jueves, 22 de octubre de 2020

LA OSCURIDAD EXTERIOR. CORMAC MCCARTHY EXPERIMENTA CON SUS CONSTANTES

LA OSCURIDAD EXTERIOR de Cormac McCarthy - 1968 - ("Outher Dark")

"La oscuridad exterior", terminada en Ibiza, en donde Cormac McCarthy residió una temporada, es su segunda novela después de "El guardián del vergel", y en ella se vuelven a anticipar, ya de forma más clara, varias de las constantes básicas de su obra posterior.

Ambientada en su habitual Norteamérica profunda, en un entorno rural alrededor del año 1900, narra la historia de dos jóvenes hermanos que viven en una cabaña, en la miseria más absoluta, y que tienen un bebé común que Culla, el chico, abandona en el bosque.

Rinthy, la chica, parte a buscarlo, y Culla va tras ella. A partir de aquí, se extiende un viaje (otra de las constantes del autor) a través de parajes naturales tan bellos como amenazantes y de pueblos y pequeñas ciudades en los que aparecen lugareños tan hostiles como solidarios.

La contraposición del bien y el mal queda expuesta desde un primer momento: Culla suele recibir el maltrato de las personas que se encuentra, mientras que Rinthy suele ser ayudada, muchas veces de forma desinteresada, tanto por gente acomodada como por gente tan pobre como ella. Todo desembocará en circunstancias bastante inesperadas.

"La oscuridad exterior" es una novela críptica, simbólica, muy oscura. Parece delinear un camino de purgatorio para los protagonistas, de descenso a los infiernos y de ascensión a la redención o a la asunción de los pecados cometidos.

Hay referencias a la Biblia en la trama, que se articula como un itinerario moral, de penitencia, o por lo menos así la veo yo. Sin embargo, también es un retrato social brutal de la Norteamérica del cambio de siglo, en la que conviven las carretas y los vaqueros, los restos de un mundo que se acaba para bien y para mal, con algunas primeras máquinas como los refrigeradores para el agua y los refrescos que ya se encuentran en algunos establecimientos de la época.

Estos temas se pueden encontrar posteriormente en la famosa "Trilogía de la frontera" del autor. Aquí, también, los protagonistas se encuentran en su camino con desheredados de toda clase: personas que no tienen nada, que malviven en los bosques o en las carreteras, que están enfermas o perdidas en una vida de brutalidad sin salida.

McCarthy ya pone en esta historia, de forma definitiva, un pie en lo tétrico y en lo grotesco, y también en lo sangriento: otras constantes de su obra. Los seres que pueblan la novela, tanto los bondadosos como los malvados, van sucios, desarrapados, y a veces son incluso directamente deformes o están tan vapuleados que lo parecen. 

En esta galería cobran especial importancia los tres extraños y simbólicos personajes que pisan los talones de los protagonistas y que separan con incisos protagonizados por ellos los pasajes principales de la novela: parecen una fuerza ambigua del mal, un ente, una personificación del castigo y de la purga; anticipan claramente a personajes de McCarthy como el Juez Holden de "Meridiano de sangre" o Anton Chigurh de "No es país para viejos".

"La oscuridad exterior" es como he dicho muy críptica, muy oscura. Tiene pasajes terroríficos y otros absolutamente metafóricos (a menudo, mezclados). Está abierta a muchas interpretaciones: a mí me ha inspirado la que he comentado, la que está relacionada con la alegoría cristiana, pero seguro que a otros les desatará otras, valga la redundancia.

No me parece la mejor novela de este autor. Es todavía primeriza, y su desenlace puede resultar decepcionante de tan abigarradamente oscuro, retorcido y simbólico que es (además de anticlimático). 

Sí que está escrita maravillosamente, con ese estilo seco y brutal pero bellísimo, barroco a veces, de diálogos escuetos y sencillos pero llenos de significado que caracterizan a este creador.

