domingo, 24 de enero de 2021

PANORAMA PARA MATAR. EL TARDÍO Y YA NECESARIO ADIÓS DE ROGER MOORE

PANORAMA PARA MATAR de John Glenn - 1985 - ("A view to a kill")

A "Panorama para matar" le ocurre lo que a "Octopussy": es un filme básicamente divertido, pero su fórmula es incapaz de provocar ninguna sorpresa y se muestra ya agotada (demasiado). 

Roger Moore, con 58 años, está más ridículo que nunca como galán y héroe de acción, y su papel, para colmo, prosigue (y se cierra) en la comicidad a la que se abandonó definitivamente tras la genial "Sólo para sus ojos". 

La última película del "James Bond cómico", de nuevo dirigida por John Glenn, vuelve a centrarse más en la pura aventura dejando a un lado el espionaje y vuelve a presentarse cargada de escenas de acción muy espectaculares pero, en líneas generales, ya muy vistas. 

Los villanos de turno de 007 son excelentes, eso sí, pero la trama de su periplo es predecible y carente de sorpresas. "Panorama para matar" es, como "Octopussy", una cinta irregular con unos méritos y unos defectos bastante acusados.

Como he comentado, Bond se enfrenta ahora a unos antagonistas geniales: a Max Zorin, un genio psicópata producto de un experimento genético nazi que fue criado por los rusos (el pulp sigue bien presente en la saga) y a su amante May Day, una asesina fría y despiadada que además es una máquina sexual. 

Max es un magnífico Christopher Walken que borda a un megalómano psicótico ejemplar (en mi opinión, el mejor villano de la franquicia desde Francisco Scaramanga junto al Aristóteles Kristatos de "Sólo para sus ojos") y May Day es una igualmente genial Grace Jones que también borda su papel de criminal ambigua y devorahombres. 

Desgraciadamente, salvo estos dos inolvidables personajes, lo que queda de la galería deja bastante que desear: Roger Moore (ya interpretado descaradísimamente por extras en muchísimas escenas) está cansado, acomodadísimo y muy aburrido de su demasiado extendido papel (de hecho, no iba a rodar esta película, pero los Broccoli le convencieron mientras contrataban a Timothy Dalton para sustituirle).

Por otra parte, la chica Bond de turno (la guapísima Tanya Roberts) pasa por el filme sin pena ni gloria debido a su papel sin demasiado relieve y el aliado del espía, el agente británico Sir Godfrey Tibbett (Patrick Macnee), es más un secundario cómico que, además, tiene una importancia nimia.

Finalmente, la trama esconde pocos secretos destacables y las escenas de acción que la mueven tampoco presentan sorpresas. Algunas resultan divertidas (como la huida de la mina o el combate final en el Golden Gate de San Francisco), pero otras son, en la línea de muchas de "Moonraker" y de varias de "Octopussy", ridículas ("deslumbran" especialmente la persecución en el camión de bomberos o la carrera en el taxi parisino partido por la mitad). 

"Panorama para matar" es una película tremendamente irregular que sobraba completamente (por lo menos protagonizada por Moore) y que por fin le despide de su papel estrella. 

También se despidió con este filme otra enorme habitual de la saga: Lois Maxwell, que también tenía 58 años, que no había faltado a una sola aventura del agente británico de EON como Moneypenny y que sería sustituída por Caroline Bliss en "007: Alta tensión".

sábado, 23 de enero de 2021

OCTOPUSSY. ROGER MOORE ESTÁ YA COMPLETAMENTE AGOTADO COMO 007

OCTOPUSSY de John Glenn - 1983 - ("Octopussy")

"Octopussy" no repite, por suerte, el aberrante descalabro artístico de "Moonraker", pero tampoco repite, por desgracia, el buen hacer de la redención de los Broccoli, "Sólo para sus ojos". 

Es esta una película muy irregular que certifica, por fin, que Roger Moore no tiene ya nada que ofrecer como James Bond: no sólo queda algo ridículo como galán y héroe de acción (tiene ya, en el año del estreno del filme, 56 primaveras, y esto no sería un problema si su papel no se empeñase en hacerle parecer que tiene 35), sino que la fórmula empleada en esos momentos en la saga empieza a resultar cansina. 

