LA CENICIENTA de Clyde Geronimi, Hamilton Luske y Wilfred Jackson - 1950 - ("Cinderella")
Con "La Cenicienta" el estudio de Walt Disney sale a principios de los años cincuenta de su crisis de la época de las películas propagandísticas y las "películas-paquete" para entregar una de sus más grandes obras y para reponerse de aquellos mencionados filmes de segunda fila.
El esquema vuelve a ser el mismo de sus inicios: adaptar un cuento clásico en el que prima la victoria del bien sobre el mal y del amor verdadero sobre el amor de conveniencia pero en el que también la ideología del Sueño Americano está bien presente y remarcada.
No olvidemos que Cenicienta, a pesar de ser siempre humilde y bondadosa, pasa de la pobreza a la riqueza más delirante, al estatus social más alto posible -ser princesa- y por supuesto a darle hijos a su suegro, un rey que lo único que quiere es tener muchos nietos y que de una vez su hijo siente la cabeza antes de que se le pase el arroz.
Mensajes como estos aparte, la película, animada maravillosamente (se rodó un 90% de imagen real antes de comenzar con los dibujos), con unos escenarios esplendorosos y con una banda sonora que ha quedado para los anales, es un encanto en todos los aspectos y su trama condensa en apenas 72 minutos momentos míticos de romance, humor, musical e incluso aventura protagonizada por los animales del filme (por supuesto, y esto sí es muy positivo, Cenicienta es amiga de estos animales y los trata con la dignidad que se merecen: Walt Disney siempre incluía estos mensajes en sus filmes).
La galería de personajes es sencillamente inolvidable: a la Cenicienta, encantadora y nada cargante para ser un caracter ciertamente de corte "ñoño", hay que añadir unos ratones que ponen la nota de comedia sin tampoco resultar pesados y reiterativos, un Hada Madrina divertidísima que se convirtió en un icono cultural de forma instantánea, unas hermanastras convenientemente irritantes y una madrastra que se erige como una de las mejores villanas de la historia de Disney: fría, calculadora y sobre todo hipócrita, muy hipócrita.
Machista y clasista por una parte pero con mensajes que pregonan la bondad y la humildad y la igualdad de los humanos y los animales por la otra, "La Cenicienta", con toda esa ambigüedad ideológica, es una maravilla indiscutible y magistral del cine de animación.
El esquema vuelve a ser el mismo de sus inicios: adaptar un cuento clásico en el que prima la victoria del bien sobre el mal y del amor verdadero sobre el amor de conveniencia pero en el que también la ideología del Sueño Americano está bien presente y remarcada.
No olvidemos que Cenicienta, a pesar de ser siempre humilde y bondadosa, pasa de la pobreza a la riqueza más delirante, al estatus social más alto posible -ser princesa- y por supuesto a darle hijos a su suegro, un rey que lo único que quiere es tener muchos nietos y que de una vez su hijo siente la cabeza antes de que se le pase el arroz.
Mensajes como estos aparte, la película, animada maravillosamente (se rodó un 90% de imagen real antes de comenzar con los dibujos), con unos escenarios esplendorosos y con una banda sonora que ha quedado para los anales, es un encanto en todos los aspectos y su trama condensa en apenas 72 minutos momentos míticos de romance, humor, musical e incluso aventura protagonizada por los animales del filme (por supuesto, y esto sí es muy positivo, Cenicienta es amiga de estos animales y los trata con la dignidad que se merecen: Walt Disney siempre incluía estos mensajes en sus filmes).
La galería de personajes es sencillamente inolvidable: a la Cenicienta, encantadora y nada cargante para ser un caracter ciertamente de corte "ñoño", hay que añadir unos ratones que ponen la nota de comedia sin tampoco resultar pesados y reiterativos, un Hada Madrina divertidísima que se convirtió en un icono cultural de forma instantánea, unas hermanastras convenientemente irritantes y una madrastra que se erige como una de las mejores villanas de la historia de Disney: fría, calculadora y sobre todo hipócrita, muy hipócrita.
Machista y clasista por una parte pero con mensajes que pregonan la bondad y la humildad y la igualdad de los humanos y los animales por la otra, "La Cenicienta", con toda esa ambigüedad ideológica, es una maravilla indiscutible y magistral del cine de animación.




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