"La oscuridad exterior" no es plato del gusto de todos y en ella McCarthy todavía está experimentando con sus temas y filias. Es sin embargo, como todo lo suyo, estimulante y original, con pasajes geniales y sorpresas que se salen de la norma. Novela muy personal y arriesgada que anticipaba una carrera literaria gloriosa.

martes, 20 de octubre de 2020

THE VIGIL. INICIO Y EPÍLOGO FANTÁSTICOS; CUERPO DEFECTUOSO

THE VIGIL de Keith Thomas - 2019 - ("The Vigil")

"The Vigil" es una de esas pocas películas que se pueden ver ahora mismo en las salas. Es del año pasado y de Keith Thomas, un director debutante, y propone, de partida, una experiencia interesante. No original (es uno de los temas del terror desde siempre, tanto del literario como del cinematográfico), pero sí interesante: pasar un tiempo en una sala con un cadáver.

En este caso, hablamos de un Shomer, una persona encargada en los ritos hebreos de estar velando a un muerto durante sus primeras 24 horas fuera del mundo de los vivos mientras le acompaña y le lee textos religiosos.

Pero este Shomer es Yakov Ronen, un joven particular: ha dejado la comunidad judía por voluntad propia pero, por desgracia para él, necesita dinero para vivir fuera de esta comunidad y ha de aceptar este trabajo, muy bien pagado, de alguien que intenta por todos los medios que vuelva a ella.

"The Vigil" tiene un punto de partida interesante y un epílogo más que interesante también sobre la fe y su pérdida (y además, sin ser propiamente cine religioso). Le falla el cuerpo, por desgracia, que cae demasiado en los tópicos.

La ambientación está muy cuidada, la casa en el que está expuesto el cadáver da bastante mal rollo (oscura, angosta, encajada entre otras casas) y el protagonista, Dave Davis, expresa a la perfección lo descolocado que se siente en su situación. 

Los efectos especiales también cumplen: son los justos y necesarios y no abusan de los efectismos. Keith Thomas se aplica en todo lo visual y en su escenario y puesta en escena.

Por desgracia, después de unos primeros momentos inquietantes (verdaderamente inquietantes y con algún susto punzante), la cinta cae bastante en el tópico.

Todo lo cuidado que está, como he dicho, el aspecto visual, está descompensado con lo descuidada que está la trama.

Sí, el terror es un género difícil. Sí, es muy, muy complicado no caer en los tópicos. Pero el caso es que en "The Vigil" se cae en ellos de forma irreversible.

La sugerencia inicial se convierte pronto en efectismo narrativo, en grito facilón, en suceso paranormal de andar por casa, en pasillos oscuros que podrían estar perfectamente iluminados, en golpes de efectos innecesarios y cutres.

Es una lástima que falle el cuerpo de una propuesta original, trabajada en su inicio y en su ambiguo desenlace, y que además nos saca del habitual cristianismo de tantas películas de su género para mostrarnos ahora algo del menos conocido imaginario religioso y demoníaco de los hebreos.

"The Vigil" se puede ver mejor que otras bazofias de su estilo que son directamente despropósitos, pero da la total impresión de que podría haber sido una película muy destacada con una acción mucho más imaginativa y mucho menos tópica. Una lástima.

lunes, 19 de octubre de 2020

SED DE MAL. LA OBRA MAESTRA FINAL Y ABSOLUTA DE ORSON WELLES

SED DE MAL de Orson Welles - 1958 - ("Touch of evil") 

Para mi, y para muchos otros más, "Sed de mal" es la mejor película de Orson Welles y su última gran obra maestra. Mejor que "Ciudadano Kane", sí. Para algunos críticos es incluso la última gran película negra de la Edad Dorada del cine de los USA. 

Orson Welles retornaba a su país después de haber estado rodando varias creaciones suyas anteriores en diversos puntos de Europa y lo hacía gracias a Charlton Heston; junto a él y a Janet Leigh protagonizó esta joya. 

"Sed de mal" se abre con uno de los planos secuencia más importantes y en su momento largos de la historia: tres minutos de tensión insuperable y buen hacer cinematográfico que culminan con un prólogo que pone los pelos de punta y que inicia de forma inmejorable esta cinta. 

El asunto central del filme es la lucha de la justicia contra la injusticia, de la integridad contra la corrupción. 