Desde la apresurada marcha de George Lazenby tras la injustamente maltratada "007 Al Servicio Secreto de Su Majestad" el agente británico no ha hecho otra cosa que vivir aventuras divertidas y enamorarse una vez más tras el asesinato de su mujer (en "La Espía que me amó"). 

El personaje está estancado, sin desarrollarse, y sus gerifaltes, anclados en una fórmula de pleno éxito, no están en estos momentos y de ninguna manera por la labor de dotarle de más profundidad o seriedad. 

"Octopussy" resulta ser así una película entretenida, pero el conjunto comienza a verse extremadamente necesitado de un cambio urgente.

James Bond se enfrenta ahora a dos villanos: al general ruso renegado Orlov, que quiere provocar la Tercera Guerra Mundial, y a Kamal Khan, el rico criminal hindú que va a proporcionarle los medios para hacerlo. 

Albert R. Broccoli ideó la terrible "Moonraker" con la idea de aprovechar el tirón de "La Guerra de las Galáxias" de George Lucas. Pues bien, en "Octopussy" siguió la misma estrategia, que le dio por supuesto grandes beneficios. En esta ocasión, la influencia vino de nuevo de Lucas y también de Steven Spielberg: se fijó ahora en su héroe Indiana Jones, cuya primera cinta, "En busca del Arca Perdida", había arrasado en las salas en 1981. 

Por eso éste filme de James Bond, dirigido con solvencia por John Glen, que se afianza en la franquicia, vuelve a la pura aventura de "La espía que me amó" y de la mil veces mencionada "Moonraker", aunque conserva, como la primera, un ligero toque del espionaje clásico propio de la saga. 

Una trama de suspense algo deslavazada y con algunas lagunas de guión es la excusa para que James Bond corra mil peligros en la India, país exótico (curiosamente el mismo en el que se ambienta la segunda entrega de las aventuras de Indiana Jones, "Indiana Jones y el Templo Maldito") en el que conocerá a la mujer que da nombre al filme, interpretada por la bella Maud Adams (que por cierto también dio vida a la amante de Francisco Scaramanga en "El hombre de la pistola de oro"), jefa de una muy pulp y kitsch hermandad de mujeres luchadoras. 

Adams hace un correcto papel de chica Bond, pero su historia de pasión con Moore no cuaja: John Glen intenta mostrarlos como amantes atormentados por sus vidas de constantes muertes, pero no logra su objetivo porque diluye su romance demasiado y porque no termina de cerrarlo del todo para decantar la balanza a favor la mencionada aventura.

Los villanos del filme tampoco acaban de redondearse: el gran Louis Jourdan (sí, el de las maravillosas "Carta a una desconocida", "Madame Bovary", "La mujer pirata" o "Calle de la Estrapada"), que da vida a Kamal Khan, lo hace con solvencia, pero está desaprovechado por Glen y los Broccoli, que se limitan a colocarle como la contrapartida malévola de Moore (especialmente para que se vea con claridad que tiene ocho años más que él y que está más arrugado -aunque en realidad creo que se conservaba mejor-), mientras que Steven Berkoff como Orlov está bastante sobreactuado.

Sí ganan en cambio los aliados de Bond en esta ocasión: el contacto hindú Vijay es esencialmente simpático y Q, además de mostrar sus característicos inventos, tiene mucho más protagonismo que en otros filmes de la saga al seguir la investigación mano a mano con el anterior y con Bond. 

Ya respecto a las escenas de acción, hay que decir que son básicamente divertidas y muy espectaculares, aunque se alternan las verdaderamente excelentes (como las luchas contra el sicario cortacabezas de Khan, la persecución en el tren o el desenlace en el circo con Bond vestido de payaso) con otras, por suerte las menos, muy estúpidas y pasadas de rosca (es especialmente ridículo ver a 007 agarrado al exterior de un avión en pleno vuelo que da una vuelta sobre sí mismo sin que él siquiera se despeine).

