lunes, 24 de agosto de 2026

DELICIAS TURCAS. LA IMPACTANTE HISTORIA DE AMOR ROTO POR LA BURGUESÍA DE VERHOEVEN

DELICIAS TURCAS de Paul Verhoeven - 1973 - ("Paul Verhoeven")

"Delicias turcas", la segunda película de Paul Verhoeven, ya es una muestra plena y radical de lo que su cine va a ofrecer a partir de este momento. Nos vamos de la comedia dramática de "Delicias holandesas" al drama total. 

Eso sí, volvemos a la Amsterdam loca y alternativa de aquella película, un lugar que en los años setenta se ha convertido en una gran ciudad de libertad donde, sin embargo, laten todavía rastros oscurantistas de un pasado beato y burgués que se resiste a ser absorbido por la modernidad.

Rutger Hauer, en su primera colaboración de muchas con Verhoeven (en todas las películas de su primera etapa hasta "Los señores del acero" aparecería o sería el protagonista a partir de aquí), es un artista bohemio, radical, impulsivo y apasionado (y también violento) que vive una historia de amor con Monique van de Ven (también presente en las primeras películas del director). Ambos están impresionantes: ambos llevan la película con su sola presencia.

La historia de amor mencionada, inicialmente delirante, animal y tierna a la vez, va a ser, sin embargo, pasto de los intentos de la burguesía más acomodada y rancia de Amsterdam de torpedearla (en especial, la madre de ella, que pertenece a este grupo social y que tiene por bandera su moral y su hipocresía, es la villana absoluta de la función en este sentido).

Paul Verhoeven nos lleva por un periplo de amor, crisis y desamor lleno de escenas para el recuerdo totalmente visceral, frenético y enloquecido y, también, desolador: es un tema muy de los setenta y de las décadas anteriores y posteriores. El artista bohemio y la pija enamorados en medio de una sociedad cambiante y convulsa.

Los dos protagonistas están llenos de profundidad y de carisma, los secundarios son memorables, los diálogos inteligentes, el humor irónico, cínico y a veces negro, y el drama duele de verdad y te golpea sin piedad.

Además del retrato de una sociedad como he dicho profundamente hipócrita, existe no obstante el de toda relación que empieza muy bien y que, además de por la intromisión del mentado elemento social externo, comienza también a caer en la rutina y en lo rastrero por las vilezas cotidianas de los dos amantes (él es encima es violento, pero ella tampoco es un ser de luz: no hay maniqueísmo en Verhoeven y los dos amantes son capaces de lo mejor y de lo peor).

El director holandés no juzga: simplemente expone. Y expone puro amor pero pura incomodidad, puro arte y puro impacto. "Delicias turcas" es su primera joya, su primera obra que ya despunta. Empezaba, ya sí, una carrera estelar en el cine contestatario que nunca ha abandonado este creador.

No hay comentarios:

Publicar un comentario