martes, 2 de junio de 2020

LA CIUDAD DE LOS NIÑOS PERDIDOS. JEUNET Y CARO VUELVEN A LA CARGA


LA CIUDAD DE LOS NIÑOS PERDIDOS de Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro - 1995 - ("La cité des enfants perdus")

Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro repitieron, tras el éxito de la espléndida "Delicatessen", película conjunta en "La ciudad de los niños perdidos", una nueva propuesta de cine fantástico de aire fieramente francés en la que el reto escenográfico que logran completar es, sencillamente, sublime.

Todavía hoy, tantos años después de su estreno, logra seducir su ambientación y sus escenarios de bases artesanales en lo que a efectos especiales se refiere siguen sorprendiendo por su originalidad, profundidad y "realismo".


El expresionismo, el barroquismo, el colosalismo, el vodevil, el steampunk, cierto futurismo y el toque de cómic se dan la mano con lo gótico y lo romántico para levantar una ciudad ficticia inolvidable de calles oscuras y sucias y rincones mágicos en la que transcurre un precioso cuento de hadas en el que el romance, la aventura y el humor se mezclan sin fisuras.

Un excelente y entrañable Ron Perlman da vida a un forzudo con un corazón de oro que, junto a una rebelde niña de la calle (excelente la jovencísima Judith Vittet) se enfrenta, para salvar a su hermanito y a otros cuantos niños, a un doctor que los ha raptado para robarles sus sueños.


"La ciudad de los niños perdidos" es "Delicatessen" multiplicada por cien en lo que fantasía desquiciada se refiere: hay una nueva secta (esta vez ciegos con ojos mecánicos), el villano y sus secuaces son todavía más esperpénticos que los de aquella (excelentes Daniel Emilfork y el habitual de los dos directores Dominique Pinon -éste en un papel múltiple-), la galería de freaks que pueblan la cinta es aún más delirante (unas siamesas malévolas, un maestro de pulgas asesinas, un buzo con Síndrome de Diógenes, unos clones bastante locos, un cerebro con vida propia...), los efectos especiales son más imaginativos y aún más desaforados y los escenarios son, como he comentado, todavía más sorprendentes. 

El toque de la trama es el mismo: lo cruel y lo entrañable se funden en una historia tan tenebrosa como finalmente feliz, y el humor negro vuelve con fuerza junto a escenas de acción cargadas de cabriolas circenses imaginativas. 


Sí que se le puede achacar a la película (y en esto coinciden muchos conmigo) una cierta lentitud en su desarrollo, a veces además ligeramente caótico y marcado por escenas o acciones de personajes algo precipitadas, forzadas o no bien desplegadas (el desenlace es algo brusco). 

Sin embargo, pienso que este hecho no logra lastrar una película original y con una notable capacidad para enternecer. 

E insisto: sus escenarios son una auténtica gozada, desde los de la ciudad y sus muelles hasta los de los fondos marinos y la plataforma petrolífera; un placer visual absoluto que nadie debería perderse.


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