"Octopussy" es una película esencialmente entretenida a pesar de sus irregularidades, aunque ya muestra cláramente una fórmula agotada. 

En un principio, iba a ser éste el último papel de Roger Moore como Bond, pero los Broccoli le convencieron para que se quedara a un filme más, que sería "Panorama para matar". 

"Octopussy" tuvo que competir en las taquillas con el remake de "Operación Trueno" de Kevin McClory y Jack Wittingham, "Nunca digas nunca jamás", que vino protagonizado de nuevo por Sean Connery. De ese filme rareza hablaré cuando termine la saga clásica oficial.

viernes, 22 de enero de 2021

SÓLO PARA SUS OJOS. UN NECESARIO Y DELICIOSO RETORNO A LA SOBRIEDAD

SÓLO PARA SUS OJOS de John Glenn - 1981 - ("For your eyes only")

Después de la (exitosísima y rentabilísima) aberración de "Moonraker", el clan de los Broccoli intentó redimirse de cara a los fans más veteranos de la saga de su producto estrella y también de cara a la crítica, ya que artísticamente la mencionada aventura espacial de James Bond fue sin ninguna duda la peor película de toda la franquicia de EON hasta entonces. 

La "redención" les salió por suerte muy bien y, así, la que le siguió, "Sólo para sus ojos", se erige como una de las mejores cintas de la etapa de Roger Moore como 007 y como un delicioso retorno a los orígenes del mito del agente británico. 

La pura aventura, en la que la franquicia ya se había asentado, es dejada a un lado para ofrecer una historia de espionaje en la que las escenas de acción desaforada no faltan (excelentes por cierto la lucha en la pista de hielo y la escalada final) pero en la que la atención principal no se la llevan los efectos especiales (muy reducidos para lo que fueron en "La espía que me amó" y sobre todo en la mencionada "Moonraker"), sino una excelente trama de suspense y de venganza con un villano que vuelve a ser de lujo. 

Este villano es Aristóteles Kristatos, un mafioso griego y conspirador nato que viene interpretado por el genial Julian Glover, un actor habitualmente secundario genial que, además, tiene un especial gancho para interpretar a villanos (fue el General Veers de "El Imperio contraataca" y sería el gran antagonista, años después, de "El Cuarto Protocolo" y de "Indiana Jones y la Última Cruzada").

La galería de personajes del filme es excelente en todos los sentidos: carismática y seria, viene encabezada por el mencionado Glover y por un Roger Moore que se muestra bastante discreto y que se aleja mucho de la comicidad de la que venía haciendo gala (aunque volvería a ella). 

Esta galería continúa deparando sorpresas con las chicas Bond de turno: la joven protegida de Kristatos (Lynn-Holly Johnson), Bibi, otorga mucha frescura e ingenuidad erótica a la trama, mientras que la famosa actriz francesa Carole Bouquet realiza un genial papel como mujer independiente, fuerte, valerosa y decidida a vengarse (ya definitivamente el machismo se alejaba de la saga –estaba ya empezada la década de los ochenta-). 

No queda todo aquí: el secundario masculino aliado de 007 es también de lujo; el gran Chaim Topol, con un consciente parecido en todos los aspectos a Anthony Quinn, borda a Milos Columbo "La Paloma", el rival de Kristatos que introduce la subtrama que presenta la doble venganza en la historia. 

Además, el habitualmente muy mediocre John Glenn (director sin personalidad ninguna) se estrena en la saga tras la marcha definitiva de Lewis Gilbert (y se consolida: rodaría las cuatro próximas películas del agente) y realiza, bajo las órdenes de los Broccoli (los verdaderos artífices de todo) una excelente labor equilibrando el suspense, la acción, el drama de la venganza y el humor y el romance (muy comedidos en líneas generales en este filme), además de ambientando a la perfección la obra en localizaciones exóticas mediterráneas.