Orson Welles entrega en su personaje, Hank Quinlan, a uno de sus más grandes e inolvidables papeles y da vida a un policía corrupto, monstruoso, cínico, pero con un pasado importante y duro a sus espaldas. 

Charlton Heston hace justo el papel contrario. Ambos se enfrentan. Y ambos tienen sus razones y hasta el personaje de Welles resulta tierno por momentos dentro de su horripilante arbitrariedad de juez casi mefistofélico (a él le encantaba dar vida a esta clase de invididuos megalómanos y simbólicos). 

Todos los personajes de "Sed de mal" son redondos, perfectos, ambiguos y creíbles. Todos los diálogos son maravillosos y están llenos de frases para el recuerdo. Y también todos sus momentos, casi sin excepción, cumplen en su enorme puzle de thriller y relaciones personales que construyen un retrato crudo y agudo de los choques entre los USA y México y del lado oscuro de ambos países y de la justicia a veces arbitraria que reina en ellos.

La atmósfera, rodada en un precioso blanco y negro, de "Sed de mal" también es inolvidable. La frontera es retratada de una forma onírica, alucinógena a veces, con algún rasgo de puro surrealismo. 

La violencia es brutal y vistosa, y es un símbolo del mundo en el que los personajes se mueven, un mundo también sexual y de aire decadente. 

Orson Welles clava esta película. La clava. Entrega una obra maestra indiscutible absolutamente inimitable, llena de contenido, con un ritmo preciso y donde todo es perfecto. 

Por supuesto, no se libró el pobre de problemas. Una vez más, y aunque había vuelto a los USA para rodar y tal vez para reconciliarse con ellos, los productores de la cinta hicieron otro montaje de ella a sus espaldas que cambió partes de su trama y que supuso su fracaso comercial. 

Welles, que estaba en España en aquel momento rodando la película de "El Quijote" que nunca terminó, puso de nuevo el grito en el cielo. Por suerte, se restauró "Sed de mal" tal y como era y alcanzó su merecido estátus de obra de culto.

sábado, 17 de octubre de 2020

LA PELÍCULA DE PEANUTS. BELLA, DIVERTIDA Y RESPETUOSA CON EL CÓMIC DE SCHULZ

CARLITOS Y SNOOPY: LA PELÍCULA DE PEANUTS de Steve Martino - 2015 - ("Snoopy and Charlie Brown: The Peanuts Movie")

"Peanuts", la cual comenté ayer en este mismo blog, es posiblemente la tira de prensa más influyente de la historia de las viñetas. 

Sin embargo, aunque ha tenido varias adaptaciones a los medios (y son muy famosos sus especiales de Navidad para la televisión) nunca tuvo una película "grande" hasta el año 2015. 

Steve Martino, director de "Horton" y "Ice Age IV: La formación de los continentes", con producción de Blue Sky Studios, se encargó de ella. 

"Carlitos y Snoopy: La película de Peanuts" mantiene todo el espíritu original de los cómics en los que se basa y está realizada con una animación deliciosa. 

La esencia de las tiras se repite en una historia de superación y sobre la necesidad de creer en uno mismo de corte a cotidiano, a veces incluso minimalista, animado por escenas de acción en las que el inolvidable Snoopy entra en mundos fantásticos en los que vive grandes y delirantes aventuras (una de las constantes de sus gags de las viñetas). 

El humor es también el de estas tiras: es fino y entrañable, pero inteligente e irónico cuando tiene que serlo, y tiene esa capacidad del buen producto para niños y para adultos que es capaz de encandilar a las personas de todas las edades. 

Los personajes, todos niños como ya saben, son una explosión de carisma y ternura y representan a la perfección los estratos sociales y los caracteres de la vida adulta a la que tendrán que enfrentarse en el futuro. 

Además, la animación, como he dicho, es totalmente deliciosa: mezcla las influencias del "clasicismo" de la obra del papel en la que se basa y las adapta en 3D pero sin perder en ningún momento el respeto por el material original. 

