Escritor. Creador de la tira cómica "Coaching para esclavos". Cinéfilo, melómano y superdotado con TDAH. Hablo por aquí de películas, series, libros o cómics que me gustan. También estoy en Twitter (@torres_criado), en IG (josetorrescriado) y en Bluesky (@josetorrescriado.bsky.social).
jueves, 21 de febrero de 2019
LA LEGO PELÍCULA. ASÍ DA GUSTO QUE QUIERAN VENDERNOS MUÑECOS
Es algo increíble que de un concepto a priori tan chorra e incluso absurdo como el de "La LEGO Película", creada descaradísimamente para promocionar el interminable merchandising existente y que queda por existir sobre estos muñequitos míticos nacidos en Dinamarca, se consiga sacar una saga cinematográfica completa que todavía está abierta.
Cuatro películas hasta ahora llevamos, y aunque la última de ellas desde mi punto de vista ha flojeado, hay algunas como la primera y sobre todo como la dedicada a Batman que me parecen absolutamente deliciosas. Empiezo hoy con esta saga entrañable.
En 2014 se estrena la primera "LEGO Película". La pareja artística conformada por Phil Lord y Chris Miller, autores de otras joyitas como "Lluvia de albóndigas", nos regalaron, contra todo pronóstico, porque lo cierto es que más de uno pensaba que una obra sobre unos juguetes que iban pasar la gorra no iba a salir bien, una pequeña y preciosa maravilla animada.
Y es que este debut en las pantallas grandes de los LEGO es una creación dignísima, entretenidísima, con un humor inteligente, con unas escenas de acción geniales e incluso con un mensaje con cierta hondura sobre la amistad, el compromiso, la familia, las relaciones variopintas y, sobre todo, contra los procederes de la gente de mente "cuadriculada" que nunca se arriesga a nada en la vida.
El filme está espléndidamente llevado, con ritmo y agilidad, y tiene personajes bien construidos, entrañables, con conflictos para niños y para adultos (e incluso con sus toques críticos referidos al capitalismo agresivo), con escenarios con un gran poder evocador y con un aura que recupera lo mejor que tuvo aquella mítica "Toy Story" que en 1995 llevó a Pixar a las estrellas.
Porque "La LEGO Película" es al fin y al cabo otra parábola lúcida y seria sobre la infancia y el paso a la madurez y sobre los sentimientos que se dan en estas etapas. Así, da gusto que a uno traten de venderle muñecos.
miércoles, 20 de febrero de 2019
LA ESPADA ROTA. UNA NOVELA DE FANTASÍA OSCURA PIONERA Y OLVIDADA
Es curioso que "La espada rota" se publicase en 1954, el mismo año que "La Comunidad del Anillo", el primer libro de la mítica trilogía de J.R.R. Tolkien.
El norteamericano Poul Anderson es un escritor esencialmente de ciencia ficción, y además de ciencia ficción "dura". Sin embargo, también incursionó en otros géneros, y creo que este viaje suyo al de la fantasía épica es una de las mejores aportaciones al género, valga la redundancia.
"La espada rota", influencia declarada de autores como Michael Moorcock, ha sido llamada en algunas ocasiones "El Señor de los Anillos Oscuro", tal vez por la fecha de su publicación y porque la Tierra Media también se basa en mitologías nórdicas.
Viajamos a la época vikinga. Anderson, en vez de inventar un mundo propio, nos lleva a una versión fantástica del nuestro. Escandinavia es un lugar oscuro y brutal, sin reglas y lleno de maravillas y peligros, en el que, sin embargo, está penetrando cada vez con más fuerza el Cristianismo. Por ello, la magia está también amenazada.
La propia mitología de los vikingos se mezcla con los mencionados mitos de los cristianos y con los cuentos de hadas clásicos en un espacio en el que dioses como Odín o Thor conviven con elfos, enanos o trolls.
"La espada rota" es una novela atípica para la época: no hay "buenos" y "malos" claros. No es maniquea: todos los personajes tienen escalas de grises. Los héroes, como los grandes caracteres de la literatura clásica, tienen muchos defectos y toman decisiones muy desafortunadas. Son magnánimos a veces, y son estúpidos o monstruosos en otras ocasiones.
