consiguió publicarla tras sortearla.

No era para menos: "La ciudad y los perros" fue una novela revulsiva en su momento, tanto en España como en el Perú natal del autor. Por su estética y sobre todo por sus temas.


Mario Vargas Llosa estudió, entre 1950 y 1951, en el Colegio Militar Leoncio Prado, un centro educativo de Lima famoso en su momento por su sistema castrense estricto y brutal.

Allí, los alumnos viven sometidos a un régimen terrible y alienante ya no solamente de mano de sus profesores y superiores, sino también de mano de los estudiantes de los cursos más altos, que tratan a los recién llegados como a auténticos esclavos.


La cultura militar, muy reconocida y prestigiosa en el Perú de los años cincuenta y sesenta, es puesta en la picota de una manera brutal y sin ninguna concesión. "La ciudad y los perros" es despiadada, cruel, sexual, sucia, destructiva con el sistema al que critica.

Los alumnos del Leoncio Prado son terribles y viven pisoteándose unos a otros. El fuerte prevalece; el débil está condenado a ser machacado día tras día mientras espera que el curso termine lo más rápidamente posible.

Todo ello bajo la supervisión injusta, ambigua o directamente pasota de unos altos cargos del centro que consideran que valores como la hombría, la violencia, la agresividad, la disciplina y el sometimiento son deseables para la educación de los jóvenes.


Novela con muchos personajes, va todavía más allá de este colegio: retrata a todas las clases sociales de la Lima de su momento, que, como en muchísimas novelas posteriores de Vargas Llosa, ya va a ser un personaje más del relato de la que conocemos una gigantesca cantidad de barrios y lugares reales que dan fe de todos sus ambientes y problemas.

Se trata de una Lima clasista, de contrastes brutales, de ricos engolados y pobres miserables, de barrios relucientes y suburbios depauperados. En ella se mueven el Jaguar, el Poeta, el Esclavo, el Boa, Teresa, el teniente Gamboa y otros tantos personajes que pertenecen a la clase alta, a la baja, a la media.


Mario Vargas Llosa destroza sin piedad a la burguesía peruana y a su hipocresía, a los estamentos militares, a la moral religiosa e intransigente de su tiempo, para retratar una sociedad presa del culto a la apariencia y de la división radical de clases donde impera la frustración y la castración de todo tipo: desde la sexual hasta la artística o la emocional.

Se atreve incluso a tratar, a principios de los años sesenta, asuntos como la homosexualidad o el bestialismo. También está muy presente el racismo, clave de un Perú enfrentado, lleno de odios incluso entre habitantes de diferentes regiones, como los limeños y los serranos.


"La ciudad y los perros" es narrativamente un portento. Complicada en sus inicios, pronto se desvela como un armazón perfecto tanto temporal como de estilo.

Salta constantemente del pasado al presente y de un personaje a otro. Algunos, no sabemos exactamente ni siquiera quiénes son hasta el final de la novela. Pasamos de infancias a adolescencias y a edades adultas constantemente.

Y todo ello en diferentes estilos: narradores objetivos, fluir de conciencia, monólogos interiores y hasta "vasos comunicantes". Pocas novelas contemporáneas hay más extremadamente experimentales que ésta. Pero todo es coherente, todo está perfectamente construido, sin una sola fisura.


Basada en sus propias vivencias, pero con muchos personajes y hechos que Vargas Llosa reconoció que eran inventados, "La ciudad y los perros" fue un auténtico escándalo en Perú y en especial en el colegio en el que se ambienta.

Dice una muy conocida leyenda urbana que hubo incluso una quema pública de ejemplares en su patio: al parecer, no está confirmado del todo.

"La ciudad y los perros" es una novela básica para entender el "Boom Sudamericano" y el primer pilar de una de las narrativas más gloriosas de las letras en español, la de este escritor siempre polémico que es Mario Vargas Llosa.