"Carlitos y Snoopy: La película de Peanuts" es una joyita de la animación que nadie debería perderse. Nostálgicos del cómic o personas que nunca lo hayan leído.

viernes, 16 de octubre de 2020

PEANUTS. CINCUENTA AÑOS DE LUCES Y SOMBRAS DEL SER HUMANO

PEANUTS de Charles M. Schulz - De 1950 a 2000 - ("Peanuts")

De "Peanuts" voy a hacer un recorrido básico, muy básico. Ni lo tengo todo de esta titánica saga de tiras, ni tampoco lo he leído todo. Sin embargo, sí que he leído mucho sobre su creador, Charles M. Schulz, y sí que llevo desde que era un niño disfrutando de sus personajes.

"Peanuts" tiene un antecedente llamado "Lil'l Folks", muy similar en temas y en estilo, aunque primigenio todavía y menos depurado, que empezó a publicar en 1947 en el "St. Paul Pioneer Press.", uno de los diarios de St. Paul, su ciudad natal (una ciudad que está unida a la propia Minneapolis, la gran ciudad del estado de Minnesota).

"Lil'l Folks" se imprimió durante dos años y llegó a muchísimo público de toda su área metropolitana y en 1950, tras muchos avatares, acabó "reciclándose" en "Peanuts" (con numerosos cambios) después de que Schulz firmase un contrato con la United Feature Syndicate que la colocó en siete periódicos de los USA. A partir de aquí, todo fue un éxito constante y explosivo.

"Peanuts" (cuyo nombre, impuesto por la compañía, al autor nunca le gustó), llegó a las estrellas con rapidez y se convirtió en la tira más importante e influyente de los Estados Unidos y de más allá: llegó a 75 países y se publicó ininterrumpidamente desde aquel 1950 hasta el año 2000, en el que Schulz falleció.

Tuvo merchandising de todo tipo, especiales televisivos, películas, y solamente creaciones como "Garfield" de Jim Davis o "Calvin & Hobbes" de Bill Watterson (o fuera del mercado de los USA la "Mafalda" del argentino Quino) le pudieron hacer algo de sombra después de muchos años de hegemonía prácticamente total e indiscutible.

"Peanuts" supuso un antes y un después en el mencionado mundo de las tiras. A lo largo de sus cincuenta años de existencia ininterrumpida, cambió sus reglas. No solamente porque hizo a los niños protagonistas y los equiparó a adultos en sus sentimientos y pesares cotidianos, sino porque Schulz creó un mundo inimitable de lirismo con episodios surrealistas (como los del perro Snoopy en su "avión") en el que reflejó las cuestiones sociales, morales, filosóficas, religiosas y humanas de cinco décadas de cambios sociales constantes.

El humor de Schulz, que era una persona religiosa pero también tolerante y que se cuestionaba muchas cosas, parece simple, pero es en realidad complejo. Puede cautivar a un niño y golpear sin piedad a un adulto. 

Los pequeños de "Peanuts" viven en una cotidianeidad con toques de realismo mágico donde los mayores nunca están presentes (sólo fuera de plano -y en las adaptaciones animadas hablan de forma ininteligible-). Les acompañan animales humanizados y pensantes, y también incluso objetos con sentimientos (como un colegio con vida propia).

Como he dicho, se tratan todo tipo de cuestiones: encontramos frustraciones vitales de toda clase, y miedos cotidianos, y soledad, y caracteres difíciles, y discusiones diarias, y apatía, y terror a lo desconocido, y paso a la edad adulta, y contradicciones ideológicas y morales, y recuerdos de la guerra (Schulz fue soldado en la Segunda Guerra Mundial), y líos filosóficos, y dilemas éticos, y digresiones religiosas. Eso, como poco. Porque insisto: son cincuenta años de tira. Cincuenta años para analizar.

Los personajes de Schulz son, además, una parte indisoluble del imaginario cultural colectivo no solamente de los USA, sino mundial.

En especial, Charlie Brown (llamado Carlitos en España), un niño que a pesar de ser extremadamente inseguro nunca se rinde y nunca deja de luchar, y su perro Snoopy, que en muchos momentos llegó a ser el protagonista total de la tira (y Schulz hubo de equilibrar esto sacando más a otros personajes).