También lo son los "personajes fantásticos": los elfos de Anderson son egoístas, desconsiderados, racistas incluso, y utilizan y manipulan a los humanos y a los enanos, a los que consideran razas inferiores, para lograr sus propósitos. Los trolls son por supuesto máquinas de matar, y las brujas de los cuentos son oscuras y temibles.
También son malditas las armas: la espada rúnica de Thor, la Tyrfing, posee y destruye a los que la usan y les condena a horrorosas maldiciones en su metáfora de la violencia y de la ambición y su poder corruptor y destructor.
La trama, impregnada de un fatalismo agridulce, con un desenlace que sugiere que Anderson pudo haber imaginado una secuela que nunca escribió, es también frenética: tenemos aventuras sin cesar, luchas, batallas, romance; todo ello con un ritmo vertiginoso. Y mucha, mucha sangre.
"La espada rota", poco conocida, pienso, en líneas generales, se merece ser reivindicada. Creo que es una novela de fantasía oscura inimitable, pionera en su momento, y de un autor que creo que también hay que reivindicar más.
domingo, 17 de febrero de 2019
SUEÑO DEL FEVRE. LOS VAMPIROS SUREÑOS DE GEORGE R.R. MARTIN
George R.R. Martin es de sobra conocido hoy en día por su saga interminable (en todos los sentidos, ya saben a qué me refiero) "Canción de Hielo y Fuego" (o "Juego de Tronos", a grandes rasgos).
Corre el riesgo, pienso, de ser devorado por la “maldición de la única obra”. Porque lo cierto es que este escritor de Nueva Jersey lleva publicando activamente desde los años setenta y, antes de ser mundialmente conocido por su drama de magia y espadas, ya tenía un respetado nombre debido a diversas novelas desgajadas del amplio universo de Poniente y Essos.
R.R. Martin ha tocado antes la ciencia ficción (en "Muerte de la luz" y "Los viajes de Tuf"), la fantasía también de corte político como la propia "Juego de Tronos" (en "Refugio del viento", escrito junto a su entonces esposa Lisa Tuttle, también uno de los nombres básicos de la literatura de este género), el terror (en "Los Reyes de la Arena", uno de los cuentos más impresionantes que he leído nunca) y hasta el retrato pop norteamericano (en "El rag del Armagedón", una de sus obras menos recordadas).
También escribió, en 1982, una de las novelas de vampiros más destacadas de la literatura de su país: "Sueño del Fevre". Vampiros en el Mississipi, en los años en los que la esclavitud estaba a punto de ser abolida.
Barcos de vapor, pantanos oscuros, un río que es metáfora del progreso y del salvajismo, unos personajes íntegros que se enfrentan a la deshumanización en persona (porque "Sueño del Fevre" tiene un villano de diez) y sangre, mucha sangre, y disparos, y puñaladas, y mucha aventura.
"Sueño del Fevre" es una alegoría de la explotación. No se ambienta de casualidad en los últimos referidos años de la esclavitud en Norteamérica: los vampiros son un símbolo por encima de todo, y los humanos, que compran y venden a personas de una raza a la que consideran inferior, no son mejores que ellos.
Hay, por suerte, algunos que tratan de plantar la semilla de la diferencia, y aquí entramos de lleno en una espléndida fábula moral sobre la amistad y la fraternidad.
George R.R. Martin si algo sabe es crear a personajes carismáticos, y los de esta novela lo son, los “buenos” y los “malos”. La relación entre Abner Marsh y Joshua York es hermosa como pocas. Y, como he dicho, el villano de la función es de altura, de mucha altura: ya lo descubrirán en sus páginas. Los secundarios tampoco se quedan atrás: en especial Billy Vinagre es del todo inolvidable, otro carácter magnífico y genial.
El libro, escrito con ritmo aventurero, adolece de un desenlace bastante precipitado, eso sí. Parece que Martin era todavía un escritor primerizo en aquellos inicios de los ochenta, y deja colgando algunas subtramas de mala manera y para colmo se pasa un poco con las elipsis y lo soluciona todo tras desarrollar muy bien toda la primera parte en unas siete u ocho páginas, a toda máquina (nunca mejor dicho).