Tampoco hay que dejar de mencionar el inolvidable prólogo de "Sólo para sus ojos": el mítico Blofeld, el destrozado y ya totalmente paranoico líder de la destruida organización terrorista SPECTRA, resulta haber sobrevivido a los hechos de "Diamantes para la eternidad" e intenta, por última vez y lisiado, acabar con Bond… Lo cual no logra, por supuesto, tras una trepidante escena de acción antes de la cual se recuerda también a Tracy Draco, la mujer de 007 que murió asesinada por el propio Blofled en la incomprendida y excelente "007 al Servicio Secreto de su Majestad". 

Todo un homenaje que redondea esta magnífica película que recupera la esencia del puro espionaje y de la trama negra clásica. 

Por desgracia, "Sólo para sus ojos" también dejó una gran pérdida: Bernard Lee, que había sido M hasta entonces, no pudo salir en el filme al morir, un año después del estreno de "Moonraker", de un cáncer estomacal. 

Como homenaje a su persona, ningún sustituto fue asignado para la película que nos ocupa, en la que se dice que M está de vacaciones. El nuevo M, ya aparecido en "Octopussy", sería Robert Brown, que realizaría un papel muy digno pero menos compenetrado con James Bond.

jueves, 21 de enero de 2021

MOONRAKER. 007 SE APUNTA A LA MODA DE STAR WARS EN SU PEOR PELÍCULA

MOONRAKER de Lewis Gilbert - 1979 - ("Moonraker")

En 1977, el mismo año en el que se estrenó "La espía que me amó", "La Guerra de las Galaxias" de George Lucas se erigió como uno de los más grandes mitos de la historia del cine e, inmediatamente, Lucas comenzó a preparar las dos siguientes entregas de su trilogía estrella: "El Imperio Contraataca" y "El Retorno del Jedi". 

Entonces, a Albert R. Broccoli, que ya estaba empezando a ser asistido en su trabajo por su hija, Barbara Broccoli, y por su hijastro, Michael G. Wilson (los que heredarían la dirección de la franquicia de EON a su muerte), se le ocurrió la disparatada idea de ambientar el nuevo filme de James Bond en el espacio para aprovechar el tirón de la saga galáctica del momento. 

El resultado fue artísticamente desastroso, aunque en taquilla funcionó más que nunca: en su época fue el filme de 007 más exitoso (increíble, pero cierto). Que horror.

"Moonraker", la aventura espacial del espía británico, es la peor película de la saga hasta la fecha de su estreno, una bazofia sólo comparable a porquerías supremas posteriores de la talla de "Muere otro día" (el otro gran bodrio de EON, que además supone la última aparición de Pierce Brosnan como Bond). 

El argumento de esta terrible película es un reciclado chapucero del de "La espía que me amó": ahora el villano de turno, Hugo Drax (un simplemente solvente Michael Lonsdale –hace bien su papel de megalómano pero no puede ir más allá porque el guión al que se enfrenta es terrible-) quiere crear una nueva sociedad perfecta no ya en el mar… Sino en el espacio. Por ello, piensa destruir la Tierra. 

El guión es precipitado, y, además, tosco, únicamente destinado a desarrollar continuos lucimientos para los efectos especiales, lo único bueno del filme (todo hay que decirlo: son geniales para su momento, y el escenario de la base espacial es verdaderamente espectacular). 

El resto es acción, acción y acción, pero acción absurda y desaforada de mala manera (saltos de James Bond sin paracaídas desde un avión para alcanzar a un enemigo en el aire y quitarle el suyo, persecuciones idiotas por aguas amazónicas y venecianas, peleas en funicular exageradísimas, combates espaciales vergonzosos con rayos láser, una lucha final tontísima y pésimamente explotada…), diálogos aburridos y a veces directamente estúpidos, escenas de pura vergüenza ajena (como el enamoramiento de Tiburón) y lagunas de guión increíbles (¿Cómo que ningún satélite puede ver la base espacial de Hugo Drax, el villano? ¿Cómo diablos escapan Tiburón y su amada de dicha base espacial cuando esta estalla?).