También son básicos el pájaro Woodstock (llamado Emilio en España), que representa la idea de sentirse pequeño ante el mundo; la desagradable y autoritaria Lucy y su hermano Linus, un intelectual "atado" a su mantita de la seguridad; la pragmática hermana del protagonista Sally Brown; el músico Schroeder o la brutalmente directa y sencilla Peppermint Patty.

Por supuesto, hay más: cincuenta años dan para mucho. "Cochino", que siempre va con una nube de suciedad flotando a su alrededor; Franklin, que fue el primer personaje negro de la tira (que propició que racistas le enviaran cartas airadas a Schulz) o Marcia, la eterna acompañante de Peppermint Patty.

También hay caracteres que, con la evolución del cómic a lo largo de los años, fueron perdiendo su importancia y acabaron desapareciendo sin explicaciones, como Patty o Shermy, que estaban en los inicios de la tira pero que no se desarrollaron lo suficiente y que fueron eclipsados por otros, o Charlotte Braun, que era una niña todavía más gritona y brutal que Lucy y que fue eliminada de la serie por Schulz ante el odio que muchos fans le tenían.

Quedan en el tintero, y siempre lo han estado, los supuestos paralelismos entre estos personajes de "Peanuts" y personas reales de la vida del autor. 

Entre ellos, la identidad real de Charlie Brown, que se llamaba igual que un amigo suyo que, homosexual en años de profunda homofobia e intolerancia como los cuarenta o los cincuenta, se pasó media vida depresivo y alcoholizado.

También es polémica la de Lucy, con muchos elementos, al parecer, de la primera mujer de Schulz, Joyce, de carácter supuestamente brutal y dominante y de la que acabó divorciándose tras muchos años de matrimonio fallido y agrio.

Él siempre dijo que los personajes de "Peanuts" eran facetas de él mismo, que representaban ideas que tenía sobre diferentes personalidades o problemas vitales.

Schulz dibujó esta tira hasta meses antes de su muerte, el 12 de febrero del año 2000, a causa de un cáncer de colon. Solamente estuvo sin dibujar, valga la redundancia, sus dos últimos meses y pico de vida, y debido a encontrarse demasiado enfermo como para hacerlo.

Dejó la friolera de 17.000 tiras y un imperio del merchandising que, para venir de una persona sola, resulta impresionante, ya que llegó a hacerle sombra en su momento de florecimiento máximo al mismo Walt Disney.

"Peanuts" es parte de nuestra cultura para siempre. Es una delicia en todas sus épocas, y nos retrata con todas nuestras luces y sombras. Recomiendo leer el ensayo de David Michaelis "Schulz, Carlitos y Snoopy" (que comentaré aquí en estos días) para comprender mejor todo lo que implicó a todos los niveles en su día este cómic inolvidable.

miércoles, 14 de octubre de 2020

SAMURAI CHAMPLOO. KATANAS Y HIP HOP DEL CREADOR DE COWBOY BEBOP

SAMURAI CHAMPLOO de Shinichiro Watanabe - 2004 - ("Samurai Champuru")

"Samurai Champloo" es la segunda serie creada por Shinichiro Watanabe después de "Cowboy Bebop", y sigue sus pautas en gran parte y presenta una gran calidad, aunque creo, desde mi punto de vista, que es algo menor por algunos inconvenientes que comentaré más adelante. 

Si "Cowboy Bebop" mezclaba el género negro con la space opera, "Samurai Champloo" mezcla el de samuráis, uno de los clásicos del cine japonés de todos los tiempos, con divertidos anacronismos que son propios de nuestros días como el breakdance, el graffiti, la música electrónica, el rap y el hip hop.


 
Como en la primera serie, la mezcla funciona, y a las mil maravillas. Watanabe tiene olfato para revitalizar y fusionar en lo estético y estilístico géneros ya trillados o en apariencia radicalmente opuestos. 

El esquema también repite: tenemos 26 capítulos en los que prima una gran cantidad de historias autoconclusivas que se ven salpicadas por unas pocas en las que se desarrolla el pasado de los personajes principales, que son tres y cargados de carisma (los personajes sin ninguna duda son el punto fuerte de ambas series). 