No lastra esto, sin embargo, una novela que es entretenidísima y que ofrece una lectura novedosa y muy interesante de los manidos mitos vampíricos de siempre, a los que consigue reinventar con probada solvencia.
sábado, 16 de febrero de 2019
FRANKENSTEIN POR JUNJI ITO, O EL ETERNO DEBATE DE LA MEJOR ADAPTACIÓN
En los últimos años, y por méritos propios, el japonés Junji Ito se ha hecho con un podio básico en el cómic de terror moderno. Y no es para menos: no solamente sus historias son terriblemente perturbadoras, sino que su dibujo es una auténtica delicia, su recreación ambiental es soberbia y sus diseños de monstruos y seres extraños de toda clase ponen los pelos de punta.
Sólo hay que catar obras como la espléndida "Uzumaki" o la escalofriante "Gyo", amén de sus historias cortas, para comprobarlo.
Con respecto al mítico monstruo ocurre algo parecido a lo que ocurre con el "Drácula" de Bram Stoker: sus adaptaciones, la mayoría de ellas, y son muchas para muchos medios, no siguen casi ninguna la historia de las novelas con fidelidad.
Es algo de lo que los fans del terror siempre se han quejado. Junji Ito se plantea con su versión del resucitado una adaptación totalmente fiel. Cien por cien. ¿Es éste el Frankenstein que estábamos esperando? Pues desgraciadamente, no.
El autor japonés, a pesar de tener algunos guiones algo deficientes (creo que funciona mucho mejor en la historia corta y como creador de monstruos y conceptos retorcidos y originales), es un genial retratista de ambientes enrarecidos, de atmósferas demenciales, de historias brutales y de imaginativas pesadillas que nos persiguen cuando nos vamos a la cama.
Aquí, falla precisamente al coger letra por letra a la creación de Shelley. Nos hemos pasado décadas esperando un Frankenstein fiel y resulta que, cuando llega, es bastante lineal y deshumanizado.
Porque Ito no tiene margen para experimentar, ni para darle su visión personal al mito. Se limita a calcar, y punto. Y aunque su dibujo es impecable, como siempre, el cuerpo carece de interés para cualquiera que quiera algo más que una fotocopia de un libro en viñetas.
El que posiblemente sea uno de los autores de cómics más originales que ha dado su país, fracasa cuando se encorseta en un intento loable y respetuoso pero que finalmente queda totalmente maldito y empantanado en lo formal. Siendo digno y correcto, éste "Frankenstein" es también decepcionante y descafeinado.
Debate abierto: ¿Cómo deben ser las adaptaciones? ¿Cómo trasplantar algo, nunca mejor dicho en este caso, de un medio a otro manteniendo a la vez la esencia o aportando algo nuevo? ¿Cuál es la adaptación perfecta? ¿Sacrificamos el origen de los mitos para gustar a todos o para sorprender a toda costa? ¿O nos quedamos en la orilla segura sin arriesgar nada cuando trabajamos con la obra de otro autor?
jueves, 14 de febrero de 2019
INDIANA JONES Y EL REINO DE LA CALAVERA DE CRISTAL
Una de las películas más esperadas de 2008 fue sin ninguna duda la cuarta entrega de las aventuras de Indiana Jones, que desde que fue anunciada por Steven Spielberg y George Lucas creó una expectación sobrecogedora en todo el mundo.
Pero “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” fue, finalmente, uno de los chascos más gordos de su década, como por ejemplo lo fueron también las dos nuevas trilogías de "Star Wars" (recordemos que "La amenaza fantasma" fue tan vilipendiada en su día como "El despertar de la fuerza").
Yo creo, sin embargo, que esta cuarta entrega no es más que, valga la redundancia, una entrega más de la saga del doctor Jones que ofrece exactamente lo mismo que ofrecieron las otras. Sí, la opinión será polémica para muchos, pero sigo explicándome.
En “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” encontramos todos los elementos de la trilogía original tratados con meticuloso respeto y acompañados de unas pocas novedades que otorgan frescura al conjunto.
Indiana Jones sigue gozando de un carisma envidiable (Harrison Ford sabe repetir papel y adecuarlo al paso del tiempo) y continúa siendo, ya a finales de la década de los cincuenta, un aventurero empedernido cínico y con miedo a las serpientes.