El suspense, si ya se había visto reducido en "La espía que me amó", película más aventurera pero muy destacada, en "Moonraker" ya ni existe, y para colmo, la aventura que propone, como pueden observar, es infantil hasta decir basta. 

Los personajes secundarios tampoco aportan nada e incluso empeoran el conjunto. Los secuaces de Michael Lonsdale son payasescos, en especial el asesino oriental Chang, luchador aburrido y sin papel. 

El aliado de turno de 007, el Coronel Scott (Michael Marshall), un marine norteamericano sin relieve ninguno, también resulta completamente olvidable. 

Mientras, el pobre Tiburón, que repite como villano secundario principal de la función, se enamora de una rubia con trenzas y gafas que le hace abandonar el camino del mal, por lo cual todo su mito de malvado letal queda tirado por los suelos de un plumazo (si por lo menos se pasase al bando de "los buenos" con razones convincentes…). De pena. 

Las chicas Bond, por otra parte, son completamente olvidables: Corinne Clery (famosísima por ser el gran mito erótico de la película de "Historia de O") es eliminada por Drax demasiado pronto, mientras que Lois Chiles pasa sin pena ni gloria. 

Para colmo de males, la película tiene un tono paródico que Lewis Gilbert, de nuevo director, inexplicablemente potencia en la que es su última colaboración en la franquicia. 

"Moonraker" es, junto a "Muere otro día", la peor película de toda la saga oficial del agente 007, un insulto a la inteligencia y un descenso de un personaje mítico a los abismos de la tontería más insufrible. 

Menos mal que el clan de Broccoli supo redimirse con la excelente "Sólo para sus ojos", aunque las posteriores dos cintas de Moore, las dos últimas también, a pesar de que no llegan al nivel de infamia de la que hoy comentamos, no lograron levantar ya el vuelo en calidad.

miércoles, 20 de enero de 2021

LA ESPÍA QUE ME AMÓ. LLEGA UN DRAMA SERIO A LA ETAPA DE ROGER MOORE

LA ESPÍA QUE ME AMÓ de Lewis Gilbert - 1977 - ("The spy who loved me")

Con "La espía que me amó" se produce una baja importante entre los productores de la saga de James Bond: Harry Saltzman se retira de la franquicia (para dedicarse, entre otras cosas, a otros negocios y al teatro, una de sus grandes pasiones), lo cual deja a Albert R. Broccoly como único encargado de ella. 

"La espía que me amó" es otra de las mejores películas de Roger Moore como 007 y la que, desgraciadamente, marca el punto en el que todo empieza a decaer artísticamente. 

Tras ella llegaría la peor película de James Bond de la década de los setenta, "Moonraker", tras la que la saga alzaría el vuelo con la excelente "Sólo para sus ojos" para volver a caer con las flojas "Octopussy" y "Panorama para matar", que ya jubilaría a un Moore bastante agotado que sería sustituido por Timothy Dalton. 

"La espía que me amó" supone el reencuentro de 007 con el mundo de la acción acuática que ya visitó en la cansina "Operación Trueno", cansina precisamente por el lastre de sus escenas bajo el agua, que en este nuevo filme ya se muestran dinámicas, divertidas e imaginativas (en el mencionado "Operación Trueno" eran lentas, aburridas y, además, largas, muy largas).

Esto es en parte gracias a los grandes inventos que Q tiene listos para la ocasión (como la moto acuática o el Lotus submarino –verdaderamente delirante-) y que el malvado de turno, Stromberg, también usa (como su enorme base submarina, con aspecto de pulpo y ecos de las novelas de Julio Verne), inventos que permiten lucirse como nunca a los efectos especiales.

James Bond se enfrenta a un nuevo villano tremendamente pulp que quiere destruir el mundo (se vuelve a la fórmula Blofeld y SPECTRA) sumergiéndolo en los mares para crear una nueva sociedad perfecta subacuática alejada de la decadencia de las grandes potencias de la tierra firme. 