Fuu es una chica que busca a un extraño samurai "que huele como los girasoles" y que está relacionado con su pasado. 

En su viaje, por pura casualidad, la acompañan dos samuráis totalmente opuestos en tipo de lucha. Mugen es un canalla que utiliza su espada combinada con técnicas breakdance y que es totalmente explosivo e impredecible. Jin, en cambio, es un samurai clásico, de los de "escuela", con una técnica elegante, precisa e impecable. 

Los dos van a su bola y luchan solamente por sí mismos, pero Fuu, que representa la valentía, la compasión y la racionalidad, opera cambios importantes en sus vidas. 

El humor está siempre presente, y la referencia cultural e histórica desprejuiciada e incluso fuera de tiempo. 

La variedad de capítulos es muy amplia: desde luchas contra yakuzas hasta combates contra samuráis corruptos pasando por encuentros con europeos fascinados por Japón, capítulos sobre el arte de la pintura o hasta partidos de baseball. 

Todo es ecléctico en "Samurai Champloo", y aunque prima la comedia en la mayor parte de los episodios, el drama ocupa también un lugar especial.

Los capítulos que desarrollan a los personajes, sus pasados y sus presentes, no escatiman a la hora de mostrar violencia, luchas a muerte, villanos brutales y un poso de melancolía y fatalismo que también estaban presentes en "Cowboy Bebop". 

Los tres últimos episodios me parecen una maravilla, y sólo por ellos la serie merece del todo la pena. Sin embargo, sí echo de menos en "Samurai Champloo" más segmentos de este tipo. 

Creo que el principal fallo que tiene la segunda obra de Shinichiro Watanabe es el abuso de capítulos de relleno. Llegan a ser abrumadores, y de tanto empacho de historietas pequeñas de coña el espectador llega a perder un poco el interés. 

No le ocurría a "Cowboy Bebop", que estaba mucho más equilibrada entre su parte cachonda y su parte seria. 

Hasta más allá del capítulo doce o trece no ocurre nada especialmente reseñable relacionado directamente con ninguno de los tres protagonistas, y eso cansa. Y luego, sigue el relleno durante bastantes tramos de la historia, y hay hasta capítulos que claramente sobran (como el del mencionado baseball o uno que es un resumen de lo ocurrido hasta entonces de lo más descarado). 

A pesar de todo esto, la serie es muy notable, y mezcla con mucha gracia unas influencias que en manos de otro autor tal vez no habrían cuajado. 

La animación, aún perdiendo detalle en algunos planos inexplicablemente, es muy buena, y los combates son un prodigio de inventiva, fluidez, potencia y emoción. Otra recomendable creación de este autor y, de nuevo, gran éxito de crítica y de público.

lunes, 12 de octubre de 2020

ENOLA HOLMES. EL MUNDO DE CONAN DOYLE SIN PRETENSIONES PARA LOS MÁS JÓVENES

ENOLA HOLMES de Harry Bradbeer - 2020 - ("Enola Holmes")

"Enola Holmes" posiblemente me habría encantado si tuviese doce años. O trece. O diez. Porque creo que es una película completamente orientada para niños y adolescentes, y creo que como tal es como hay que juzgarla.

Estrella de "Stranger Things" como protagonista, adultos opresores o incomprensivos, aventuras y acción, un poco de feminismo básico, una pizca de humor, alguna escena más oscura que otra, una historia romántica (aunque sin elementos exagerados, pienso) y una introducción facilita a lo que es el mundo de Sherlock Holmes (con muchas cosas trastocadas de mala manera también, es cierto).  

Es una película como digo para un público infantil y juvenil. Es verdad que podría haber cumplido con el público adulto también, como se suele hacer por ejemplo en Pixar o en Ghibli, pero tampoco es ésta una obligación.

"Enola Holmes", el debut en el largometraje del curtido en series Harry Bradbeer, es una obra con fallos pero sin pretensiones de ninguna clase salvo las de entretener. 