Aunque ahora vive un cierto crepúsculo de su existencia anterior: se encuentra más viejo y menos ágil (aunque no menos inteligente), algunos de sus mejores amigos han muerto (Marcus y su padre –por desgracia no se dice nada de Sallah, al que daba vida John Rhys-Davies y al que se echa muchísimo de menos en esta película-), lo van a expulsar de su cátedra y lo persiguen tanto los rusos (los villanos de turno de la cinta –era de esperar tras la caída del Tercer Reich-) como algunos norteamericanos que no valoran su trabajo.
La aventura que presenta Spielberg en este filme es ya completamente familiar: Indy lucha contra sus enemigos (liderados por una muy carismática, fría y por supuesto paródica Cate Blanchett) acompañado de su vieja amante Marion (vuelve Karen Allen desde la lejanísima “En busca del Arca Perdida” para realizar un papel breve pero divertido), del hijo de ésta que resulta ser también su hijo (igualmente divertido Shia LaBeouf, parodia de los jóvenes rockers rebeldes de los años cincuenta y sesenta, y que sin embargo fue odiado desde el primer momento por los fans) y del viejo y querido maestro de éste (un secundario cómico solvente al que da vida John Hurt).
Queda en el tintero un personaje que desde mi punto de vista aporta bastante poco a la trama y que podría haber sido eliminado o sustituido por el mencionado Sallah: Mac, el amigo traidor y ambicioso de Indy, interpretado con gracia pero poco más por Ray Winstone.
Sin embargo, es esto, prácticamente, lo único que le puedo achacar a una obra que ofrece lo que sus antecesoras han ofrecido a pesar de algunos fallos puntuales: acción frenética delirante (la cachondísima escena de la persecución selvática es genial y demuestra que Spielberg sigue en plena forma a la hora de dirigir este tipo de cine), mucho humor (las escenas de la huida en el frigorífico o la tarzanesca de las lianas, tan mal juzgadas por muchos, atestiguan el cachondeo que el filme pretende transmitir –cachondeo que ya transmitían los demás de la saga, especialmente “Indiana Jones y el Templo Maldito”-), mucha parodia y homenaje, muchos guiños a las otras aventuras del héroe (incluso sale unos segundos el Arca de la Alianza) y una historia de misterio esotérico de aire completamente pulp (aunque también hay que decir que cautiva bastante menos que las de “En busca del Arca Perdida” e “Indiana Jones y la Última Cruzada” por ser mucho más predecible y por contar con elementos ciertamente fuera de lugar como los indígenas o los niños que vigilan las tumbas peruanas).
Incluso la villana de turno (para mi una de las mejores de la saga) de ésta cinta termina igual que la mayoría de los villanos de las otras películas. Buscando el poder y el conocimiento, se enfrenta a un enigma que no puede solucionar y encuentra la perdición (al igual que la encontraron los que abrieron el Arca de la Alianza o los que bebieron del falso Santo Grial).
Steven Spielberg ha presentado exactamente lo mismo que presentó en el pasado... Únicamente hay un problema con esto: hoy en día una película de éste tipo no causa el mismo efecto que causaba en la década de los ochenta.
El público no es el mismo, y muchos de los veteranos de la saga tienen idealizado a Indiana Jones de tal manera que cualquier cosa que se haga ya con su mito va a sentarles mal (creo que algo similar ocurre con "Star Wars").
Spielberg, para haber cuajado hoy en las salas con una nueva entrega de Indy (es decir, para contentar a más espectadores “al uso”- a los mencionados veteranos es casi imposible-), tendría que haberla envuelto con los efectos especiales y con el humor ligeramente más desquiciado del que hacen gala, por ejemplo, las primeras y excelentes entregas de “La Momia” y “Piratas del Caribe”, dos de las pocas películas modernas que han sabido actualizar, por lo menos ligeramente y con dignidad, las bases que dejó sentadas “En busca del Arca Perdida” (por supuesto, las siguientes entregas de ambas destrozaron vilmente todo esto).
No voy a decir que “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” sea una obra maestra, pero desde luego tampoco voy a tirarla por los suelos como creo que se ha hecho con ella.