Este villano, interpretado por el alemán Curd Jürgens (al parecer en un primer momento barajado como hermano de Goldfinger), si bien es el primero de la saga en mostrarse algo falto de carisma en general (es un megalómano bastante plano y tópico), cumple con su cometido y aporta una presencia destacada, presencia que sin embargo (y tal vez por esto se vea falto de carisma) es completamente aplastada por los dos grandes secundarios de éste filme, los mejores vistos en la saga desde hace mucho tiempo. 

Una es la chica Bond Anya Amasova, agente del KGB rival de Bond, y el otro es el mitiquísimo villano secundario conocido como Tiburón. 

La primera, interpretada maravillosamente por Barbara Bach (mujer del batería de los Beatles, Ringo Starr), aporta una de las mejores relaciones de 007 tras la mantenida con su esposa asesinada en "007 al Servicio Secreto de Su Majestad" (relación que es mencionada en este filme con tristeza).

Se desarrolla aquí la segunda historia "de amor" del agente británico, historia que por desgracia no va más allá de este filme (Anya Amasova no volverá a aparecer en la saga, lo cual a muchos fans no les gustó nada -es, como Felix Leiter, otro personaje tremenda e inexplicablemente desperdiciado por EON-). 

Este es el principal aliciente de "La espía que me amó", casi la única película de la etapa Roger Moore que profundiza en el personaje más allá de su clásico ligue de siempre, mientras que también ayuda a redondear el resultado final el hecho de que, por fin, existe un personaje femenino plenamente antimachista en la saga, una espía competente, dura y brutal por momentos que sabe valerse por sí misma.

Por otra parte, el otro gran secundario es Tiburón, el asesino de la mandíbula de acero (más pulp imposible) que hizo famoso al enorme Richard Kiel y que volvería a aparecer en la horrenda "Moonraker", en la que se redimiría de su vida de muertes. 

Tiburón, perseguidor incansable de 007, se transformó tras este filme en otro de los villanos clave de la saga junto a Dr. No, Goldfinger, Blofeld o Scaramanga. Tal vez por eso el principal de este filme, Stromberg, se vea tan desplazado. 

Hay que señalar además que también hace acto de presencia por vez primera en "La espía que me amó" el también carismático General Gogol, un militar ruso al que siempre dio vida Walter Gotell y que, siendo el jefe de Anya, aparecería hasta "007: Alta tensión" como personaje poderoso y ambiguo que, si bien no simpatizaba con los villanos de turno de los filmes, tenía a menudo intereses ocultos contrarios a los de los británicos (la saga se mete ligeramente en política, pero lo hace sin decantarse del todo por un bando u otro –por lo menos hasta la mencionada y bastante irregular "007: Alta tensión", la única cinta de la franquicia claramente anti-soviética-).

Respecto a los demás méritos de "La espía que me amó", hay que decir que está dirigida con gran pulso y nervio por Lewis Gilbert, que vuelve a la franquicia tras la también excelente "Sólo se vive dos veces", y que tiene escenas de acción memorables como las submarinas, las luchas contra Tiburón (un verdadero destructor de escenarios), las persecuciones de coches o la huida en el último momento de la base de Stromberg. 

Además, la historia de amor entre espías es el verdadero aliciente de un filme que, más que de espionaje, valga la redundancia, es ya de aventuras, como serían casi todos los posteriores de Moore exceptuando a "Sólo para sus ojos".

martes, 19 de enero de 2021

EL HOMBRE DE LA PISTOLA DE ORO. ACCIÓN, HUMOR, DIVERSIÓN PULP Y... CHRISTOPHER LEE

EL HOMBRE DE LA PISTOLA DE ORO de Guy Hamilton - 1974 - ("The man with the golden gun")

La segunda película de la etapa de Roger Moore como James Bond es, desde mi punto de vista, la mejor de toda esta etapa junto a la anterior, "Vive y deja morir", y junto a las siguientes "La espía que me amó" y "Sólo para sus ojos". 

"El hombre de la pistola de oro" asienta ya en todas sus consecuencias al 007 más cómico y delirante en un espectáculo de acción que ya empieza a tener sus desafortunadas ridiculeces (aquí, por ejemplo, verán al coche del héroe volteándose en el aire y volviendo a caer sin un rasguño) pero que, todavía por lo menos, se presenta bajo un guión medianamente serio. 

