RESIDENT EVIL de Zach Gregger - 2026 - ("Resident Evil")
Normalmente, suelo comentar las franquicias en orden en este blog, que para esto está también un blog, pienso, para tenerlo todo ordenadito. No obstante, aquí voy a saltarme la norma, con esta nueva versión de "Resident Evil" de Zach Gregger, que ha despuntado hace poco en la fama con "Barbarian" y "Weapons" (ambas comentadas también aquí, en esta etiqueta).
Las anteriores sagas de la franquicia en el cine, la de 2002 a 2017, el reinicio de 2021 y la serie cancelada de 2022, me parecen absolutamente horrendas. No salvo siquiera a la primera, la de Paul W.S. Anderson. Y este filme, aunque no es "Resident Evil" exactamente, y aunque su final me parece que se desinfla a lo bestia, es la mejor de todas con diferencia.
El "Resident Evil" de Zach Gregger no es "Resident Evil", sí. O sea, sí lo es, porque es otro reinicio de su mundo y porque comparte trama básica, criaturas y reglas con dicho mundo. También le hace homenajes. No obstante, más allá de esto todo da bastante igual y no sigue al videojuego: se podía haber llamado "Virus mortal" y habría funcionado igual.
Gregger toma dicho videojuego como excusa para elaborar una "película parque de atracciones" en la que un sufrido Austin Abrams se mete en un lío monstruoso en Racoon City y, plenamente identificado con el espectador o la espectadora, pasa por un montón de peligros y penurias.
Es lo que es el filme y es lo que se busca desde el minuto primero. No se esperen una conexión enorme con el videojuego, como he dicho, ni una trama retorcida sobre conspiraciones, ni muchos personajes buscando la manera de salvar la ciudad ni nada de eso. Esto es un "survival horror" cinematográfico y una sucesión de escenas de terror y acción y fin. Y por eso resulta tan fresco, aunque se aproveche de una marca de forma un tanto descarada a pesar del cariño que le pone también.
"Resident Evil" de Zach Gregger empieza de una forma genial y acaba de una forma no tan genial. El inicio da muy mal rollo: la ambientación está de diez, la extrañeza está de diez, los seres asquerosos están de diez y la intriga está de diez. Le funciona además un humor negro que nunca resulta extraño.
A partir de aquí, todo es frenetismo, sangre, vísceras, cachondeo y monstruos cada vez más feos y terroríficos. Y algún homenaje, también. El problema viene en la recta final de la película y en el propio final: cuando todo está terminando se vuelve la cosa más exagerada, se pierde el elemento más de horror y, especialmente, desemboca la trama, ya de por sí mínima, en un desenlace tópico que es un puro lugar común andante y que es cien por cien predecible.
Esa conclusión para el filme, propia de películas de terror del cutre, no echa por tierra un cuerpo muy divertido y efectivo, pero sí desinfla el conjunto bastante, porque lo mediocriza todo y da hasta la impresión de ser una huida hacia adelante ante la imposibilidad de encontrar un cierre mejor que el de siempre de ochocientas películas iguales. Una pena.





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