MORTAL KOMBAT de Paul W.S. Anderson - 1995 - ("Mortal Kombat")
En los años noventa llegaron las primeras adaptaciones de videojuegos al cine y todas fueron cuando no malas directamente horrendas. "Super Mario Bros", "Double Dragon", la mítica por terrible y comedia involuntaria "Street Fighter: La última batalla", "Wing Commander" y la que hoy comentamos, "Mortal Kombat", y su despreciable secuela, que comentaremos mañana.
Por suerte, el percal ha ido mejorando y ya hay películas de este tipo que han sido buenas, pero en aquella década el despropósito era constante y se creó hasta el mito, que perduró casi hasta finales de la de los 2000, de que era imposible hacer una película digna de este tipo.
"Mortal Kombat" fue la segunda cinta de Paul W.S. Anderson tras "Shopping" y fue un horror que inauguraba el periplo que este director iba a tener adaptando videojuegos: en la siguiente década se cargaría por completo a la saga de "Resident Evil" al llevarla al cine.
"Mortal Kombat" tiene un aura kitsch y camp a la que se la ve con cierto cariño y, también, actores y actrices que se parecían físicamente a sus personajes (salvo Cary-Hiroyuki Tagawa y Christopher Lambert, que tienen su carisma pero que no tienen nada que ver con Shang Tsung y Raiden). Y paren de contar. El resto fue absolutamente terrible.
Sé que adaptar un videojuego de lucha no es fácil, pero hacerlo bien tampoco es imposible. Ahí estuvo, también en los noventa, la película animada "Street Fighter II: La película" de Gisaburo Sugii, que esa sí fue una absoluta maravilla y la honrosísima excepción que confirmó la regla.
Paul W.S. Anderson toma el videojuego y se dedica a colocar combates entre sus luchadores puestos de cualquier manera en un torneo sin reglas claras en los que van muriendo los que pierden a veces y a veces, por la cara, no. Montones de estos luchadores que son importantes en el videojuego tienen apenas una aparición que no sirve para nada y ya. Es muy decepcionante. Pero peor es el resto del guión.
Los giros son improvisados y cutres, los protagonistas tienen desarrollo nulo y muchos están sobreactuados y son hasta ridículos (Johnny Cage es insoportable), los diálogos dan pena (y el humor es vergonzante) y hasta los combates, a ritmo de la música tecno que estaba tan de moda en la época, son descafeinados.
Unimos a todo esto unos efectos especiales solamente regulares ya en su año, una eliminación casi total de la violencia sangrienta del videojuego para que el filme abarque más público y un final que es un despropósito de risa y tenemos otro típico bodrio videojueguil de la década. La segunda parte, que toca mañana, fue todavía peor. Abróchense los cinturones.

