James Bond se enfrenta ahora a Francisco Scaramanga, el que es otro de los villanos más famosos y míticos de la saga junto al Dr. No, Goldfinger o Blofeld gracias a la magistral interpretación de un Christopher Lee en total estado de gracia, un Christopher Lee lúcido, divertido y a la vez frío y calculador (y aficionado a los duelos de armas) que borda al criminal de tres pezones que además vive en una isla apartada muy pulp con un enano llamado Nick Nack como secuaz y mayordomo (el famoso Hervé Villechaize, ese actor francés que imitaba hace tantos años al presidente español Felipe González en el programa de Javier Gurruchaga). 

Ya hablando de otros personajes, hay que decir que el secundario aliado del agente británico resulta muy carismático o, por lo menos, resultón: Soon Taik-Ho da vida al lugarteniente Hip, una suerte de "Tigre" Tanaka (de "Sólo se vive vos veces") más simpático, cachondo y alegre, mientras que repite papel, con solvencia, Clifton James, el policía paleto de la Norteamérica profunda del anterior filme.

La película, una vez más dirigida por Guy Hamilton (que tras ella ya abandonó la franquicia) contiene momentos dramáticos memorables (el potente prólogo o el duelo final contra Scaramanga), otros ridículos (como el mencionado del coche o el epílogo con Nick Nack haciendo la gracieta insultante de enano tópica de turno -aunque por suerte son los menos-) y otros de humor bastante conseguido (especialmente desternillante es el combate de artes marciales de Bond ayudado por las niñas karatekas –si en "Vive y deja morir" se homenajeaba al blaxploitation, aquí se hace lo propio con el cine de artes marciales de Hong Kong-). 

Hamilton se despide realizando otro notable trabajo equilibrando la acción frenética, el espionaje, el romance y el mencionado humor (aunque está claro que su obra definitiva para la franquicia fue la primera, la perfecta "James Bond contra Goldfinger").

Ya en la parte claramente negativa del filme se vuelve a encontrar, una vez más, una chica Bond: la interpretada por Maud Adams posee un papel, aunque corto, relevante y destacado, pero la principal aliada femenina de 007 en este caso no cumple. 


La guapísima y exuberante Britt Ekland da vida Mary Goodnight, la enlace del servicio secreto británico en Bangkok, una espía verdaderamente tonta e inútil que, en vez de ayudar al protagonista (salvo en la cama), lo entorpece, lo que deja claro que el machismo galopante vuelve una vez más a la saga (insultante es el momento en el que la chica pulsa, sin darse cuenta, el botón que no tenía que pulsar… con el culo). 

Dejando a un lado este hecho, al que por otra parte ya los espectadores están acostumbradísimos, "El hombre de la pistola de oro" es una de las mejores obras de la franquicia estrella de EON en su etapa junto a Roger Moore.

lunes, 18 de enero de 2021

VIVE Y DEJA MORIR. LLEGA ROGER MOORE Y CON ÉL SE AFIANZA EL CACHONDEO

VIVE Y DEJA MORIR de Guy Hamilton - 1973 - ("Live and let die")

Tras la marcha ya sí definitiva de Sean Connery de la franquicia oficial de James Bond (recordemos que a pesar de todo volvería a ser el agente 007 en el remake no oficial de "Operación Trueno" de 1983, "Nunca digas nunca jamás"), el papel recae de manera definitiva en el actor que más filmes ha protagonizado hasta la fecha de la saga: Roger Moore. 

Con él, comienzan unos cambios que se prolongarían hasta la llegada de Timothy Dalton (el Bond más serio junto al actual, el de Daniel Craig). 

Su 007 sería el 007 más desenfadado de todos, el más humorístico, un 007 mucho menos solemne que los de Connery y Lazenby pero que, por suerte, mantuvo la esencia de éstos, su cinismo (aunque ahora más cachondo), su pasión por los ligues a todas horas, su sibaritismo con la comida y la bebida y su gusto por la exquisitez en la ropa y los modales. 