Tiene muchas cagadas, sí. En especial, un Mycroft Holmes aberrante, verdaderamente horrendo, en el que es el recurso más facilón de toda la película para crear una opresión familiar barata sobre la protagonista (no veo mal toquetear a personajes clásicos, pero desfigurarlos sí me parece un error, y este Mycroft es terrible incluso en este contexto de película juvenil).

También tiene virtudes: especialmente en su aspecto técnico. La ambientación es excelente, y los decorados y el vestuario muy ricos, y hay muchas escenas de acción verdaderamente notables.

La película se sigue con ritmo, por otra parte: no es corta, y a mi no me aburrió en ningún momento, a pesar de que me pudiese resultar predecible o floja en muchas ramas de su trama general.

"Enola Holmes" es la enésima versión de los personajes estrella de Arthur Conan Doyle. No es la mejor, pero tampoco es la peor. Ha habido muchas antes y va a seguir habiendo millones después. Y es una película para un público muy joven, lo cual no es sinónimo de desprecio en absoluto pero sí, tal vez, de que no creo que haya que tratarla con mucha dureza: es lo que es, y no da gato por liebre (ni lo intenta siquiera).

viernes, 9 de octubre de 2020

BATMAN: GOTHAM NOIR. EL COMISARIO GORDON SE CONVIERTE EN UN SAM SPADE

BATMAN: GOTHAM NOIR de Ed Brubaker y Sean Phillips - 2001 - ("Batman: Gotham Noir")

"Batman: Gotham Noir" posiblemente no va a quedar como uno de los mejores cómics conjuntos de Ed Brubaker y Sean Phillips (el dúo ha dado maravillas increíbles, y las sigue dando), pero sí que es una traslación excelente de los parámetros del hombre murciélago a un nuevo ambiente: el del género negro de los años cuarenta.

Los dos autores experimentan, en el año 2001, con algunas de las líneas que les harían famosos posteriormente: en esencia, la relectura del "noir" clásico y del pulp y, también, la relectura, valga la redundancia, de los personajes y temas clásicos del cómic de superhéroes.

En "Batman: Gotham Noir" estamos en un "Elseworld" de DC y en la Gotham de 1949. Aquí, el comisario Gordon, expulsado de la policía y adicto al alcohol después de haber vuelto traumatizado de la Segunda Guerra Mundial, se mete en un lío muy retorcido para intentar hacer justicia en un mundo podrido. 

¿Les suena? Sí, todo huele y sabe a Raymond Chandler y a Dashiel Hammett, a casos de Philip Marlowe o de Sam Spade.

Batman aparece, pero como figura casi mefistofélica, como una suerte de alucinación que a veces parece sacada de un delirio alcohólico del propio Gordon, que, acertadamente, se erige como el protagonista absoluto de una trama llena de tópicos conscientes pero muy bien trabajados e insertados.

Brubaker, al guión, nos lleva por un inicio de los mitos de la ciudad gótica que pone a sus personajes a trastear en un mundo oscuro y podrido, de policías y de mafiosos, de detectives y de alcaldes corruptos, donde no falta la "femme fatale" o el anti-héroe pasado de rosca.

Además de Gordon y Batman, encontraremos en estas páginas a otros grandes conocidos como Selina Kyle, Harvey Dent o un curioso Joker que homenajea al de Tim Burton.

El dibujo es una joya. Sean Phillips ya demostraba aquí su habilidad para retratar delicias a los lápices y, sobre todo, para crear ambientaciones perfectas. Sus años cuarenta se sienten y se huelen: los trajes crujen, los cigarros hieden, los coches resuenan, y los disparos también. Todo sin perder la esencia de Batman: el claroscuro constante y elegante. De matrícula de honor.

"Batman: Gotham Noir" sí que se resiente, tal vez, cerca de su desenlace: todo se precipita con bastante rapidez (posiblemente debido a que es un cómic bastante cortito), aunque también haya sorpresas finales.

A pesar de esto, me parece un "Elseworld" magnífico, entrañable, que juega perfectamente sus cartas para ofrecer algo diferente y con encanto y personalidad. Su comisario Gordon es del todo impagable. Todo este buen hacer anticipaba la carrera fulminante de un dúo creativo que hoy me resulta imprescindible.