Sería bastante injusto, ya que no es más que un calco de las anteriores tramas del personaje con unas pocas novedades nostálgicas y con un guiño a la “Fiebre OVNI” que arrasó durante la Guerra Fría. Si los nazis estaban obsesionados con viejos objetos de la Antigüedad, los rusos lo están... con los extraterrestres. Es perfectamente coherente y además contribuye a aumentar las dosis de pulp que siempre ha tenido la saga.
Creo que, en general, se ha infravalorado mucho a esta película. No es el culmen del cine de aventuras (a estas alturas no puede serlo de ninguna manera), pero sí un regreso divertidísimo, que es lo que se le pedía a la nueva historieta del doctor Jones. De hecho creo que pedirle más está incluso fuera de lugar.
miércoles, 13 de febrero de 2019
INDIANA JONES Y LA ÚLTIMA CRUZADA
Cuatro años después del experimento desenfrenado de “Indiana Jones y el Templo Maldito”, Steven Spielberg cerraba la trilogía del doctor Jones (fue trilogía durante casi veinte años y el público llegó a descartar completamente la aparición de una cuarta entrega) con un retorno a lo que mostró en la excepcional “En busca del Arca Perdida”.
“Indiana Jones y la Última Cruzada” vuelve a seguir el esquema de aquella primera parte con algunos nuevos apuntes. El principal es la aparición como un segundo protagonista de Henry Jones, padre de Indiana interpretado con mucho carisma y con no menos cachondeo por Sean Connery, que se parodia a sí mismo desprejuiciadamente en algunos de sus papeles de aventurero (James Bond incluido).
El filme se sustenta en gran parte en el combate paterno-filial que mantienen él y Ford, combate que los desprestigia y ridiculiza a ambos (los dos son Don Juanes ambiciosos, cínicos, con fobias –serpientes y ratas respectivamente- y con algo de antihéroes) y que paradójicamente los une cuando la vida ya los había separado.
La guerra de sexos de Indiana con la mujer de turno que le acompaña tiene aquí menos importancia y Spielberg se centra en la mencionada paterno-filial, ya que además la “chica Jones” de esta entrega (bella Alison Doody) es una mujer fatal y pérfida cegada por la ambición desmedida que no duda un momento en traicionarle.
Cobran además mucha importancia como secundarios los personajes de Sallah y Marcus (John Rhys-Davies y Delholm Elliott), que retornan a la saga (únicamente aparecieron en la primera entrega –y Marcus muy brevemente-) como auténtico tándem cómico verdaderamente desternillante (impagable la escena de “Corra…”) y como genial comparsa de los héroes principales.
El resto es bastante similar a “En busca del Arca Perdida”: existe un objeto misterioso (en este caso el Santo Grial) y lo quieren tanto Indy y sus amigos como los nazis, que repiten como villanos junto a un solvente Julian Glover, que da vida a Donovan, un millonario con ansias de gloria que caerá a manos del propio tesoro que busca (como Belloq y sus acompañantes caen al abrir el Arca de la Alianza).
Las frenéticas escenas de acción alternan sin cesar con otras en las que el protagonista es el suspense y el misterio (las escenas que faltaron en “Indiana Jones y el Templo Maldito”) mientras que las localizaciones van de nuevo cambiando constantemente (Venecia, diversas zonas de Alemania, la ciudad de piedra de Petra…).
Como ven, el esquema y el desarrollo de “Indiana Jones y la Última Cruzada” es casi un calco del de la aventura inicial del doctor Jones. Eso no quita que la cinta sea endiabladamente divertida.
Spielberg sabe introducir las novedades justas y explotar lo que ya creó para ofrecer una entrega dignísima que es más de lo mismo… Y que no pretende ser otra cosa.
Está llena de escenas para el recuerdo (todo el prólogo con el malogrado River Phoenix dando vida al joven Indy, la persecución en lancha por los canales de Venecia, la huida del castillo en Alemania, la nueva persecución -ahora en moto y con tanques-, el delirante encuentro cara a cara con Hitler, Henry Jones y su paraguas “asustando” a los aviones de guerra, las tres pruebas de Indiana Jones, el genial desenlace con la elección de las copas…), de humor, de homenajes a las anteriores entregas, de romanticismo épico y, además, el personaje de Connery aporta la dosis necesaria de frescura al conjunto. Pocos directores saben repetirse con la maestría de Spielberg.
martes, 12 de febrero de 2019
INDIANA JONES Y EL TEMPLO MALDITO
La primera secuela de “En busca del Arca Perdida” fue la igualmente exitosísima “Indiana Jones y el Templo Maldito”, que continuó las aventuras del doctor Jones en una nueva historia en la que se rizaba el rizo del delirio de acción, de la epopeya esotérica y de la comedia cínica.
