miércoles, 18 de febrero de 2026

MONSTRUOS: LA HISTORIA DE LYLE Y ERIK MENÉNDEZ. DIFERENTE E INCÓMODA

MONSTRUOS: LA HISTORIA DE LYLE Y ERIK MENÉNDEZ de Ryan Murphy - ("Monsters: The Lyle and Erik Menéndez Story")

Entiendo, después de una temporada tan espectacular como fue la de Jeffrey Dahmer, que esta segunda historia de la serie "Monstruos", dedicada a los hermanos Lyle y Erik Menendez, haya decepcionado. El listón estaba altísimo y ciertamente no es, ni de lejos, tan buena como la primera, pero también ofrece algo totalmente diferente, y eso es algo que yo valoro muchísimo.

"Monstruos: La historia de Lyle y Erik Menendez" tiene, como he dicho, una intención y un tono que no tienen nada que ver con el de "Dahmer". Explora, además, otro asunto social y moral diferente. Y es muy digna, pienso, aunque ciertamente en sus últimos capítulos se desinfla por la propia inconcreción que incluso a día de hoy tiene el propio caso que retrata.

En 1989, los hermanos Lyle y Erik Menendez, hijos de José Enrique Menéndez Llanio, un rico productor musical, y Mary Louise Menéndez, asesinaron a estos, su padre y su madre, y fueron descubiertos poco después. Alegaron maltrato emocional, físico y sexual de la peor brutalidad pero fueron condenados a una cadena perpetua que siguen cumpliendo hoy en día. La fiscalía argumentó que lo que querían era cobrar la herencia y nada más.

Esta temporada bucea en todas las posibles versiones de lo que pudo haber ocurrido en este caso y juega a marearnos, a inquietarnos, a ponernos contra las cuerdas como si fuésemos literalmente el jurado que ha de condenarles o salvarles. En este sentido, es más incómoda que "Dahmer", porque de este asesino sabemos que cometió verdaderamente sus crímenes, y fueron muchos: de los hermanos Menéndez no tenemos la seguridad de ello, y además solamente hay en la palestra dos asesinatos que son, para colmo, el de sus propios progenitores.

Vamos a ver a unos Menéndez abusados, a unos Menéndez fríos y calculadores, a unos Menéndez con la vida destrozada en la cárcel, a unos Menéndez sin ninguna empatía haciendo ostentación de riqueza tras la supuesta matanza. Y no, no sabemos y parece que a estas alturas nunca sabremos qué ocurrió en realidad: antes de empezar la serie lo sabemos, valga la redundancia.

"Monstruos: La historia de Lyle y Erik Menéndez" toca uno de los grandes temas polémicos de los últimos años: si una víctima puede ser mala persona e, incluso, si una víctima puede ser a la vez criminal. La ambigüedad pura del ser humano, que tanto molesta últimamente a los adalides de la corrección política, está aquí expuesta en todo su esplendor crudo. Y sí, vas a sentir compasión por los dos hermanos y seguidamente vas a sentir asco, y luego vas a volver a la compasión.

Además, les rodean personajes interesantísimos que tocan otros asuntos que pivotan alrededor del central: desde el padre de la actriz asesinada Heather O'Rourke (sí, la de "Poltergeist") hasta abogados interesados pasando por unos propios padres de los hermanos Menéndez a los que también vamos a ver, como a sus hijos, con compasión y con repugnancia.

La trama está perfectamente llevada siempre, si bien es cierto que llega a ser algo confusa por el montaje, aunque como he dicho esto se atribuye también a la propia niebla que todavía presenta el caso. 

Hay capítulos espectaculares por otra parte (el quinto ha creado su propia leyenda) y los diálogos son de una lucidez que asusta. Y se tratan además temas como los juicios mediáticos, el veneno de los medios de comunicación, el interés de los psicólogos y los abogados en usar estos casos por fama y por dinero, la hipocresía de las clases altas americanas y el propio Sueño Americano, aquí además personificado en un inmigrante cubano que vino de la pobreza absoluta y que se acabó forrando.

Por cierto, el plantel de intérpretes está soberbio. Nicholas Alexander Chavez y Cooper Koch lo bordan. Lo bordan absolutamente. Y Javier Bardem también, como siempre, y una Chloë Sevigny impresionante. Una matrícula de honor para todos.

"Monstruos: La historia de Lyle y Erik Menéndez" es además mucho, pero muchísimo menos violenta y sangrienta que "Dahmer". Ojo, el asesinato aparece con todo lujo de detalles, pero ya está. La búsqueda de distanciamiento es clara, tanto temática como estilística. En conjunto, y a pesar de ser más irregular, Ryan Murphy nos ha dado otra serie profundamente incómoda, que trata temas que ahora la sociedad no quiere asumir y que bucea de nuevo en el lado más oscuro de los USA. 

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