Se trataba en realidad del mismo personaje, pero más abierto a todo tipo de público, que era lo que ya se pretendía desde la irregular "Diamantes para la eternidad". 

Esto tuvo un punto fuerte y, también, un punto débil. El fuerte: para los amantes del cine de acción, muchas películas del James Bond de Roger Moore fueron y son una delicia de delirio desaforado y de efectos especiales. 

El débil: el agente 007 se estanca en su desarrollo; sigue sin dar muestras de ira o desolación por el asesinato de su esposa (en algunos filmes como "La espía que me amó" o "Sólo para sus ojos" se mencionaría de pasada), no se profundiza prácticamente nada en su figura o en su pasado y termina resultando un simple aventurero plano, que era precisamente lo que en la injustamente maltratada "007 al Servicio Secreto de Su Majestad" dejó de ser en las manos del por desgracia muy efímero George Lazenby. 

Para gustos colores: la etapa de Roger Moore como James Bond tiene tantos detractores como fieles. Yo pienso que como sano divertimento sus películas cumplen con su función, aunque echo muchísimo de menos un 007 más acorde con el clásico, el más parecido al de las novelas de Ian Fleming. 

Por otra parte, hay que decir que, si bien esta etapa cuenta con películas excelentes ("Vive y deja morir", "El hombre de la pistola de oro", "La espía que me amó", "Sólo para sus ojos"), la fórmula de Moore, al estancarse, termina resultando cansina: muchas películas (siete) y casi todas cortadas por el mismo patrón hacen que se reciba con alegría la llegada de Timothy Dalton a la saga (que únicamente protagonizaría dos filmes, uno irregular y otro verdaderamente bueno).

"Vive y deja morir" es la primera incursión de Roger Moore en el papel por el que sería más recordado. Las constantes que tendrán este conjunto de películas de la saga se afianzan tras la transición de "Diamantes para la eternidad": un Bond más humorístico vive aventuras más directamente cachondas en las que los efectos especiales tienen mucho más protagonismo (todavía más). 

Hay un cambio importante además: la organización criminal SPECTRA y su jefe Blofled ya han sido destruidos, y ahora cada nuevo villano será completamente independiente del otro (Blofeld en realidad sobrevive a "Diamantes para la eternidad", e intenta vengarse sin éxito de Bond en el divertidísimo prólogo de "Sólo para sus ojos", aunque su aparición ya no pasará de aquí). 

"Vive y deja morir" es, dentro de su fórmula, una de las mejores películas protagonizadas por Moore. El guión es inteligente (con muchos homenajes al género negro y con momentos geniales, como los del "entierro asesino"), el villano de turno es muy carismático (un magnífico Yaphet Kotto, criminal que practica el vudú y que homenajea –tal vez para ganar público- al blaxploitation), la chica Bond aporta a la trama su relación con dicho villano (Jane Seymour, la futura Doctora Quinn, hace además un gran papel), las escenas de acción son divertidas y espectaculares (la persecución en lancha es genial), hay un secundario cómico que no resulta especialmente plasta (Clifton James, un sheriff americano patoso y payaso que volvería a aparecer en la siguiente película, "El hombre de la pistola de oro") y Guy Hamilton, que de nuevo está tras las cámaras, dirige con pulso y agilidad. 

En el lado negativo, hay que mencionar una vez más que el personaje de Felix Leiter, de nuevo aliado de Bond (y ahora interpretado por David Hedison), no está todo lo aprovechado que debería estarlo.

Esto nunca gustó a los fans de las novelas (en las que era un secundario muy importante), pero mucho menos gustó que, tras este filme que comentamos, desapareciese de la saga hasta la llegada del Bond de Timothy Dalton con "007: Alta tensión" (seis películas y trece años sin saberse nada de él). 

"Vive y deja morir" es una excelente cinta de aventuras a pesar de los cambios experimentados en el Bond de Moore. Muy recomendable como el espectáculo digno que pretende ser.