Si ha habido en esta saga un filme excesivo, barroco y cachondo (el mejor adjetivo que se me antoja para calificarlo) es éste, en el que el homenaje al cine de aventuras clásico es pasado por un filtro desquiciado que lo retuerce todo hasta límites insospechados.
La trama de misterio se ha perdido por completo (una de las cosas más criticables de esta película, de la que hablaré más adelante) para ofrecer una historia lineal de acción frenética en la que Indiana, acompañado de Willie, una guapa pero remilgada y mojigata cantante (Kate Capshaw, que clava a una irritante tonta de clase alta de los años treinta) y de un inverosímil niño aventurero llamado Tapón (Que Qui Cuan, que vuelve a repetir papel entrañable –era el chico inventor de la mítica “Los Goonies”-), se enfrenta a una secta maldita en un templo oculto de las profundidades de la India.
Los tres protagonistas terminan casi sin ayuda con el imperio de esta secta, liberan a los niños esclavos que trabajaban para ella y recuperan una piedra sagrada que daba prosperidad a un pequeño pueblo del que los sectarios la robaron (y con la que encima pretendían dominar el mundo). Y se quedan tan tranquilos.
Como pueden ver, “Indiana Jones y el Templo Maldito” es una parodia desprejuiciada en toda regla, una parodia además de la propia “En busca del Arca Perdida”, que ya de por sí estaba llena de homenajes y de parodias.
Cualquier excusa vale para desatar escenas de acción, y la cinta ofrece un espectáculo interminable de estas escenas: la huida de Shanghai, el salto del avión… en una lancha hinchable, esta misma lancha surfeando por las montañas nevadas de la India o cayendo por riscos inmensos, las catacumbas llenas de trampas, la liberación de los esclavos a mamporro en limpio, la escapada en vagoneta (delirante), la lucha final en el puente (aún más delirante)...
Además, y por si fuera poco, todas estas escenas están cargadas de puros tópicos de los relatos de aventuras que ya alcanzan plenamente el más genuino pulp: un baile en un cabaret que termina en refriega, una guerra sexual entre Indiana y Willie emulando a las de las comedias brillantes, un pueblo oprimido con viejo venerable incluido, una noche en la selva con animalitos de toda clase, una cena “exótica” con serpientes vivas, sopa de ojos o sesos de mono; unos pasadizos cuajados de insectos a cada cual más asqueroso (que por supuesto la chica tonta ha de sortear), unos sacrificios humanos de risa, unas posesiones diabólicas que se curan con fuego, cocodrilos demasiado agresivos y varios guiños a la primera entrega.
Por cierto que el villano de esta película, Mola Ram (divertidísimo Amrish Puri), sacerdote maligno con casco de cuernos incluido, es posiblemente el más mítico de la saga o, por lo menos, compite en carisma con los nazis en igualdad de condiciones.
Hay que decir que “Indiana Jones y el Templo Maldito” no iba camino de convertirse en una buena película (ni siquiera en una película aceptable): su guión, tosco y chusco hasta decir basta, está lleno de errores y de soluciones precipitadas (aunque Indiana mantiene el mismo carisma e incluso más por momentos).
Sin embargo, Steven Spielberg sabe sacarlo adelante de la mejor manera posible: no tomándoselo en serio en ningún momento y aceptando plenamente que está rodando una parodia.
Así, consigue un filme que, a pesar de ser objetivamente el peor de toda la saga del doctor Jones (ha perdido la trama de misterio que caracteriza a las otras tres entregas), es verdaderamente divertido en toda su desprejuiciada propuesta.
Cuatro años después de este aún hoy criticado paréntesis de estilo que no convenció al propio Spielberg (él ha sido uno de los más duros críticos de esta película suya), todo volvería a su cauce original con la genial “Indiana Jones y la Última Cruzada”.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)



















































